María del Carmen Collado en una jornada de trabajo, siempre en temporada alta
Arranca la alta temporada
María, la hamaquera de Marbella que vive del negocio de la playa desde hace 30 años: «Da dinero»
Soportar la arena ardiendo, vigilar 88 hamacas y lidiar con parejas muy «cariñosas» en pleno agosto
María del Carmen Collado, de 55 años, ni siquiera sueña con la lotería. Su premio diario son las 88 hamacas que gestiona con su hermana en una playa de Marbella, perteneciente al chiringuito familiar Balisio´s Beach, uno de los establecimientos con más solera de la costa con más de 40 años de actividad. «Llevo 5 años ayudando, antes en el chiringuito pero siempre playa. No me ha tocado la lotería», suelta con un gracejo muy andaluz. Es la única hamaquera de la zona, un oficio que reconoce sin tapujos: «No es un oficio de mujeres. Empezamos en abril y cerramos en octubre. Junio, julio y agosto es lo potente».
El negocio, admite, da para vivir una vida normal, pero nada de lujos. «Da rendimiento, se vive. Si te vas de lujo no, pero con vida normal da dinero», explica mientras ajusta las sombrillas. Llega a las 9 de la mañana, prepara los tickets y espera. Lo cierto es que la temporada alta ya ha estallado: «Ahora se está llenando todo. Julio y agosto no hay hamacas y algunos se quejan».
Clientes en las hamacas de Basilio´s Beach
Arena que quema y clientes que se pasan
El icónico chiringuito, propiedad de una familia que lleva en el negocio de la playa más de 40 años
Una clienta que descansa bajo una de sus hamacas lo resume así: «El descanso de unos es el trabajo de otros. Es duro pero lo hacen fenomenal». Y es que María del Carmen no engaña a nadie: «Mi hobby no es venir aquí todos los días. Estoy deseando irme a mi casa, ni al campo, a veces no quiero ver a nadie». Se marcha antes que el último bañista, pero sin despertar a nadie. «Yo me voy antes, pero no despierto a nadie. Aquí echo unas cuantas horas, más de ocho. Hay que trabajar», sentencia. Sobre las propinas, niega con la cabeza: «No dejan, pero si están contentos, lo demás no me interesa». Y ríe para cerrar: «Yo no llamo la atención a los clientes gitando hamaca ni hamaco».