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Jessica Rodríguez, ex pareja de José Luis Ábalos, declara como testigo en el Supremo

Jessica Rodríguez, ex pareja de José Luis Ábalos, declara como testigo en el SupremoEl Debate

Juicio al caso mascarillas

Las defensas fracasan en su intento por desmontar la malversación de Ábalos y Koldo cercando a Jéssica

El tono incisivo de los abogados de Koldo García Izaguirre y, en especial, de José Luis Ábalos, quien fuera su expareja, buscaba un desliz de la joven con el que dispersar las acusaciones sobre su contratación irregular en Ineco y Tragsatec

El juicio por la trama de las mascarillas arrancó este martes en el Tribunal Supremo con una primera jornada maratoniana que dejó en evidencia las fisuras en las defensas del ex ministro de Transportes José Luis Ábalos y del que fuera su asesor Koldo García Izaguirre. Sin embargo y frente a los tres nombres propios de la causa, los procesados, la protagonista indiscutible de la sesión vespertina fue Jéssica Rodríguez, ex pareja del que fuera segundo de Pedro Sánchez en Ferraz, cuya declaración durante más de dos horas descolocó en varias ocasiones a los acusados y puso sobre la mesa las contradicciones de su estrategia comunicativa y procesal.

No en vano, el 'divorcio' carcelario entre Koldo y Ábalos que, no obstante, intercambiaron confidencias a lo largo de la sesión del juicio, ha debilitado el frente común con el que arrancaba la fase de instrucción. Y, pese a ello, ambos optaron por una línea de interrogatorio a Jessica que osciló, a partes iguales, entre la presión incisiva y el intento de desacreditar a la testigo, en lo relativo a la malversación de caudales que se les atribuye a los dos acusados, como resultado del 'enchufe' de la joven en dos empresas públicas, Ineco y Tragsatec, de las que percibió un sueldo público sin haber ido a trabajar.

El tono tanto de Marino Turiel, letrado de Ábalos, como de Leticia de la Hoz, abogada de Koldo García, que dirigieron el grueso de las preguntas a Jéssica, fue un ejercicio impasible de preguntas con las que buscaban erosionar su credibilidad y llevarla a contradicciones. Algo que acabó generando cierto estupor, incluso, entre los propios magistrados del tribunal. El murmullo en la Sala de Vistas fue generalizado cuando Turiel preguntó a la ex amante del ex ministro si «ejerce la prostitución». Un término grueso que provocó, incluso, la protesta del abogado de las acusaciones populares, Alberto Durán, en representación letrada del PP.

Si bien el foco se puso, en el arranque, sobre la naturaleza de la relación sentimental entre Jéssica y el exministro Ábalos, para lo que Turiel preguntó por el inicio de la relación en 2018, por los viajes compartidos, comidas y cenas -y por el famoso piso en Plaza de España cuyo alquiler sufragaba presuntamente la trama, a través del empresario Alberto Escolano, empleado de Víctor de Aldama- las cuestiones fueron subiendo de tono hasta dejar en entredicho que las ausencias laborales de la joven eran una cuestión elegida, al tener otra actividad profesional que le proporcionaba ingresos adicionales, y no porque recibiese indicaciones de nadie.

Por su parte, Jéssica reconoció que Ábalos le había insistido en dejar de compartir vivienda con amigas y buscar un apartamento para ellos solos, dado que su posición en el Ministerio y la posible reacción de la entonces esposa oficial, Carolina Perles, le impedían divorciarse. «Todo lo costeaba él», afirmó la testigo, quien admitió que nunca vio al exministro pagar en efectivo pero daba por hecho que era él quien cubría los gastos aunque las cantidades las adelantasen otros miembros de la trama que ella «desconocía».

Así las cosas, la declaración de la joven avanzó hacia el núcleo duro de la acusación: Jéssica accedió a dos puestos laborales encadenados, «para los que estaba cualificada de sobra», en los que reconoció sin ambages haber cobrado durante más de dos años sin acudir, ni un solo día, ni desempeñar tarea alguna, ni siquiera a distancia.

La ex amante de Ábalos era consciente de que su contratación respondía a la influencia del ministro, a quien envió el CV, y que éste era consciente de sus ausencias. De hecho, la testigo describió en todo momento su papel como «asistente» del hermano de Koldo, Joseba, quien la «tutelaba», en sendos puestos; pero, insistió en que todos estaban al tanto de que la realidad era otra: una nómina sin contraprestación laboral alguna. Esa misma mañana, Joseba había declarado haber visto al menos en dos ocasiones a Jéssica con Víctor de Aldama, principal comisionista de la trama, que le entregó 400 euros. Una afirmación opuesta a lo manifestado por la testigo que insistió una y otra vez en que no conocía de nada al empresario, ni a nadie de su círculo.

«¿Usted es una captación de Aldama?»

Fue entonces cuando el tono del interrogatorio de la defensa de Ábalos dio el brusco y polémico giro, con una batería de preguntas directas y de alto voltaje: «¿Usted es una captación que propicia Aldama para Ábalos?. ¿Es cierto que usted se dedica a la prostitución?». La Sala quedó sumida en un silencio tenso únicamente roto por la voz del letrado del Partido Popular que, sentado al lado del fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, protestó de inmediato por la improcedencia del asunto.

Sin embargo, el presidente del tribunal, el magistrado Andrés Martínez Arrieta, permitió reformularla: «¿Su profesión tiene que ver con una contraprestación económica a cambio de sexo?». Jéssica respondió con contundencia y cierta indignación: «No, soy dentista y estoy colegiada». Añadió que en el pasado había trabajado como «azafata de imagen» y que estudiaba odontología durante la relación. La negativa fue rotunda, pero la pregunta quedó flotando en el ambiente en un intento evidente por desacreditarla y sugerir que Aldama la habría utilizado como «gancho» para acercarse al exministro, rompiendo así la coartada sentimental que Ábalos había mantenido hasta la fecha.

El interrogatorio continuó con otros detalles menores, como la matrícula universitaria de Jéssica. A lo que la testigo insistió en que nunca solicitó pagos directos a Ábalos y que la relación se rompió, precisamente, porque él le confesó que no se divorciaría mientras fuera ministro. Cada respuesta de la joven parecía reforzar todavía más las evidencias de la acusación sobre los favores irregulares prestados por el ex ministro y su ex asesor a empresas, desde el Departamento de Transportes, y el desconocimiento deliberado de los orígenes del dinero con el que ambos sufragaban gastos de lo más procaces.

La defensa de Koldo García, a través de Leticia de la Hoz, adoptó un tono más técnico y menos explosivo, pero igualmente incisivo. Sus preguntas se centraron en los contactos de Jéssica con el entorno de Koldo, en especial con su hermano Joseba, y en si alguna vez había comentado que no acudía al trabajo. La letrada buscaba generar contradicciones con otros testimonios de la jornada, como el del propio Joseba García, quien había afirmado que Jéssica le enviaba mensajes diciendo que estaba «hasta la bandera» de carga laboral.

De la Hoz también exploró los movimientos económicos y el supuesto desconocimiento de la testigo sobre los contratos de mascarillas, intentando desvincular a su cliente de cualquier influencia en los 'enchufes' que la llevaron a colocarse en Ineco y Tragsatec, con un sueldo mensual garantizado, sin ir a trabajar. Hasta el punto estuvo inactiva Jéssica durante aquella etapa que reconocía en la Sala haber regalado su portátil de empresa, el mismo que se le asignó en los dos puestos, a una amiga que lo necesitaba.

Sembrar dudas sobre su moralidad

Sea como fuere, la sensación es que las defensas parecieron buscar no solo la certeza de los hechos bajo sospecha, sino sembrar dudas sobre la moralidad de la testigo y su posible rol como «instrumento» de Aldama, para engañar a Ábalos y a Koldo, por extensión indirecta. Una estrategia que contrasta con la línea mantenida hasta ahora de negar cualquier vínculo económico ilícito y que fracasó estrepitosamente frente a las respuestas inamovibles que esta prestaba.

Jéssica salió airosa en lo formal —negó ser prostituta, reconoció los hechos de los enchufes sin contradecirse gravemente y mantuvo su versión sobre el desconocimiento de Aldama—, pero su testimonio dejó a Ábalos y Koldo visiblemente molestos y contrariados. El exministro y su exasesor comentaban entre sí, inquietos, ante algunas de las afirmaciones que reforzaban los indicios de la Fiscalía. La jornada, que incluyó también las declaraciones del hijo de Ábalos, Víctor, y del hermano de Koldo, se cerró con la sensación de que las defensas han entrado en el juicio con estrategias divergentes y, en algunos momentos, hasta improvisadas o desesperadas.

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