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Contra el relatoIsabel Durán

El Nerón de la Moncloa responde al Supremo con la trinchera de la Guerra Civil y prende la mecha para incendiar España

Las declaraciones de Pedro Sánchez ayer en la televisión pública, epicentro de la maquinaria del fango monclovita, han dejado un peligroso aviso a navegantes: «La mejor de las Españas fue la Segunda República». Es su respuesta al alto tribunal por suspender cautelarmente las inscripciones al censo CERA de quienes no acrediten el exilio y el pistoletazo de salida para el incendio político de España desde Ceuta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la entrevista en el programa 'Mañaneros 360' de TVEEuropa Press

El gran incendio de Roma ocurrió en la noche del 18 de julio del año 64 después de Cristo y arrasó gran parte de Roma durante seis días y siete noches, y un segundo incendio prolongó la destrucción. La tradición afirma que Nerón tocó la lira y cantó mientras contemplaba la ciudad en llamas que él mismo había incendiado y, para desviar los rumores sobre su propia culpabilidad, culpó a los cristianos desatando contra ellos una persecución brutal.

Hoy el Palacio de la Moncloa se tambalea a los pies del Nerón de la playlist. Su regalo musical a los ceutíes invadidos y al resto de españoles fue el preludio de sus vacaciones a cuerpo de rey en La Mareta donde se procuró un perímetro de seguridad mayor que el de la ciudad de Ceuta asediada y con más guardias que los que envió a los pobres, indefensos y abandonados caballas. Las declaraciones de Pedro Sánchez ayer en la televisión pública, epicentro de la maquinaria del fango monclovita, han dejado un peligroso aviso a navegantes, su pretensión de «recuperar y reivindicar la mejor de las Españas», «la Segunda República». Y ahí queda marcado en el calendario para siempre el corolario argumental de la autocracia sanchista. Es el pistoletazo de salida para el incendio político de España realizado por el propio presidente del Gobierno.

De los «tiros» a los «descendientes» del golpe: Sánchez abre la trinchera de 1936

Sánchez eludió el núcleo jurídico de la ley de nietos y convirtió la decisión del Supremo en una confrontación moral entre la Segunda República y los supuestos herederos de los golpistas. Acusó el varapalo judicial que pone sobre el tapete su as en la manga para las próximas elecciones generales de forma taxativa: «No estamos a favor ni compartimos la resolución del Tribunal Supremo».

Identificó la ley de nietos exclusivamente con los descendientes del exilio. Recordó que la ley está vigente desde 2022. Añadió que bajo su vigencia se celebraron las elecciones generales de 2023 y aseguró que el PP ganó el voto exterior y que los resultados de varias circunscripciones provinciales se modificaron en favor del Partido Popular y en contra del PSOE. No es verdad. Solo cambió en una circunscripción: Madrid. Se le olvidó decir que ese es precisamente el escaño cera que le ha crucificado toda la legislatura porque cambió la mayoría que necesitaba, esclavizándolo a Puigdemont. Tergiversó la postura de la Junta Electoral Central y enmarcó las denuncias de pucherazo en una corriente internacional trumpista cuyo denominador común es el cuestionamiento de los sistemas democráticos por parte de la ultraderecha y de una derecha cada vez más radicalizada. No explicó por qué una instrucción administrativa amplió la ley ni qué garantías rodean su impacto sobre el censo electoral. Prefirió convertir los hechos en bulo de la ultraderecha y reivindicar la Segunda República señalando a quienes cuestionan la medida como «descendientes» de quienes dieron el golpe de Estado.

El adversario convertido en una amenaza armada

Las respuestas del presidente a la ley de nietos y la crisis en Ceuta revelan hasta qué punto se siente acorralado. Ambos focos convierten al adversario en una amenaza armada, heredero del golpismo y enemigo de los derechos. Sánchez eligió la Guerra Civil como escudo frente al Supremo y la hipótesis de los «tiros» para deslegitimar cualquier alternativa a su gestión de Ceuta. No ha hecho saltar la Transición por los aires; ha intentado algo más calculado: arrastrar definitivamente a los españoles a la trinchera que la Transición cerró.

Comienza el incendio oficial de España por el Nerón de la Moncloa, al son de su playlist. La diferencia con la Roma imperial es que aquí las instituciones democráticas conservan una salud razonable y acaban de demostrar que pueden poner límites al poder. No hay que regalarle el incendio que parece buscar: calma, confianza en la Justicia y ni un paso hacia el cuerpo a cuerpo. Los gobernantes pasan, por mucho que intenten perpetuarse; los españoles quedan. Y la mejor de las Españas no fue: es. Es la de quienes se niegan a volver a las trincheras. Las instituciones democráticas acaban de levantar el primer cortafuegos.