Personas con banderas de la estelada participan en la manifestación

Personas con banderas de la estelada participan en la manifestación

Las bases independentistas menguantes, radicalizadas y fragmentadas dificultan la investidura de Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones soñó con una Diada en la que miles de manifestantes recorrieran Barcelona reclamando «su» amnistía, pero se ha encontrado con una manifestación que pide independencia unilateral y exprés que ata de pies y manos a sus socios

Uno de cada cuatro asistentes a la manifestación de separatista del 11S del año pasado decidió dedicar su día festivo a algo distinto que ir a apoyar a ERC y Junts. La policía local de Barcelona dejo en poco más de 100.000 personas las asistentes a la manifestación convocada por la Asamblea Nacional Catalana. La melancolía se apodera de los independentistas que hace diez años reunían en una tarde como la de ayer a más de 1,5 millones de personas.

Los asistentes formaban parte de la facción más exacerbada del separatismo. Los guardianes de las esencias increparon al presidente de la Generalitat, el republicano Pere Aragonés, hasta el punto de que tuvo que abandonar la manifestación. Desde ERC intentaron maquillar el embarazoso momento alegando que ya estaba previsto que el presidente autonómico no llegará hasta el final de la concentración.

Junts pretendía que, una vez más, la manifestación se convirtiera en un acto de apoyo a sus tesis y de rechazo a ERC pero al igual que en Revolución en la Granja, las turbas se revolvieron contra los líderes y cuando la exmilitante de CiU y presidenta de la ANC, Dolors Feliu, tomo la palabra no la uso para avalar –como en otras ocasiones– a Puigdemont sino para meter en un mismo zurrón a ERC y Junts a los que acuso de autonomistas, les pidió que se «apartaran si no eran capaces de conseguir la independencia», les exigió «la convocatoria inmediata de elecciones» y soltó la bomba política al anunciar que «la ANC se convertía en un nuevo partido político independentista, Lista Cívica, que tendrá por objetivo ir al Parlament para declarar la independencia».

Mientras Feliu hablaba el público gritaba «dimisión» en referencia al gobierno de Aragonés. Posiblemente el presidente de la Generalitat era conocedor del contenido de la intervención de la presidenta de la ANC y por eso abandono la concentración precipitadamente.

La Diada se convierte en un obstáculo, un más difícil todavía para Pedro Sánchez. La manifestación de la ANC es el acto más importante que cada año convoca el independentismo y a medida que ha menguado, año tras año, la afluencia de público se ha convertido en la práctica es un monocultivo de Junts.

Puigdemont ahora ya sabe que no puede negociar con Sánchez a la baja y que la amnistía a cambio de la investidura, trueque al que el PSOE aspira, será visto por sus bases como una salida personal para Puigdemont, no como un éxito político.

Desde OMNIUM, cercano a las tesis de negociación de ERC, se intento echar un capote a los republicanos al rebajar la lista de amnistiables de 4.000 a 1.400 pero la posterior intervención de Feliu ha hecho saltar por los aires la Diada.

Puigdemont debe elegir entre pactar con Sánchez, mimetizarse con ERC y abandonar a sus bases jugándosela a un batacazo electoral en favor de la Lista Cívica y la CUP o plantear a Sánchez un todo o nada: amnistía y referéndum o en caso contrario responsabilizar a los socialistas de la repetición electoral.

Sánchez soñó con una Diada en la que miles de manifestantes recorrieran Barcelona reclamando «su» amnistía, pero se ha encontrado con una manifestación que pide independencia unilateral y exprés que ata de pies y manos a sus socios.

Si el presidente en funciones especulaba con una investidura rápida pocos días después del fracaso de la intentona de Feijóo, esa posibilidad se aleja del calendario. España no es el Reino Unido donde se apuesta a todo, pero si fuera así la tendencia a la repetición electoral cotizaría al alza por primera vez en semanas.

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