Fiesta del Estandarte

Fiesta del EstandarteCONSELL DE MALLORCA

La histórica tradición mallorquina que Cataluña «mete en el saco de los Países Catalanes»

La Fiesta del Estandarte conmemora uno de los mayores acontecimientos históricos para la isla, pero los catalanes «están obsesionados» por apropiársela

Cada 31 de diciembre, Palma vuelve a mirar a 1229. A la llegada de Jaume I. A la caída del poder musulmán. A un episodio fundacional que marcaría el nacimiento del Reino de Mallorca. La Fiesta del Estandarte es, probablemente, una de las tradiciones cívicas más antiguas de Europa y el molde del que bebieron celebraciones posteriores en lugares como Menorca, Ibiza, Valencia o Nápoles. Así lo recuerda Román Piña Homs, presidente de honor de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, que a sus 89 años se declara un defensor sin fisuras de la historia propia de la isla. Para él, esta fiesta conmemora un episodio primordial para lo que fue el Reino de Mallorca: «un territorio que los catalanes a menudo no reconocen y meten esta festividad en el saco de los llamados Países Catalanes».

El 31 de diciembre de 1229, Jaume I tomó la ciudad de Palma con tan solo 18 años. Llegó, explica el experto, en una flota formada por distintas instituciones, como señores feudales de la época, miembros de la Corona de Aragón y de condados de Cataluña, entre otros. Para entender bien la historia, destaca que la Corona de Aragón no era catalana, como algunos afirman, ya que también comprendía los territorios de Aragón, Valencia y otras zonas de Italia o el sur de Francia. Tras la conquista, Mallorca se sumó a esta unión dinástica de varios reinos, y empezó a celebrar la Fiesta del Estandarte.

Esta festividad ha sufrido varios cambios a lo largo de su historia. Se cree que su nombre, señala Piña, se debe a que un soldado colocó el estandarte real en una de las torres que protegían la ciudad, y de esta manera pudo avisar a las tropas cristianas para que pudieran iniciar el ataque.

Una fiesta perjudicada

Para conmemorar la hazaña, tradicionalmente la gente sacaba utensilios que simbolizaban la conquista, como retratos, cascos y espadas de Jaume I. «Curiosamente, a mediados del siglo XIX estos objetos fueron regalados a la armería nacional», comenta el que fuera catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) durante 35 años. Lamenta que, durante la Primera República, hacia 1870, la fiesta «empezó a ser vista como una antigualla y un alarde de genocidio monárquico por la muerte de 20.000 musulmanes». Según Piña Homs, una mentira histórica, ya que la conquista inicial fue en Palma, y los cristianos tardaron años en conquistar la isla por completo.

De esta manera, se contribuyó a ver «el lado negativo» de una celebración que pretendía ensalzar la heroicidad de Jaume I aquel mítico 31 de diciembre de 1229. Entre los años 40 y 50, la fiesta volvió a restaurarse. Los miembros del Ayuntamiento cargaban a los hombros el estandarte de Jaime I que contenía «las barras catalanas, no porque fuera una fiesta de Cataluña, sino porque Jaime I era catalán y así era su estandarte».

El camino iba desde Cort (la plaza del Ayuntamiento hasta la Catedral de Mallorca, y simulaba el histórico cortejo que llegaba a las antiguas murallas del centro de la ciudad en sus orígenes. «La nobleza marchaba a caballo y los gremios a pie, la celebración era de resonancia ciudadano y no implicaba a toda la isla».

Tras sufrir un cúmulo de variaciones culturales, la principal ceremonia actual es la colocación del estandarte Jaime I, en el centro de la plaza de Cort, frente al Ayuntamiento de Palma. Por otra parte, la ofrenda floral a la estatua del rey situada en la plaza de España, en el centro de la ciudad, « es una costumbre más moderna» que ha ganado importancia dentro de la celebración.

La fiesta ha perdido fuerza con los años, ya que hace siglos el 31 de diciembre no debía tener tanta relevancia festiva como adquiría en la época contemporánea. «Ahora es más complicada de realizar porque la gente celebra Noche Vieja y está muy ocupada.

Polémica con Cataluña

Por otra parte, se ve envuelta en una polémica histórica con Cataluña, desde donde aseguran que se trata de una festividad catalana. “Supongo que en la Generalitat de Cataluña no deben saber que un año después de la conquista se concede a la isla la carta de población, donde se regularon los privilegios y las franquezas de los habitantes». Piña también reivindica que se debe respetar la identidad política e histórica, y que el origen de mallorquinidad reside en la Roma antigua y la época talayótica.

La «obsesión» del nacionalismo catalán

Según el experto, desde los tiempos de la República, partidos nacionalistas de izquierdas han extendido esta visión errónea de la historia. Durante el siglo XX, el Partido Socialista de Mallorca empezó a mover el «catalanismo político». Una misión que, tras su desaparición continuaron partidos como Més y Esquerra Republicana.

Estas y otras instituciones, tal y como explica, reciben subvenciones para promover el nacionalismo catalán. Sobre todo, dice, destinan mucho dinero en Valencia y el sur de Francia, pero destaca que Mallorca también es importante en la visión que tienen de los llamados «países catalanes». Una idea con la que están «obsesionados» desde hace siglos. «Les es necesario promover que existe parte de Cataluña en el mar», añade riendo, y recuerda que debe considerarse como «chiste» un dicho histórico que escuchaba cuando era pequeño: «Mallorca es la única tierra catalana desde la que se puede ver una puesta de sol en el mar».

Algo que tiene tan poco sentido como catalanizar las zonas del sur de Francia que también integraban la Corona de Aragón, tal y como remarca. Eran reinos independientes, Mallorca tenía su soberanía real, eso tampoco lo reconocen”.

La Diada de Mallorca

Por su parte, la Diada de Mallorca es la fiesta oficial de la isla que conmemora el juramento de Jaume II, hijo del conquistador, por los privilegios del Reino de Mallorca en 1276. Una fecha que también fue trastocada por los nacionalistas cuando llegaron al Consell y perjudicó el significado real de la Fiesta del Estandarte. «Les parecía poco atractivo el 12 de septiembre, y decidieron mover la Diada al 31 de diciembre, convirtiendo esta celebración militar en una fiesta gozosa catalana», denuncia el experto.

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