La esposa del presidente del gobierno, Begoña Gómez, en la alfombra roja de los Premios Goya
Casa Real Similitudes y diferencias entre los casos de Begoña Gómez e Iñaki Urdangarin
Ambos utilizaron su privilegiada relación familiar como trampolín para mover voluntades
A la esposa de Sánchez se le atribuyen dos delitos por los que Urdangarin fue condenado: malversación y tráfico de influencias
Sánchez llegó a pedir a la Infanta, que fue absuelta, la renuncia a sus derechos dinásticos
Una vez terminada la instrucción de la causa contra Begoña Gómez se han hecho más evidentes las semejanzas y diferencias entre la forma de actuar de la esposa de Pedro Sánchez y la de Iñaki Urdangarin, que fue condenado a cinco años y diez meses de cárcel por cuatro delitos. Si se comparan ambos casos, estas son las principales claves:
Relación familiar privilegiada
Tanto Begoña Gómez como Iñaki Urdangarin utilizaron como trampolín su privilegiada relación familiar: Begoña como esposa del presidente del Gobierno e Iñaki como marido de la infanta Cristina. Desde esa posición movieron voluntades y consiguieron objetivos que, de otra forma, no habrían logrado. Urdangarin conseguía que las autoridades le recibieran y le contrataran, mientras que Gómez logró que le dieran una cátedra en la Complutense sin tener estudios universitarios para desarrollar una meteórica carrera profesional y que las empresas le hicieran un software gratuito, que ella puso a su nombre.
Dos delitos en común
El juez atribuye a Begoña Gómez cuatro delitos: malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca. Iñaki Urdangarin fue condenado por seis delitos: prevaricación continuada y malversación, tráfico de influencias, fraude a la Administración y dos delitos fiscales.
Reuniones en Moncloa y Marivent
Ambos utilizaron dos instituciones del Estado para sus fines privados. Mientras Urdangarin se reunió con el entonces presidente del Gobierno balear, Jaume Matas, en el Palacio de Marivent de Mallorca para presentarle sus proyectos; Begoña Gómez citó en el Palacio de la Moncloa al rector de la Universidad Complutense, Joaquín Goyache, entre otros, para pedirles que le crearan su cátedra y promoverla.
Fondos públicos para fines privados
Los dos utilizaron recursos públicos para fines privados. Urdangarin cobraba sus servicios a las Administraciones públicas y Begoña Gómez ofrecía unos máster que estaban financiados con dinero público. Aunque las empresas adelantaban el dinero, luego lo recuperaban, ya que los cursos de la esposa del presidente estaban subvencionados por el Estado mediante bonificaciones en las cuotas a la Seguridad Social.
Del Instituto Nóos a la cátedra
Ni el Instituto Nóos de Iñaki Urdangarin ni la cátedra universitaria de Begoña Gómez tenían aparentemente ánimo de lucro. Sin embargo, en el caso de Urdangarin se demostró que utilizaba esa organización dedicada al patrocinio social y deportivo como fachada para hacer negocios. En el caso de Begoña Gómez, el juez sospecha que hubo una retribución encubierta por parte de las empresas que hicieron el software gratis, que su procedimiento para acreditar a las empresas era «susceptible de explotación económica» y que la captación de fondos privados no era para la cátedra sino para «integrarlos en su patrimonio personal».
La malversación
A Urdangarin se le condenó por malversación por haber cobrado 445.000 euros a cambio de crear un Observatorio Permanente de Deporte y Turismo que nunca llegó a funcionar. A Begoña Gómez, el juez la acusa de malversación por haber utilizado a su asesora de Moncloa, Cristina Álvarez, cuyo sueldo se paga con fondos públicos, para gestionar actividades privadas en la Cátedra de Transformación Social Competitiva de la Universidad Complutense, incluyendo correos personales y la petición de financiación a empresas.
Paseillos o garaje
Una de las diferencias más destacables es que al exmarido de la Infanta se le aplicó un juicio social y mediático implacable, mientras que la esposa del presidente del Gobierno está blindada por el Gobierno y los medios afines. Tanto a Urdangarin como a la Infanta se les obligó a acceder al juzgado ante los medios de comunicación; a Begoña Gómez se le ha permitido acceder por el garaje para eludir a la prensa.
Jueces de Podemos y Sumar
Cuando se juzgó a Urdangarin y a la Infanta, nadie denunció lawfare ni uso político de la Justicia, a pesar de que algunos jueces eran claramente republicanos: el juez que instruyó el caso, José Castro, aceptó cerrar en 2023 las listas electorales de Sumar, y el presidente del Tribunal que les juzgó, Juan Pedro Yllanes, encabezó las listas de Podemos en 2015. En el caso Begoña, el Gobierno y sus ministros llevan dos años defendiendo a la esposa de Sánchez y lanzando duras críticas y descalificaciones al juez Juan Carlos Peinado, cuya relación con la política es que tiene una hija en el PP.
Del respeto a la descalificación
Mientras se juzgaba a Urdangarin y a la Infanta, la respuesta de la Casa del Rey siempre fue la misma: «Respeto absoluto a la independencia judicial». Aún así, muchos políticos de la izquierda sostenían equivocadamente que al yerno del Rey nunca se le vería en la cárcel. En el caso de Begoña, la reacción de Moncloa y de los ministros es arrojar dudas sobre los jueces y las justicia y calificar de bulos las noticias que desvelan comportamientos inadecuados y poco éticos de la esposa del presidente del Gobierno.
Lo que decía entonces Sánchez
La actitud de Pedro Sánchez ante el juicio de Urdangarin y la Infanta no tenía nada que ver con la mantiene ahora ante el juicio de su esposa. Antes, defendía que la Justicia era igual para todos, decía que «no hay nadie por encima de la ley» y llegó a exigir a la Infanta Cristina que renunciara a sus derechos dinásticos cuando todavía no había sido juzgada ni, por tanto, absuelta. «Creo que sería uno de los mejores servicios que podría hacer, no solo a la democracia, sino también a las instituciones y a la Casa Real», afirmó en 2014. La mujer de Sánchez, sin embargo, ni siquiera ha sido apartada provisionalmente de la actividad oficial, como sí lo fueron la Infanta y Urdangarin cuando empezaron las primeras sospechas de que su comportamiento no había sido ejemplar.