Bodegón de la Policía Nacional con droga y armas incautadas a una organización criminal dedicada al tráfico de droga
Málaga
Crecen los robos de droga entre narcos en la Costa del Sol: «Se enriquecen más rápido y usan armas de guerra»
La guerra por el alijo: 'vuelcos' y ajustes de cuentas sustituyen al cultivo y tráfico tradicional, mientras los agentes alertan de armas de guerra y medios obsoletos
La violencia en la Costa del Sol muta. Los llamados 'vuelcos', robos de droga entre organizaciones criminales, se han convertido en la principal fuente de conflicto. Lejos de remitir, estos asaltos crecen sin pausa, según advierten los sindicatos policiales. El panorama actual es inquietante: tiroteos, secuestros y ajustes de cuentas entre bandas cada vez más vengativas y especializadas en este lucrativo delito.
La verdad es que el narcotráfico ha elegido el camino más corto y peligroso. La Policía lo resumen así en una publicación en Málaga Hoy: «Han elegido la vía rápida, se enriquecen más rápido». Compran la sustancia en origen, principalmente en Marruecos, y la almacenan en caletas o guarderías. Entonces, otras bandas irrumpen para sustraer ese cargamento y revenderlo por debajo de su precio. El beneficio es inmediato, pero el riesgo es mortal: o te detienen o te matan.
Reciben a la Policía a tiros
Los robos no quedan impunes. La pretensión es dar «una lección» para disuadir a otros y proteger el botín. De ahí el aumento de disparos, palizas o los conocidos como «tiros en las piernas». Un caso reciente en la carretera de Málaga a Marbella lo ilustra: dos hermanos corrían hacia el hospital mientras uno sangraba por una bala en la pierna. La víctima luego confesó que «ya sabía» que algo le iba a ocurrir.
Este escenario ha radicalizado el comportamiento de los narcos. Ya no dudan en enfrentarse a las fuerzas de seguridad. Ocurrió en Marbella en diciembre, cuando un grupo abrió fuego contra agentes que intervenían 1.000 kilos de cocaína. Afortunadamente, no hubo heridos. En Benalmádena, la policía sorprendió un vuelco de casi dos toneladas de hachís donde la víctima fue golpeada y amenazada.
«Quieren satisfacción inmediata, dinero rápido», explican fuentes policiales sobre el objetivo de estas bandas. El auge de esta actividad tiene una consecuencia directa y temible: más armas en la calle. «Mantener estos vuelcos significa que aumente el número de armas en manos de estas bandas», advierten. No solo para robar, sino para imponer respeto y controlar el territorio.
Una pistola frente a armas de guerra
Mariló Valencia, portavoz del Sindicato Reformista de Policías (SRP), reconoce avances con los nuevos planes de seguridad. Pero remacha que no es suficiente. «Pedimos que se incremente el número de efectivos y que los medios materiales estén más acordes a la violencia a la que nos enfrentamos», destaca. Además, reclama más especialización y denuncia la falta de formación específica.
Óscar Camacho, de la Confederación de Seguridad Local y Autonómica (CSLA), lo tiene claro. El robo de alijos es el método «más fácil» y el mismo que «les acorta la vida». Afirma que el nuevo narco, con grupos más jóvenes, ha roto cualquier código. «Ya no respetan territorios ni normas. Esto va a provocar más violencia», sentencia. Y pone un ejemplo escalofriante sobre la disparidad de medios.
«El patrullero es el primero que interviene y, a su vez, el que menos medios tiene. Los policías llevan una pistola y, como mucho, un chaleco antibala», asegura Camacho. Frente a ellos, los delincuentes se mueven con armas largas y automáticas. La preocupación por el origen de estas armas crece: cada vez son más modernas, procedentes del tráfico internacional e incluso de conflictos bélicos.
«Antes, eran más antiguas; ahora aparecen incluso de guerra», detalla el portavoz. Investigadores han visto narcos con fusiles Kaláshnikov en operaciones en el Guadalquivir o en barrios como La Palmilla. Algunos agentes veteranos auguran: «La situación se va a poner peor cuando acabe la de Ucrania», refiriéndose al posible desvío de más armamento.
Los robos ya no conocen límites. En septiembre, un comando armado asaltó un buque mercante en aguas portuguesas para robar cocaína antes de su llegada a Málaga. Los investigadores son pesimistas: «Con la legislación actual y sin una inversión clara en medios, la situación no se va a corregir».
Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Málaga subrayan la precariedad. Afirman que los medios del Instituto Armado «son obsoletos e insuficientes». Además, vinculan el aumento de la criminalidad directamente con la falta de personal. Los delitos en su ámbito provincial crecieron un 20,1 % entre 2019 y 2024, con 450 vacantes sin cubrir, un 17 % de la plantilla. Un déficit que, lamentan, se paga en la primera línea de fuego.