La tumba del 'Santet' de Poblenou

La tumba del 'Santet' de PoblenouFerran Pestaña

Historias de Barcelona

El ‘santo’ que el Vaticano ignora pero que un barrio de Barcelona venera en secreto

El 'Santet' del Poblenou conjuga superstición e historia

En el corazón del cementerio del Poblenou de Barcelona, entre panteones neoclásicos y esculturas de mármol que lloran, hay un rincón que uno no puede dejar de pasar. Es más, es obligatorio visitarlo.

No se trata de los Milá, Pratmarso, Vilallonga, Vilumara, Arañó, Chopitea, Brusi o Cabanes, todos ellos miembros de la burguesía aristócrata barcelonesa. Tampoco estamos hablando de un mausoleo de gran belleza. Estamos refiriéndonos a un simple nicho, en el departamento 1º, isla 4 interior, nicho 138.

En ese nicho está enterrado un joven que murió hace más de un siglo. No está canonizado, ni subido a los altares, ni tiene nada reconocido por la Iglesia Católica, sin embargo popularmente todo el mundo lo conoce como el Santet, el «santito» en catalán.

El Santet no tiene milagros reconocidos. Uno de ellos cuenta que su padre era ciego. Poco antes de morir predijo que su padre, tras su fallecimiento, recuperaría la vista. Esto sucedió cuando lo enterraron. Vaticinó que moriría joven, aseguró que donde trabajaba ardería y esto ocurrió años después de su muerte.

La tradición dice que se le hace una petición o se deja una nota en el cristal de su nicho. Al marcharse uno debe hacerlo por el lado derecho del pasillo y nunca mirar atrás hasta haber salido del recinto o doblado la esquina. Si uno lo hace el deseo no se cumplirá.

Estatus de 'Santet'

Lo que realmente consolidó su estatus de Santet fue lo que ocurrió inmediatamente después de su entierro. Su nicho empezó a llenarse de flores y velas de forma espontánea. Durante la guerra civil su tumba fue respetada y protegida por los milicianos vecinos del pueblo. A pesar de todo, la Iglesia Católica nunca lo ha canonizado, ni siquiera se ha abierto un proceso formal. ¿Quién fue este santo que nunca ha subido a los altares?

Francesc Canals i Ambrós, el 'Santet' del Poblenou

Francisco Canals Ambrós, el 'Santet' del PoblenouWikimedia

Se llamaba Francisco Canals Ambrós y nació en Barcelona, en la Plaza de la Lana, el 30 de mayo de 1877. su padre tenía una tienda de alfombras. Su vida fue breve, pero marcada por la bondad y una mirada que, según se cuenta quienes lo conocieron, Parecía más allá del horizonte cotidiano. Trabajaba como dependiente en los Almacenes El Siglo, en Las Ramblas números 3, 5 y 7. Dicen que Francesc no era un empleado cualquiera. Su carisma y disposición para ayudar a los demás lo convirtieron en una figura querida por sus compañeros y compañeras de trabajo y vecinos de la zona.

Ahora bien, lo que marcaba la diferencia eran sus supuestas capacidades sobrenaturales. Dicen que tenía sueños premonitorios. Se la atribuye la predicción que esos almacenes serían pasto del fuego, lo que ocurrió el 25 de diciembre de 1932. El edificio quedó reducido a cenizas, provocando pérdidas de unos 20 millones de pesetas de la época. Tras el desastre, la empresa se trasladó a la calle Pelayo. Esto ocurrió tres décadas después de su muerte. Eso hizo que creciera la leyenda de Francesc. Predijo su propia muerte y, en su lecho de muerte, le prometió a su padre invidente que recuperaría la vista una vez él muriera. El padre, como hemos dicho, recuperó la vista.

Francesc Canals falleció el 27 de julio de 1899. Alrededor de su muerte hay un halo de misterio. Oficialmente falleció de tuberculosis. Era una enfermedad mortal que, de 1880 a 1920 supuso una muerte anual superior a las 2.500 personas. Sin embargo la leyenda prefiere explicar que murió como consecuencia de las quemaduras sufridas al intentar salvar a unos vecinos durante un incendio. Sea cual fuera la causa de su muerte, en ese momento empezó la leyenda de Francesc Canals, el Santet del Poblenou.

En un primer momento lo enterraron en un nicho alto y de difícil acceso. La cantidad de personas que acudían a pedirle favores hizo que, el Ayuntamiento de Barcelona en 1908, trasladara sus restos a su actual ubicación, mucho más accesible. Y no solo esto. EL consistorio exoneró a la familia al pago de tasas, reconociendo implícitamente la importancia social del Santet.

Exvotos

Desde entonces el cristal que protege su fotografía y su nombre está perpetuamente lleno de exvotos. Es decir, pequeñas figuras de cera que representan piernas, brazos o corazones; fotos de bebés, ramos de novia, peluches; y sobre todo papelitos. Miles de mensajes escritos a mano donde los barceloneses vuelcan sus angustias y deseos. Se le piden mil y una cosas cotidianas. Entre ellas que uno apruebe un examen, que salga bien una operación, conseguir un trabajo, encontrar novio o novia, que el matrimonio sea fructífero, y mil y una cosas cotidianas.

El supersticioso ritual para pedirle favores es estricto y a pasado de boca en boca desde el día de su muerte. Uno debe acercarse con fe, depositar el mensaje en la ranura del marco de hierro que aguanta el vidrio, hacer la petición y lo más importante, alejarse sin mirar atrás. Si uno gira la cabeza la petición nunca se cumplirá, dicen. Creyentes y no creyentes van al cementerio del Poblenou a pedirle intercesión al Santet, esperando que se cumplan sus deseos. No sabemos si accede a ellos o no. Este es uno de los grandes misterios que guarda el nicho 318.

La Iglesia Católica nunca ha reconocido los posibles milagros del Santet. Ni se han abierto procesos de beatificación ni se ha demostrado que haya contribuido a algún hecho especial.

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