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Pedro Sánchez, este lunes en el CongresoEFE

Un septiembre anómalo

Sánchez estrena el curso parlamentario con la fecha electoral en el aire pero cada vez más pistas

El presidente se dirige a sus diputados, senadores y eurodiputados con el mensaje de que solo el PSOE puede frenar a la derecha, que se adivina también como el viejo leitmotiv de la nueva campaña

No hay plan b. La principal baza electoral que piensa seguir explotando Pedro Sánchez también para 2027 es: «La alianza de una involución entre la derecha cada vez más ultra y una ultraderecha cada vez más crecida», como él mismo la definió este lunes. Igual que en las elecciones municipales y autonómicas de 2023, igual que en las generales de dos meses después, igual que en las europeas de 2024 e igual que hizo, más recientemente, en las campañas de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, sin ningún éxito.

El presidente del Gobierno inauguró el curso parlamentario con una reunión con sus diputados, senadores y eurodiputados y una pregunta flotando en el ambiente: cuándo convocará las elecciones generales, con marzo como el mes que despunta en las quinielas porque cada vez hay más pistas en esa dirección. Más aún después de que, la semana pasada, él mismo se abriera a un «adelanto técnico», que sería una forma de disfrazar el final de la agonía y la manera de contentar a los candidatos a los ayuntamientos y comunidades, que quieren ir después de Sánchez a las urnas y no antes.

El cuándo es la incógnita, porque el leitmotiv del PSOE hasta entonces ha quedado claro desde los primeros compases de septiembre. «Lo que vimos ayer en Sajonia es un aviso y una constatación. El aviso de que la amenaza ultra, gracias en gran medida a la rendición de la derecha tradicional, gana terreno en Europa y en el mundo. Y también la constatación de que un Gobierno como el de coalición progresista como el español es más necesario que nunca. El mundo nos mira. Somos la vanguardia del avance frente a los reaccionarios», proclamó Sánchez, a propósito del triunfo de Alternativa para Alemania en esa región que formó parte de la Alemania del Este.

El presidente simuló que empieza un curso más cuando, en realidad, este está plagado de anomalías. La crisis de Estado desatada tras la invasión en Ceuta, que durará todavía meses. Un presidente cercado por los tribunales, con su mujer a punto de ser enviada a juicio oral, su partido con posibilidades de ser imputado como persona jurídica y todo su Gobierno bajo sospecha por el rescate de Plus Ultra, con el que su referente moral, José Luis Rodríguez Zapatero, presuntamente se enriqueció. Y una legislatura bloqueada en el Parlamento, con Junts negando el pal y la sal al PSOE, los Presupuestos de nunca acabar aún sin presentar al Congreso (y sin ser aprobados siquiera en el Consejo de Ministros) y una agenda normativa imposible. Ahora el Ejecutivo anda intentando negociar un real decreto ley de vivienda que supere el mes de vida, porque los tres anteriores que aprobó murieron en cuanto llegaron a la Cámara Baja.

«Cada política aprobada en las Cortes Generales es un derecho ganado frente los ultras. Así llevamos ocho años, y el año que viene, otros cuatro años más», presumió el presidente. «Nuestro proyecto de país mira a 2030, no a 2027», insistió, tratando de ahuyentar la imagen de fin de ciclo que proyecta desde hace tiempo su Gobierno; con su socia, Yolanda Díaz, buscando la salida en la Organización Mundial del Trabajo. «Desde España estamos demostrando que con más derechos y libertades se frena a la extrema derecha. No saliendo a empatar, saliendo a ganar», reiteró.

Sánchez se detuvo especialmente en la necesidad de unas cuentas públicas para 2027. «Serán los más ambiciosos en términos sociales de la historia», prometió. En realidad, ya el último Pleno del Congreso antes de las vacaciones retrató a un Gobierno que no busca unos Presupuestos, sino un programa electoral con el que concurrir a las próximas generales. Aquel tumbó por segunda vez en nueve días, y definitiva, la senda de estabilidad del Ejecutivo, los objetivos de deuda y déficit públicos.

El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, hizo las veces de telonero de Sánchez y también invocó el miedo a la derecha. «ni un paso atrás. Están dispuestos a arrasar todo. Nos atacarán, la democracia les molesta», lamentó.