Romà Casanova habla con Yasmín Páez, madre del sacerdote Mario Pallarés Páez, en los ensayos previos a la ceremonia de ordenación sacerdotal en la catedral de Vic

Romà Casanova habla con Yasmín Páez, madre del sacerdote Mario Pallarés Páez, en los ensayos previos a la ceremonia de ordenaciónRamón Balmes

Libertad religiosa

Vic busca la normalidad un año después de suspender la misa de fiesta mayor por las presiones separatistas

El obispo Casanova defiende su actuación mientras el alcalde cumple 12 meses sin condenar en público las amenazas

La ciudad de Vic (Barcelona) trata de recuperar la normalidad de las fiestas de Sant Miquel dels Sants este fin de semana, un año después del boicot independentista y de la vulneración del derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto por la inacción institucional del alcalde, Albert Castells, de la formación separatista Junts. Fue una infamia en toda regla, sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia en España.

Doce meses después de la histórica suspensión de la misa mayor en honor del patrón de la ciudad de Vic, el Ayuntamiento mantiene una postura de absoluto silencio y todavía no ha condenado las amenazas y coacciones de los grupos políticos radicales del Consistorio vicense que forzaron la cancelación del oficio. El alcalde de Vic actuó con cobardía y priorizó evitar el conflicto con los radicales independentistas de izquierdas antes que garantizar la seguridad y el derecho a la libertad religiosa.

El obispo de Vic, Romà Casanova, invitó a Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), a presidir la misa en la catedral de Sant Pere el 5 de julio de 2025 con motivo del 400º aniversario del fallecimiento de Sant Miquel dels Sants, el santo místico nacido en Vic en 1591 y cuyos restos reposan en la iglesia de San Nicolás (antiguo convento trinitario) de Valladolid.

Cargos públicos del Ayuntamiento de Vic y miembros de los partidos ERC, CUP y Vic en Comú Podem, junto con grupos de las asociaciones cívicas de comparsas de la Fiesta Mayor y los CDR, expresaron su rechazo a la presencia de monseñor Argüello en Vic y amenazaron abiertamente con boicotear la intervención del arzobispo en la catedral de Vic con protestas ruidosas y acciones violentas.

Paralelamente los Mossos d’Esquadra emitieron un informe en el que alertaban que las acciones de signo violento anunciadas por los grupos políticos radicales pondrían en riesgo la seguridad de las personas y el patrimonio artístico de la catedral, única en el mundo por la secuencia de las famosas pinturas de Josep María Sert sobre el misterio de la Redención. Estas pinturas ya fueron destruidas en 1936 por el incendio perpetrado en la catedral por grupos radicales incontrolados. Sert las reconstruyó de nuevo entre 1939 y 1945 en el que constituyó el principal y último trabajo artístico de su vida.

Entre la espada y la pared

«No hubo tiempo para reaccionar. Creo que el alcalde se encontró entre la espada y la pared», asegura el doctor Francesc Xavier Farrés, portavoz de Ara Vic, formación que permite gobernar a Junts en la ciudad. «Personalmente, lamento mucho los hechos y que en los plenos ningún partido haya dicho nada», agrega.

Albert Castells, alcalde de Vic, en un acto este miércoles en la casa Pratdesaba

Albert Castells, alcalde de Vic, en un acto este miércoles en la casa PratdesabaRamón Balmes

Amenazas, falta de protección policial, silencios al más puro estilo de una omertá mafiosa e incapacidad del alcalde Castells de asegurar el orden público. El prelado Romà Casanova se encontró solo. De un lado, el informe policial de los Mossos no hablaba en ningún momento de garantizar el derecho fundamental de la libertad religiosa consagrado en la Constitución española. De otro, la clara inacción del gobierno separatista de Junts, antes y después de las amenazas de los grupos radicales, creaba un serio problema de seguridad ciudadana.

Todos los grupos políticos del Consistorio vicense, incluído el PSC, y con la excepción de Ara Vic y Somi, asumieron en silencio las amenazas y el uso del miedo y la coerción para silenciar el ejercicio de las libertades personales y colectivas en la ciudad de Vic. «Estoy seguro que el alcalde tuvo muchas presiones», tercia el doctor Farrés.

La dirección general de la policía catalana tenía frescos en la memoria los disturbios violentos provocados por los CDR la semana anterior en Montserrat durante la visita de los Reyes al cenobio benedictino con motivo de la celebración del milenio. Los radicales intimidaron a visitantes y periodistas y actuaron con violencia frente a los antidisturbios de los Mossos.

Firmeza de la CEE

Solo la Conferencia Episcopal Española rechazó desde un primer momento la coacción de los radicales y respaldó sin fisuras el criterio del prelado Casanova de no ceder el espacio sagrado de la catedral vicense a la confrontación independentista. «Estamos al lado del obispo Casanova y entiendo perfectamente su decisión de cerrar la catedral. Es libre de invitar a quien quiera», afirma Farrés

Desde entonces los obispos españoles han mantenido una postura institucional firme frente al deterioro de la libertad religiosa en Cataluña, agudizada desde el chantaje de ERC, la CUP y los Comunes de Vic, denunciando sin rodeos la falta de garantías para celebrar la fe con normalidad.

El obispo de Vic, Romà Casanova, frente a los dos nuevos sacerdotes

El obispo de Vic, Romà Casanova, en las ordenaciones sacerdotales de hace unos díasAna Montiel Villar

Tras un año de impunidad, la gestión del alcalde independentista sigue provocando fuertes críticas entre los sectores que defienden los derechos constitucionales de las libertades religiosa, de expresión y el principio básico de igualdad, fundamentos de la libertad humana.

De cara a este fin de semana, la sombra del boicot y la pusilanimidad del alcalde separatista siguen planeando en las fiestas de Vic. Esta vez no hay informes policiales, pero el Ayuntamiento tampoco ha hecho públicos planes de seguridad específicos para blindar el séquito de Sant Miquel por las calles de la ciudad hasta la casa natal del santo, ni ha dado mayores explicaciones sobre la seguridad en los actos litúrgicos en la catedral de Sant Pere.

No es de extrañar. La seguridad ciudadana está a cargo de la polémica regidora de Junts, Elisabet Franquesa, que se hizo viral al justificar el aumento exponencial de la delincuencia en la ciudad, con una tasa de inmigración cercana al 30%, con semejante esperpento: «Vic es una ciudad rica y comercial. Y allí donde hay riqueza pasa lo que pasa».

Y añadía: «Sus dificultades de vida [la de los inmigrantes] hace que no sean conscientes de todo cuando actúan en ciertos momentos». Toda una declaración de intenciones sobre el paradigma de seguridad ciudadana que rige en la llamada capital de la Cataluña catalana, en expresión del editor y periodista Miquel Macià.

Así las cosas, persisten las dudas sobre la posible actuación de colectivos radicales en un intento de imponer su particular veto ideológico en las ceremonias de culto en honor de Sant Miquel. «Habrá medios de refuerzo». Lo dice Josep Anglada Rius, el icónico regidor de derechas y portavoz de la formación Somi.

Anglada, conocedor de los entresijos de la vida política y social de Vic, asegura a El Debate que «el año pasado existía el peligro real de que vinieran a la catedral de Vic grupos de radicales de toda Cataluña». Y añade: «La actuación del alcalde decepcionó»

Al igual que el edil Farrés, Anglada asegura que el obispo «tiene el derecho a invitar a la persona que crea conveniente. La democracia es suficientemente extensa para respetar la voluntad de los que quieren venir a la catedral. Y los que no quieren, que no vengan».

Josep Anglada, en una imagen de archivo

Josep Anglada, en una imagen de archivoEuropa Press

El obispo Romà Casanova indica a El Debate que espera una vuelta a la normalidad en los actos litúrgicos de Sant Miquel del domingo y alude a Fray Luis de León cuando se reincorpora a la Universidad de Salamanca en 1577 tras pasar un tiempo en prisión en manos de la Inquisición: «Como decíamos ayer». Y añade: «Pienso que aquí es lo mismo. Si no podíamos hacer la celebración en libertad, lo lógico era cerrar».

Resistencia y regreso a la normalidad. «Lo del año pasado fue una cosa especial. Entre unos y otros se lió. Creo que ellos tampoco eran conscientes de donde llegarían las cosas», asegura a este periódico el prelado vicense ante el ábside del presbiterio catedralicio de Vic, embellecido por el monumental mural de El Calvario de Sert desde donde parece brotar la voz divina: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Romà Casanova asegura que «se ha mantenido el respeto al obispo». Ahora bien, la diócesis de Vic, en el corazón de la Cataluña central, está marcada por una profunda secularización y por el conflicto del debate identitario. No es la primera vez que Romà Casanova ha tenido que hacer frente al escarnio independentista. Cuando fue nombrado obispo de Vic por san Juan Pablo II en junio de 2003, los nacionalistas y separatistas le pusieron la proa como habían hecho anteriormente con el obispo de Tortosa y luego cardenal de Barcelona, Ricard Maria Carles.

A lo largo de su pontificado el prelado vicense ha tratado de mantener un equilibrio entre la tradición católica y el encaje de las diferentes sensibilidades sociales y políticas de Cataluña, como se ha puesto de relieve en esta progresiva vuelta a la normalidad en las fiestas de Sant Miquel de Vic. Eso sí, en un clima de deterioro de la libertad religiosa en Cataluña: disturbios durante la visita de los Reyes a Montserrat en junio de 20025 y cancelación de la misa en honor de Sant Miquel en la Catedral de Vic el 5 de julio de 2025.

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