Los diputados de Més per Mallorca, Marta Carrió y Lluís Apesteguia

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26/1/2026

Los diputados de Més per Mallorca, Marta Carrió y Lluís ApesteguiaMÉS PER MALLORCA

Proposición de Ley

Los 'amigos' de Bildu en Mallorca combaten ahora la «escalada bélica mundial» desde el escaño

Los nacionalistas de Més registran una proposición de ley para establecer un marco de actuación que promueva, entre otras cosas, el desarme

Los independentistas de Mallorca han decidido que gestionar una comunidad autónoma se les queda pequeño y han optado por entrar directamente en la liga de la geopolítica mundial. Més per Mallorca ha registrado en el Parlament balear una proposición de ley para combatir una supuesta «escalada bélica global», mientras mantiene intacta y sin matices su sintonía política con EH Bildu.

La propuesta, denominada «ley de fomento de la paz y la cultura de la no violencia», pretende establecer un marco de actuación pública para promover la convivencia, la resolución pacífica de conflictos, los derechos humanos y el desarme.

El pacifismo que ahora Més eleva a norma convive con una trayectoria política marcada por sus gestos de cariño hacia EH Bildu: desde el compromiso con Arnaldo Otegi de «remar juntos» por la soberanía de «sus pueblos» sellado el pasado verano en Bilbao, hasta las felicitaciones públicas por la «trayectoria» de la formación abertzale en 2021 o los elogios a su papel en el País Vasco.

La diputada Marta Carrió, impulsora de la proposición de ley, alerta de un aumento del belicismo, una escalada bélica militar y un refuerzo de las políticas de rearmamento. Frente a ese escenario, propone impulsar una ley balear que defina la paz no solo como ausencia de guerra, sino como la «presencia de justicia social, igualdad de oportunidades, sostenibilidad ambiental y respeto a los derechos humanos».

El pacifismo de Més con los escándalos del PSOE

El portavoz parlamentario de Més, Lluís Apesteguia, ha defendido que «apostar por la paz es hoy un acto de responsabilidad política y democrática» y que Baleares debe convertirse en un «referente» de una cultura de paz activa y comprometida.

Entre las principales medidas que recoge la proposición de ley figura la creación de un Consejo Balear para la Paz y la Cultura de la No Violencia, así como la elaboración periódica de un Plan Director Balear para la Paz y la Convivencia. Es decir, nuevos órganos, nuevos documentos y nuevas declaraciones de intenciones para afrontar un problema de escala planetaria desde el ámbito autonómico. Un brindis al sol.

El texto también contempla actuaciones en educación para la paz, mediación, sensibilización ciudadana, cooperación internacional, el papel de los medios de comunicación y el fomento del desarme y la llamada «seguridad humana».

La iniciativa, que ya había sido anunciada durante el último Debate de Política General, se ha registrado coincidiendo con la semana del Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Además, Més ha anunciado que acompañará el trámite parlamentario con acciones simbólicas, como el encendido de ‘talaies’ o un coloquio sobre el futuro del polvorín militar de Son Sant Joan, reforzando así el componente performativo del proyecto.

Cuando el Parlament balear juega a ser la ONU

En Baleares son conocidas las excentricidades políticas de Més. En los últimos años, el partido ecosoberanista ha ido construyendo un corpus político en el que el Parlament balear no solo legisla sobre materias propias de la comunidad, sino que opina, condena, propone y legisla simbólicamente sobre cuestiones que van desde la política exterior hasta la reorganización del mercado inmobiliario europeo o el rediseño completo del modelo económico sin un plan alternativo claro.

Desde hace tiempo, Més per Mallorca ha convertido las instituciones baleares en altavoz de posicionamientos sobre conflictos internacionales, especialmente en Oriente Próximo, Estados Unidos o la política de defensa occidental. Mociones, proposiciones no de ley y declaraciones institucionales se suceden condenando guerras, pidiendo sanciones, reclamando desarmes o exigiendo cambios en la política exterior de la Unión Europea o del Gobierno central.

Limitar la venta de vivienda

Si la política exterior simbólica ya ha generado controversia, el segundo gran eje «exótico» de Més per Mallorca va aún más lejos con su propuesta de limitar o impedir la compra de viviendas a no residentes.

Més quiere que los ayuntamientos puedan restringir la venta de casas a no residentes para hacer frente a la especulación de compradores extranjeros, inversores o ciudadanos de otras comunidades. El diagnóstico es compartido por buena parte de la sociedad balear: precios disparados, escasez de oferta y una presión inmobiliaria asfixiante.

La solución planteada, sin embargo, choca directamente con principios constitucionales y europeos, como la libre circulación de capitales, la igualdad de derechos o la unidad de mercado. No se trata de un matiz técnico, sino de un muro jurídico de primer orden que hace que muchas de estas iniciativas nazcan sabiendo que difícilmente podrían aplicarse.

Aun así, el partido insiste en llevar el debate al terreno político, incluso asumiendo que el recorrido legal sea mínimo. De nuevo, el Parlament como espacio para marcar posición, aunque esta desborde claramente las competencias autonómicas.

Decrecimiento turístico hasta 2007

El tercer gran pilar de Més per Mallorca es el decrecimiento: menos turistas, menos consumo, menos construcción, menos movilidad, menos infraestructuras.

El partido ha sido uno de los principales impulsores del discurso de que Baleares ha llegado a su límite y que la única salida sostenible es decrecer. El planteamiento conecta con una parte del electorado y con movimientos ecologistas, pero plantea una pregunta clave que rara vez obtiene respuesta concreta: ¿decrecer hasta cuántos visitantes y con qué consecuencias?

En este sentido, el partido ha sido valiente -¿o temerario?- y ha fijado la cifra, a diferencia de los socialistas de Francina Armengol, que claman por el decrecimiento pero no se mojan en cifras. Así pues, los ecosoberanistas colocaron el listón en los 13 millones de turistas anuales, es decir, en cifras similares a las de 2007.

Més quiere que las Baleares de 2026 sean las Baleares de 2007.

De nuevo, el patrón se repite: ideas potentes en lo simbólico, débiles en lo operativo. La crítica no es que se cuestione el modelo actual, sino que la alternativa se presenta de forma difusa, confiando más en el cambio cultural que en instrumentos económicos concretos.

El Parlament como espacio de ocurrencias.

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