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El exjefe de ETA, Garikoitz Aspiazu, Txeroki, a su salida este martes de la prisión de Martutene, en San Sebastián

El exjefe de ETA, Garikoitz Aspiazu, Txeroki, a su salida de la prisión de Martutene, en San SebastiánEFE

La carta con la que Txeroki engatusó al Gobierno vasco para lograr la semilibertad: «No podemos cambiar el pasado»

Pese a lamentar sus acciones, el etarra no escribe la palabra perdón en su carta. También se refiere a España como el «Estado español»

El mismo día que el juez de vigilancia penitenciaria ha tumbado los regímenes de semilibertad concedidos a los etarras María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, y Juan Ramón Carasatorre, que ahora tendrán que regresar a la cárcel, la Audiencia Nacional también ha concedido un permiso de seis días a Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, exjefe militar de la banda terrorista.

El juez José Luis Castro ha concedido este permiso tras pedirlo la Junta de Tratamiento de la prisión de San Sebastián, donde Txeroki está interno, tras constatar la «positiva evolución del penado».

En conformidad con la Fiscalía, este magistrado considera que procede acceder a este permiso dado lo avanzado de la condena, de la que Aspiazu se licencia en octubre de 2027, la asunción de sus delitos, la petición de perdón a las víctimas y el repudio de la actividad delictiva y del uso de la violencia.

En el auto, al que ha tenido acceso El Debate, se puede leer la carta manuscrita por Txeroki reconociendo sus crímenes, aunque no pronunciando la palabra perdón y se refiere a España como el Estado español: «Yo Garikoitz Aspiazu Rubinam naciuido el 6 de julio de 1973 en Bilbao y actualmente interno en el Centro Penitenciario de Gipuzkoa, quiero expresar a través de este escrito mis sentimientos y reflexiones sobre los hechos por los que fui condenado, así como sus consencuencias», comienza la misiva.

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«Formé parte de ETA de manera voluntaria y en la medida en la que asumo las consecuencias de mis actos, reconozco y siento el daño que les causamos. De manera especial el que yo causé a Doña Esther Cabezudo Martínez y a Don Ignacio Torres Mediavilla. A pesar de que lo sucedido en el pasado ya no tenga vuelta atrás, espero y deseo que mis palabras y mis actos sirvan para paliar y sanar en la medida de lo posible el dolor causado. Dolor que hago mío y con el que empatizo de manera sincera y profunda», afirma, antes de enumerar una serie de motivos por los que pide la libertad, haciendo hincapié en sus hijos y el deseo de cuidar de ellos.

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