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Pedro Sánchez, durante su participación en la cumbre de la OTAN

Pedro Sánchez, durante su participación en la cumbre de la OTANBorja Puig de la Bellacasa/ Moncloa

Un año en el furgón de cola

Los aliados levantan el castigo a Sánchez tras su cambio radical en la cumbre de la OTAN

Lo ocurrido en Ankara y los halagos de Trump parecen haber borrado las secuelas de la anterior cumbre. La agenda del viaje del presidente español este lunes y martes a París así lo sugiere

La cumbre de la OTAN de Ankara y las palabras de Donald Trump en el avión de vuelta, cuando se felicitó de que España se hubiese «redimido» de su tacañería con la Alianza Atlántica, han cambiado el clima para Pedro Sánchez. Y la prueba es la llamada Coalición de Voluntarios para Ucrania que se celebra este lunes en París.

Esta vez sí, el presidente del Gobierno participará en todas las reuniones y estará en todas las fotos, según la agenda de trabajo enviada este lunes por la Moncloa. De hecho, Sánchez alargará su estancia en el país vecino hasta el martes para asistir al desfile militar con motivo de la Fiesta Nacional de Francia, invitado por Emmanuel Macron. También se quedarán el canciller de Alemania, Friedrich Merz, y el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, entre otros mandatarios.

Sánchez iniciará la jornada de trabajo con una reunión más restringida sobre la creación de un sistema antibalístico complementario, que tendrá lugar en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés. En ella, los socios también abordarán la licencia que Trump dio a Zelenski en la cumbre de la OTAN para que Ucrania pueda fabricar misiles Patriot, en lugar de tener que esperar a los que le envíe Estados Unidos.

Después, el presidente se trasladará al Palacio Nacional de los Inválidos para participar en la reunión de la Coalición de Voluntarios propiamente dicha, a la que seguirá una cena oficial en el Palacio del Elíseo. El martes, además del desfile, se entrevistará con el alcalde de París, Emmanuel Grégoire.

El cambio de actitud de Sánchez en Ankara, donde se presentó como un alumno aventajado que ha consolidado el 2 % de la inversión militar y el séptimo aliado de 32 en grado de cumplimiento, parece haber borrado las secuelas que dejó la anterior cumbre de la OTAN. En aquella, la de 2025 en La Haya, Sánchez hizo ostentación de su oposición al 5 % del gasto en defensa después de haber acordado el mismo texto que todos, y enfadó a Trump y al resto de los aliados. Incluso se escoró a propósito en la foto de familia para escenificar su distanciamiento de los demás socios.

A raíz de aquello, el presidente español se ha pasado un año en el furgón de cola de las grandes decisiones. El 19 de agosto no fue invitado a una cumbre entre Trump y Zelenski en la Casa Blanca en la que sí estuvo el núcleo duro de Europa: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; Merz y Macron; el presidente de Finlandia, Alexander Stubb; y los primeros ministros del Reino Unido e Italia, Keir Starmer y Giorgia Meloni.

El presidente Donald Trump se reúne con Zelenski y los líderes europeos que le acompañaron a Washington

El presidente Donald Trump se reúne con Zelenski y los líderes europeos que le acompañaron a WashingtonAndrew Caballero-Reynolds / AFP

Para el presidente español, que por entonces ya había viajado cuatro veces a Ucrania en tres años y que se alistó desde primera hora en la Coalición de Voluntarios, fue una enorme cura de humildad. Y un castigo, porque días después el diario alemán Frankfurter Allgemeine publicó un artículo en el que dio por hecho lo que era evidente: la marginación de Sánchez era la consecuencia de su postura en La Haya.

El pasado verano también fue excluido de una reunión que organizó el ministro británico de Relaciones Exteriores, David Lammy, previa a la reunión de Trump y Vladimir Putin que se celebró en Alaska. Y de un encuentro telemático convocado por el canciller alemán al que Merz invitó a los mandatarios de la Comisión Europea, la OTAN, Francia, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania y Finlandia.

En los meses siguientes, los aliados siguieron haciéndole pagar la cuenta que dejó a deber en La Haya, dejándolo al margen de algunas reuniones más restringidas. En otras intervino telemáticamente. Y no solo con motivo de la guerra de Ucrania. En febrero, España se quejó formalmente a Italia porque Giorgia Meloni -como organizadora- relegó a Sánchez de una reunión en la que sí estuvieron una veintena de líderes europeos, previa a una cumbre de los Veintisiete sobre competitividad en Bélgica.

La Moncloa sigue sosteniendo que es ese 2 % de inversión militar lo que hizo que Trump pasara de la crítica al halago a Sánchez. No obstante, como detalló El Debate el domingo, en la capital turca Sánchez hizo algo más que presumir de cifras. Allí, en el Foro de Industria de Defensa, España anunció acuerdos comerciales por 43.000 millones en «producción de material de defensa, inteligencia satélite, interceptores y munición». Y se sumó a varias iniciativas más: la Alianza de Vigilancia Persistente desde el Espacio (APSS); el Proyecto de Cooperación Industrial de Defensa Trasatlántica; el proyecto Airbus A400M… En su comparecencia ante la prensa, el presidente señaló: «En esta cumbre hemos acordado, junto con el resto de los aliados, avanzar en el fortalecimiento de nuestra base industrial. Hemos acordado impulsar las adquisiciones conjuntas, reducir barreras comerciales e invertir más en innovación. En definitiva, producir más y mejor».

Por su parte, el consejero delegado de Indra, Josep Maria Recasens, que estuvo presente en Turquía, habló no solo «multiplicar entre seis y diez nuestra capacidad de producción», sino también participar en las inversiones en defensa impulsadas por la OTAN.

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