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Así se encuentra el exterior del CETI de Ceuta: decenas de inmigrantes esperar a poder entrar

Hacinadas y con mordeduras de serpientes: la vida de las inmigrantes agolpadas en el monte de Ceuta

Mujeres y menores que llegaron durante la entrada masiva del 30 de julio permanecen en un campamento improvisado al no haber sitio para todas en los dispositivos de acogida

El pasado 29 de julio, un día antes de que se produjera la entrada masiva de inmigrantes procedentes de Marruecos, El Debate publicó la siguiente noticia: «Ceuta, desbordada por la inmigración: más de 400 personas se agolpan a las puertas de un CETI repleto». Ciertamente, los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes llevan al límite varios meses, con personas constantemente buscando acceder a ese sitio, con la creencia de que, una vez dentro, obtendrán la nacionalidad española.

Así continúa. Actualmente en la ciudad todavía quedan miles de inmigrantes distribuidos en las playas –especialmente en El Trampolín–, los montes, viviendas improvisadas en mitad de la calle u ocupando casas ajenas. Ante esto, las autoridades han tratado de distribuir a los inmigrantes en distintos recursos y dispositivos, diferenciando además entre hombres y mujeres con menores a su cargo. Para estas últimas, por ejemplo, se habilitó un dispositivo de atención humanitaria en la Hípica, donde actualmente se encuentran alrededor de 320 mujeres y menores que llegaron a Ceuta durante la entrada masiva de finales de julio. Allí disponen de camas, duchas y tres comidas al día, en unas instalaciones que pretenden ofrecer unas condiciones mínimas de atención mientras se resuelve la situación de cada una de ellas. Pero no todas han podido entrar.

En los alrededores de la Hípica permanece desde hace días otro grupo de mujeres y menores que acudieron hasta allí buscando precisamente un lugar dentro del dispositivo, pero se encontraron con que ya no quedaban plazas disponibles. Desde entonces, muchas han decidido permanecer en las inmediaciones ante el temor de alejarse y no poder regresar después al recinto. Han acabado instalándose en el monte, donde improvisan refugios y pasan las noches a la espera de que aparezca un espacio para ellas.

Cuando hablan con El Debate, cuesta entenderse con ellas porque ninguna de las mujeres consultadas domina el español. Una de las menores consigue comunicarse en inglés y explica que decidió cruzar hasta Ceuta siguiendo a su hermano, que le había contado que al otro lado de la frontera encontraría unas condiciones de vida muy diferentes. «Yo seguí a mi hermano, que me dijo que aquí se vivía bien», cuenta.

En su discurso, repiten constantemente que buscan unas condiciones «dignas» donde vivir. Algunas rompen a llorar mientras enseñan el lugar en el que están viviendo y cuentan que lo único que quieren es disponer de un espacio en el que poder dormir, asearse y sentirse protegidas, en lugar de viviendas improvisadas, sin condiciones de higiene y a la intemperie.

ceuta ceti

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Imágenes del campamento a las puertas de la Hípica, desde una culebra hasta la desesperación de las mujeresHugo Marugán

Y es que su refugio actual es el monte, y allí tienen que convivir también con todo lo que encuentran en él. Las mujeres enseñan los animales que aparecen alrededor del campamento y muestran incluso una serpiente que han encontrado en las inmediaciones. Después enseñan sus piernas, algunas de ellas hinchadas y amoratadas, con marcas que atribuyen a mordeduras sufridas mientras permanecen en la zona.

Precisamente, este domingo, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que tenía previsto reunirse inicialmente con mujeres inmigrantes en la Delegación del Gobierno –una cita que canceló por una manifestación en las inmediaciones y el temor a una pitada masiva– se dirigió hasta la Hípica, donde pudo conocer las condiciones en las que se encuentran las alrededor de 320 mujeres y menores que sí han conseguido acceder al recurso. Allí reclamó la creación de «más espacios seguros» y situó precisamente a las mujeres y las niñas como una de sus principales preocupaciones. Pero, fuera de ese espacio, se encuentran decenas de personas que no abandonan el lugar ante el temor de que, si se marchan, perderán la posibilidad de entrar cuando finalmente aparezca una plaza.