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El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el Rey de Arabia SaudíEFE

Investigación

Zapatero firmó con Arabia Saudí un convenio para «prevenir la evasión fiscal» el mismo día que recibió las joyas que no declaró a Hacienda

José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, rubricó el 19 de junio de 2007 en Madrid un convenio con el Reino de Arabia Saudí cuyo objetivo declarado era, textualmente, «evitar la doble imposición y prevenir la evasión fiscal». Ese mismo día, según la propia versión que su defensa ha presentado ante la Audiencia Nacional, Zapatero recibía en la vivienda familiar del Palacio de la Moncloa un lote de joyas de manos del rey Abdalá bin Abdulaziz valorado en 1,3 millones de euros, un regalo que nunca declaró ni tributó y que ha permanecido oculto durante 19 años hasta que fue descubierto por la UDEF en un registro de su despacho.

El convenio, al que ha tenido acceso El Debate, se enmarcó en la visita de Estado que el monarca saudí realizó a España entre el 17 y el 19 de junio de 2007, durante la cual también fue condecorado con el Collar del Toisón de Oro por el entonces rey Juan Carlos I. Según ha podido confirmar este periódico revisando el propio texto del acuerdo, el documento establece topes máximos de tributación para dividendos, intereses y cánones entre ambos países y regula, artículo por artículo, cómo debe repartirse la potestad fiscal entre España y Arabia Saudí para evitar que una misma renta o patrimonio tribute dos veces, así como para «prevenir la evasión fiscal» de quienes pudieran aprovechar la relación entre ambos países para no tributar en ninguno de los dos Estados.

El punto más grave, visto con la perspectiva de hoy, es su artículo 26, dedicado al «intercambio de información». En él, España y Arabia Saudí se comprometen a que sus autoridades fiscales se intercambien «la información que previsiblemente pueda resultar de interés» para aplicar el propio convenio o la legislación fiscal interna de cualquiera de los dos países, «en la medida en que la imposición así exigida no sea contraria al Convenio». Es decir: el mismo tratado que Zapatero firmó ese día obligaba a España a poder pedirle a Arabia Saudí información sobre bienes y rentas de residentes españoles vinculados a ese país, exactamente el tipo de mecanismo que, si se hubiera aplicado sobre sí mismo, habría exigido transparencia sobre cualquier patrimonio recibido de manos saudíes.

Otro artículo va todavía más allá, y es la parte con más carga simbólica de todo el convenio. Establece que, cuando un Estado solicite información al otro, el Estado requerido debe usar «las medidas para recabar información de que disponga con el fin de obtener la información solicitada, aun cuando este otro Estado contratante pueda no necesitar dicha información para sus propios fines tributarios». Dicho de otro modo, el convenio obliga a cooperar activamente en la búsqueda de patrimonio oculto entre ambos países, incluso cuando el país que pregunta no tenga un interés fiscal directo en obtenerla. Firmar ese compromiso de transparencia recíproca el mismo día en que, según su propia versión, aceptaba de manos del Estado saudí un patrimonio personal no declarado, es la pieza que mejor resume la contradicción de fondo: no es solo que existiera una norma genérica contra la evasión, es que el propio texto que rubricó preveía instrumentos concretos para destapar justo el tipo de operación que él mismo protagonizaba esa jornada.

La coincidencia de fechas resulta especialmente llamativa a la luz de lo que Zapatero ha explicado ahora sobre el origen de las joyas. Según el escrito presentado ante el magistrado instructor del caso Plus Ultra, José Luis Calama, la colección, compuesta por tres juegos de joyería con rubíes, esmeraldas y zafiros, cada uno formado por collar, pulsera, sortija y pendientes de oro blanco de 18 quilates, le fue entregada como «un obsequio realizado como atención personal» por el rey Abdalá, precisamente «con motivo del viaje oficial del monarca a Madrid los días 18 y 19 de junio de 2007». Es decir, la misma jornada en la que el expresidente firmaba, en nombre del Estado español, un tratado internacional que obligaba a ambos países a perseguir la ocultación de rentas y patrimonio ante el fisco.

La tasación encargada por el juzgado a la joyería Ansorena sitúa el valor del conjunto en 1.323.915 euros, una cifra que la defensa de Zapatero considera «indudablemente muy superior al valor real» de las piezas, alegando que responde a un valor de reposición a precios actuales y no al que tenían en 2007. El expresidente sostiene además que desconocía el valor material de las joyas y que estas permanecieron guardadas sin uso, y ha pedido al juez que solicite a las autoridades de Riad una confirmación oficial de su versión, dado que el rey Abdalá falleció en 2015 y no puede corroborarla personalmente.

Fuentes jurídicas consultadas por este periódico señalan que, de confirmarse que las joyas fueron efectivamente un regalo institucional recibido en el ejercicio del cargo, existiría la obligación de haberlas puesto a disposición de Patrimonio Nacional, como sí hizo Zapatero con otros obsequios protocolarios de menor valor recibidos en esas mismas fechas, según consta en los registros oficiales. El propio exministro de Industria Miguel Sebastián admitió públicamente que era habitual recibir regalos de las monarquías del Golfo transportados en el avión oficial sin pasar controles aduaneros, aunque en su caso optó por donarlos a Patrimonio.

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