El libro póstumo de Alexandre Soler, 'El llibre d'hores perdudes'
Historias de Barcelona
El dandi mujeriego y artista que portaba «el único monóculo de Barcelona»
Truncada prematuramente, la vida de Alexandre Soler es digna de conocerse
Uno de los personajes olvidados y que contribuyeron al crecimiento del teatro en Cataluña fue Alexandre Soler i Marye. Artista polifacético, su producción se divide entre el teatro y el diseño arquitectónico de interiores. En el mundo teatral fue director artístico, guionista, compositor musical, escenógrafo, actor, bailarín, diseñador de vestuario, coreografías, y traductor. En el mundo del diseño proyectó decorados de tiendas y decoró aparadores comerciales.
Era hijo del escenógrafo Francesc Soler Rovirosa y de Alexandrina Marye. Nació en Barcelona el 4 de abril de 1878, en la calle dels Tres Llits, y murió en la misma ciudad el 16 de octubre de 1918, por la llamada gripe española. Personaje excéntrico, nunca se casó ni tuvo descendencia. Eso sí, fue muy crítico con las mujeres como veremos posteriormente.
Hablaba inglés y francés, y viajó por París, Londres y Berlín. Desde joven tuvo interés por la pintura. Su padre le hizo estudiar Derecho, licenciándose en 1900. Cursó estudios de pintura en la Academia Borrell de Barcelona. Esto lo llevó a participar en diferentes exposiciones de pintura. También tomó clases de escenografía con Mauricio Vilomara, discípulo de su padre. Feliu Elias Bracons, en la biógrafa de Francesc Soler i Rovirosa, escribe:
El carácter inconstante de Alexandre Soler i Marye no le permitió actuar con la continuidad de su padre. Tomó y dejó varias veces el arte pictórico, y desempeñó oficios diversos y heterogéneos.
Josep-Francesc Ràfols, en Diccionario Biográfico de Artistas de Cataluña, consideraba que Soler tuvo una influencia notable en la modernización de la dirección de espectáculos artísticos en Cataluña. Entre 1913 y 1916 se forjó un nombre en el ámbito artístico y cultural.
En 1913 adaptó la comedia Petit Café con Josep Maria Jordá. En 1914 es nombrado director artístico de la Fiesta de la Caridad que tuvo lugar en el Real Club de Polo de Barcelona, y escribió la obra Ohé! Ohé!. En 1915 para la obra Plastic Films pintó los decorados, proyectó el vestuario, escribió la música, diseño la coreografía, y colaboró en el texto. En 1916 realizó los decorados de La llegenda de Josep.
También fue escenógrafo de Una senyora de compromís y El curt de geri. Tradujo L’home de glas, El perfum, La tieta, La primera vegada y Zizi, todas ellas de André Rivoire. Respecto al interiorismo ,diseñó el despacho de la empresa de seda Francesc Vilumara, en la calle Caspe número 80, entre 1914 a 1915. También el Círculo de Cazadores en la Plaza de Cataluña o el escaparate de la Casa Camps en la Plaza Real. El escultor Josep Cardona Furró le dedicó una escultura.
Un hombre «chic»
Lo conocían como «Jandru», diminutivo de Alejandro. La descripción que nos presenta Luis Cabañas, seudónimo de Rafael Moragas y Màrius Aguilar, en la obra Cuarenta años de Barcelona 1890-1930. Recuerdos de la vida literaria, artística, teatral, mundana y pintoresca de la ciudad, nos da una visión bastante representativa de Alexandre Soler:
Alexandre Soler fue un asiduo del Paralelo, zona de ocio vinculada a la clase popular. Precisamente en este contexto es mencionado en la exposición y el catálogo correspondiente El Paral·lel 1894-1939: Barcelona y el espectáculo de la modernidad, definiéndolo con estas palabras: «El Jandru, hijo del escenógrafo Francesc Soler i Rovirosa, era todo un personaje de la vida callejera en el Paralelo, un dandi siempre rodeado de mujeres hermosas, que introdujo novedades importantes en la revista que se representaba en esta avenida».
Sentimentalmente se fugó con una tal Gaby d’Ivry, chanteuse del Edén Concert, con la que recorrió el mundo. Se cansó y regresó a Barcelona. Luego tuvo diferentes amantes. Se le relacionó sentimentalmente con Elena Jordi, seudónimo de Montserrat Casals, la primera mujer directora de cine de España.
Con ella colaboró artísticamente y en el plano personal. Soler fue de Elena Jordi amigo, amante, compañero, consejero económico, representante y persona de confianza. Su íntimos amigos financiaron su obra póstuma titulada Llibre d’hores perdudes. En él las mujeres quedan bastante mal paradas. Estos son algunos ejemplos:
«Las mujeres hacen como los campesinos: no es lo que dicen lo que hay que entender, sino lo que querían decir y, sobre todo, lo que callan»
«El despecho en la mujer tiene más fuerza y llega, en ciertos momentos, a lo que no llega jamás el odio en el hombre»
«Hay besos que suenan como bofetadas y dan la sensación de que nos aplastan un trozo de fruta en los labios»
«Un hombre, cuando llora de verdad, no piensa en la mueca que hace; la pena sola sobrepasa todos los demás sentimientos. ¿Ha visto alguna vez (fuera de las madres) llorar a ninguna mujer que no resulte estética?»
Es el libro de una época, de un tiempo, con el cual sus amigos quisieron cerrar su trayectoria vital. Un libro y una vida marcada por la amargura de un padre que no lo entendió y por el desprecio de las mujeres, que lo convirtieron en un misógino. Su muerte prematura truncó una carrera que estaba renovando la estética comercial y teatral de Barcelona.