El presidente Donald Trump saluda a Xi Jinping durante un banquete en Pekín
Una época convulsa
Washington ha perdido capacidad para ejercer la agenda global de Seguridad. Su voz antes única en foros internacionales es ahora más discreta, dejando espacio para que China y Rusia marquen la agenda
La anunciada Cumbre de los presidentes Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping, es muy probable que se celebre simultáneamente con la de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para el 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, China. Caso de confirmase se estaría ante un hecho histórico que implica la revisión del Orden Mundial. Los líderes europeos y el presidente ucraniano, hasta la fecha, no han sido convocados, considerando probable que sean excluidos de unas conversaciones en la que se trataría el futuro de Ucrania.
El drama europeo
La inestabilidad en Europa es un hecho. La complejidad del actual contexto geopolítico internacional engloba cambios profundos en los fundamentos de lo que se denomina Occidente, que se deteriora al unísono de sus componentes. No a la situación, China expande su influencia en Asia, y más allá, para establecer sus objetivos estratégicos.
El orden económico vigente se ve afectado por el desplazamiento del centro de gravedad económico mundial hacia Asia y, a medida que se agudizan las tensiones geopolíticas, los Estados compiten por el dominio de tecnologías críticas, imponiendo restricciones comerciales y reconfigurando las cadenas de suministro.
En lo que se refiere al orden democrático y social occidental es cada vez más frágil. En este contexto, el populismo, la polarización y la violencia política van en aumento. Las sociedades están cada vez más divididas y la desinformación se impone. Se percibe la sensación, cada vez más extendida, que las instituciones vigentes, tanto las nacionales como comunitarias e internacionales, son ineficaces, dado que la confianza en ellas se debilita.
En referencia a la Unión Europea (UE), los órdenes geopolítico, económico y democrático, junto con la protección norteamericana mediante la OTAN, han sido durante mucho tiempo el ejemplo de paz, prosperidad y estabilidad. Su configuración en su base geográfica, aun se denomina Occidente. Pero con el declive de Estados Unidos y la implantación de las nuevas tecnologías, el mundo se ha hecho más competitivo y dinámico y con nuevos centros de poder que participan en la conformación de un nuevo contexto geopolítico donde se configura un poder novedoso y dinámico.
El relato se acopla a las circunstancias ambientales, pero la realidad es tozuda. Desde febrero de 2022, en territorio europeo hay una guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania y, desde entonces, el protagonismo de la UE es más difuso. Sus estados miembros han pasado de estar integrados en la UE, una potencia del comercio mundial y de gran influencia política, a estar divididos internamente y económicamente más débiles. Se impone la opinión que preconiza que las décadas de declive estructural subyacentes han aflorado en forma de crisis inmediatas, estancamiento innovativo, tensiones demográficas, bajo crecimiento económico, divergencia fiscal, vulnerabilidad energética y una unión monetaria sometida a fuerte presión.
A finales de 2026, desde la administración Trump se proclama que el principal peligro para la supervivencia de Europa proviene de carecer de capacidad de gestión en el ámbito geopolítico. Según Washington, la denominada «élite liberal europea» estaría socavando la democracia en Europa al reprimir la libertad de expresión, imponer la inmigración masiva e inhibir la democracia. Las élites europeas optaron por desestimar las advertencias norteamericanas.
La actuación de Alemania
La UE se ha venido considerando un ámbito de igualdad entre estados, pero actualmente, el aspecto geopolítico impone su protagonismo. En este sentido, lo que suceda en Alemania tiene, y tendrá, importantes repercusiones en todo el continente y también en el resto del mundo. La opción estratégica que Berlín decida tomar en los próximos meses y años será un factor trascendental para el más que problemático futuro de la UE y de la OTAN.
La guerra de Ucrania ha llevado a Alemania a tomar la decisión de incrementar la inversión en Defensa, lo que implica el refuerzo de las capacidades de las Fuerzas Armadas, la Bundeswehr, y las de su servicio secreto, el BND. Esta decisión, se toma en circunstancias desfavorables como el estancamiento económico y el auge del partido de extrema derecha AfD, Alternativa para Alemania, que podría ganar unas futuras elecciones federales, a lo que hay que añadir las tensiones sociales consecuencia de la presión migratoria.
Es un hecho que el rearme alemán llega en un momento particularmente delicado, dado que, en lo esencial, la política alemana se debate entre visiones contrapuestas sobre la identidad de la nación y el lugar que esta debe ocupar en el mundo. Existe la visión tradicional de Alemania como el motor tanto de la integración europea como de la seguridad transatlántica. La realidad es que esa visión forma parte del pasado, pues ha tomado cuerpo otra de Alemania muy diferente, desde la que se concibe como una nación independiente que simplemente actúa en función de sus intereses. Esta opción tiene un apoyo creciente. Así, el partido político AfD preconiza la salida de la UE.
En este sentido, en la cumbre de la UE celebrada en Bruselas el 15 de octubre, el canciller alemán Friedrich Merz rechazó categóricamente la propuesta estadounidense para que algunos países de la UE descongelaran ciertos activos rusos inmovilizados tras la invasión de Ucrania. Merz declaró que los activos están congelados en Europa, y deberían permanecer congelados en Europa.
La situación puede presentarse como la dicotomía entre el consenso liberal de la posguerra, establecido después de 1945 y que alcanzó su apogeo en 1989, con la reunificación, y la reacción nacional-populista contra dicho consenso. La realidad es que el antiguo modelo liberal, basado en la globalización, las fronteras abiertas y el libre comercio sin restricciones, atraviesa una profunda y grave crisis; pero el nuevo modelo iliberal de la AfD no necesariamente sería mejor. De hecho, podría resultar mucho, muchísimo peor.
La Alemania actual se ha comprometido a emplear su capacidad militar para apoyar a toda Europa. No obstante, esa capacidad no es de la UE y está orientada, primordialmente, a la seguridad de Alemania, pues se producirán divisiones en el continente, ya que la situación de cada Estado tendrá sus propias necesidades. Una Alemania controlada por la AfD podría emplear su poder para intimidar o coaccionar a otros países, lo que provocaría tensiones y conflictos.
Mas allá de Europa
La evidente gestión anárquica del presidente Trump sirve como evidencia de que las Relaciones Internacionales se constituyen mediante el ejercicio del poder. Si se repasan las actuaciones de Trump desde que llegó a la Presidencia estadounidense, se comprobará que su trayectoria, aparentemente anárquica, se corresponde con lo que podía ser parte de del establecimiento de un nuevo «orden mundial».
De igual modo, la gestión de los europeos en la guerra de Ucrania evidencia cierto grado de desorden en las iniciativas, resultado de las diversas percepciones de los intereses de cada uno de los países afectados, aunque sin alterar los objetivos comunes. En estas situaciones se produce lo que se conoce como «superposición de poderes». Como ejemplo, puede traerse a colación la actuación del canciller alemán Friedrich Merz, en la cumbre de la UE celebrada en Bruselas el pasado 15 de octubre.
El alejamiento entre Estados Unidos y la Unión Europea, que comenzó al inicio del segundo mandato de Trump, con reclamaciones inéditas como la soberanía de Groenlandia, puede llegar a constituir un acontecimiento de trascendencia histórica. El cambio es notorio, ya que las élites políticas europeas han actuado durante décadas, y siguen actuando, en función de intereses culturales, sociales y demográficos de sus propias naciones, sin actuar grupalmente.
Otro aspecto relevante es la insistencia europea en aislar a Putin. Puede que el líder ruso no sea bienvenido en las capitales europeas, aunque es recibido con los brazos abiertos en Pekín, Delhi, Pretoria y en todo el denominado «Sur Global». Putin se considera un interlocutor necesario en Washington. Predicar que se quiere resolver el conflicto de Ucrania mientras se niega la intervención de Zelensky en la negociación con Putin, es lo que se denomina «absurdo trumpista». En este sentido, se considera que los ataques ucranianos contra refinerías rusas fueron calculados, aparentemente, para sabotear los esfuerzos de paz simultáneos de los dos enviados de confianza de Trump.
Conclusión
En plena crisis consecuencia de la tormenta geopolítica mundial, el liderazgo global que desempeñó Estados Unidos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha esfumado, a lo que hay que añadir la consiguiente inestabilidad europea.
Las negociaciones para un «alto el fuego» en Ucrania han resultado, hasta el momento, infructuosas ya que Rusia ha endurecido su postura agresiva hacia Europa mediante ataques híbridos en todo el continente, que son perjudiciales para las perspectivas de una paz duradera. Ante estas presiones convergentes, ¿qué amenazas deberían priorizar los responsables políticos de la UE?
El futuro vendrá determinado en gran parte por las relaciones de Estados Unidos, tanto con sus socios como con China y Rusia. El ejemplo alemán de autonomía estratégica afectará a la UE y a la OTAN, que en el supuesto de que el AfD llegase a gobernar sería la baja de tales organizaciones.
Los próximos años serán testigos de sacrificios difíciles. Para ello, tendrán que encontrarse formas creativas de disuadir a China y Rusia mediante inversiones disciplinadas en capacidades flexibles e innovadoras. Washington ha perdido capacidad para ejercer la agenda global de Seguridad. Su voz antes única en foros internacionales es ahora más discreta, dejando espacio para que China y Rusia marquen la agenda.
- Enrique Fojón es analista del Instituto para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria.