La memoria sesgada
La Ley de Memoria de Armengol fue una norma a la carta elaborada con el único fin de defender la memoria de los perseguidos por el franquismo
Soy de los que piensan que, dejando a un lado las presiones de Vox, la Ley de Memoria ha caído porque, en realidad, nació sesgada. Me di cuenta de ello cuando intenté que esta normativa alcanzara a los mallorquines más ferozmente represaliados: los descendientes de judíos conversos que padecieron muerte y persecución entre los siglos XIV al XVII y posteriormente, segregaciones, prohibiciones y vejaciones de todo tipo.
Hablé con un cargo pequeño y mediano de la administración de Armengol quién me informó que los beneficios de este ley no llegaban más allá de la II República. O lo que es lo mismo: fue una ley «a la carta», elaborada con el único fin de defender la memoria -legítima, por supuesto- de los perseguidos por el franquismo. Más atrás en el tiempo, ni flowers.
La información que me dieron en el govern armengolino tampoco me vino de nuevas. Hubiese bastado con escuchar las admoniciones y prédicas de la presidenta de Memòria de Mallorca-Oliver, creo que se llama- para comprender que a algunas personas lo que les va es sesgar la memoria.
En realidad, es una tendencia natural en los seres humanos: la memoria, por naturaleza, es selectiva. Tendemos a modificarla para que encaje con nuestras ideas e ideologías, es decir, a nuestra conveniencia. Sé de qué hablo porque casi todos mis libros son un ejercicio memorial, la recreación de un mundo que añoro y que fue borrado por unos y por otros o por el propio devenir del tiempo.
Pero tengo que domeñar a mi propia memoria para que mis relatos se ajusten, al menos en una parte importante, a la realidad. El 'armengolato' no fue capaz de eso. O -seamos benévolos- no acertó a transmitir esa impresión. En el fondo, hicieron lo mismo que ellos echan en cara a sus aborrecidos enemigos: modelar el relato del pasado a un guion que ya tenían pre escrito. Y por eso, más algún que otro empujón, no hay que negarlo, ha caído la Ley de la Memoria.
Y ahora la presidenta Prohens anuncia que su Govern homenajeará a las víctimas de los bombardeos republicanos sobre Palma. Será una manera de compensar la balanza, de honrar la memoria de unas personas que murieron en sus casas -o en la calle- por el solo hecho de vivir en una isla que desde el principio se sumó al alzamiento militar de los generales africanistas aquel nefasto sábado de julio de 1936. Esas personas, hombres, mujeres y niños, cayeron bajo las bombas de un gobierno que masacró la población civil de la Mallorca desafecta a la II República. Todos los viernes podemos leer en el periódico Ultima Hora historias sobrecogedoras sobre esa masacre largo tiempo silenciada con vocación de olvido.
Lo tengo escrito: la memoria cristaliza y puede convertirse en un fósil en los vericuetos de nuestros cerebros. Unos y otros haremos bien en cultivarla, pero sin sesgos interesados.