El exjefe militar de ETA Garikoitz Aspiazu Rubina, alias 'Txeroki', a su salida de la prisión de Martutene
Una de las víctimas de Txeroki rechaza sus cartas pidiendo perdón: «No creo en ese arrepentimiento»
Esther Cabezudo era edil socialista en la localidad vizcaína de Portugalete en el año 2002, cuando sufrió un atentado mientras caminaba junto a su escolta
Este miércoles, a la vez que el juez de vigilancia penitenciaria José Luis Castro tumbó los regímenes de semilibertad de los etarras María Soledad Iparragirre, alias Anboto, y Juan Ramón Carasatorre, alias Zapata, también concedió un permiso de seis días a Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, exjefe militar de la banda terrorista, tras constatar la «positiva evolución del penado».
Para lograr estos privilegios, Txeroki escribió una carta reconociendo sus crímenes y el daño causado. En la misiva, publicada este miércoles por El Debate, se puede leer: «Asumo las consecuencias de mis actos, reconozco y siento el daño que les causamos, de manera especial el que yo causé a Doña Esther Cabezudo Martínez y a Don Ignacio Torres Mediavilla».
Esther Cabezudo era edil socialista en la localidad vizcaína de Portugalete en el año 2002, cuando sufrió un atentado mientras caminaba junto a su escolta. «Yo no tenía conocimiento de esas cartas, pero creo que es una estratagema de sus abogados para poder acceder a esos permisos penitencarios», ha afirmado en RTVE sobre la carta de Txeroki, que es uno de los requisitos para acceder a los privilegios que da el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario.
«Después del tiempo que venga con estas cartitas me parece muy fuerte. Yo no quiero que me mencione ese señor para nada, no creo que ese arrepentimiento sea tal como él expresa. Esperaba que cumpliera la condena», asegura Esther. Txeroki se encuentra actualmente en régimen de semilibertad pendiente todavía de ser revisado por el juez.
En el auto del juez, además de la carta, también se menciona como circunstancias atenuantes para Txeroki el avanzado estado de su condena de Aspiazu, la asunción de sus delitos, la petición de perdón a las víctimas y el repudio de la actividad delictiva y del uso de la violencia. Pese a todo, a efectos de ejecución del permiso, indica el juez, deberá colocarse al interno una pulsera de control telemático como medio de constatar la prohibición de acercarse a sus víctimas.