Imagen de la víctima Marta Calvo a la derecha, junto a su asesino Jorge Ignacio Palma, que se encuentra en prisión permanente revisable

Imagen de Marta Calvo a la derecha, junto a su asesino, Jorge Ignacio Palma, condenado a 160 años de prisiónEl Debate

Marta Calvo: la víctima de un asesino en serie que llegó desde Colombia

El Supremo impuso al autor del crimen 160 años de prisión por múltiples delitos mientras la familia sigue buscando el cadáver de la joven

Marta Calvo tenía 25 años cuando desapareció sin dejar rastro la madrugada del 7 de noviembre de 2019, tras acudir a una cita concertada a través de una página web de contactos. Su última localización, enviada por WhatsApp a su madre, situaba su teléfono en Manuel, un pequeño pueblo de la provincia de Valencia. Dos días después, al no obtener respuesta, su madre se plantó en la casa. Le abrió la puerta Jorge Ignacio Palma, un colombiano de 37 años que negó conocer a Marta. Poco después, Palma huyó. Y se inició una de las investigaciones criminales más complejas y estremecedoras de los últimos años en España.

Aquel 7 de noviembre no solo se apagó el teléfono de Marta: se activó una cadena de revelaciones macabras que acabarían destapando a un asesino en serie, adicto al sexo, la cocaína y la manipulación. Un hombre que ya había sido detenido por narcotráfico, vinculado a muertes anteriores y que practicaba con sus víctimas lo que él llamaba «fiestas blancas»: sexo con cocaína introducida en el cuerpo de mujeres, sin su consentimiento o bajo engaño.

Imagen de la sentencia donde se recogen los delitos por los que está condenado

Imagen de la sentencia donde se recogen los delitos por los que está condenadoTSJCV

El Debate ha tenido acceso a la sentencia íntegra del caso, en la que se recogen los detalles de su perfil criminal, los testimonios de supervivientes y la dura conclusión judicial: asesinato con alevosía agravado por motivos de género, en al menos tres casos, y tentativa en otros tantos.

Marta Calvo, la víctima que encendió la alarma

Marta era natural de Estivella, un pueblo de apenas 800 habitantes. Había trabajado como camarera, cajera y recepcionista. Soñaba con ser modelo. Tras una etapa difícil, había empezado a reconstruir su vida. La noche del 6 de noviembre de 2019 aceptó una cita con Jorge Ignacio Palma. Antes de entrar en su casa, le envió a su madre la ubicación exacta. Fue su último mensaje.

Según la confesión del propio acusado, que se entregó a la Guardia Civil semanas después tras permanecer escondido, Marta murió durante una de esas fiestas blancas, tras consumir cocaína durante una relación sexual. En lugar de pedir ayuda, el acusado descuartizó su cuerpo en nueve partes, lo metió en bolsas de basura y las repartió por distintos contenedores de Silla y Alzira.

Pese a que la versión de Palma fue detallada hasta lo enfermizo, explicó incluso con qué tipo de bolsa embaló el torso, nunca se halló el cuerpo de Marta. Ni en vertederos, ni en registros, ni con perros adiestrados. La falta de cadáver, que pudo favorecerle penalmente, no impidió que la justicia desmontara su coartada.

¿Que dice la sentencia?

La Audiencia Provincial de Valencia, en una sentencia dictada el 1 de septiembre de 2022, concluyó que Palma actuó con conocimiento, crueldad y desprecio total por la vida de sus víctimas. Fue condenado por:

Tres asesinatos consumados (Marta Calvo, Arliene Ramos y Lady Marcela Vargas).

Siete intentos de asesinato, todos con el mismo patrón: fiestas sexuales con mujeres a las que introducía cocaína en vagina y ano sin su consentimiento.

Abusos sexuales, delitos contra la integridad moral y contra la salud pública, con agravante de reincidencia y motivación de género.

La sentencia detalla con precisión quirúrgica cada uno de los encuentros. En todos ellos, el agresor seleccionaba a mujeres vulnerables, muchas de ellas trabajadoras sexuales, para manipularlas, drogarlas y abusar de ellas bajo la apariencia de una cita pactada.

Reincidencia y antecedentes

El historial de Jorge Ignacio Palma es tan extenso como revelador. Fue detenido por primera vez en 2004 en Badajoz por tráfico de drogas. Cuatro años después, fue arrestado en Italia como parte de un convoy que transportaba nueve kilos de cocaína. En 2017, cayó de nuevo en Pamplona por transportar droga de alta pureza. Y a pesar de las condenas, las multas y la orden de expulsión de España, seguía en libertad en 2019, alquilando pisos a nombre de su madre y ocultando su actividad.

Uno de esos inmuebles, el de L’Ollería, lo usaba para su vida cotidiana. El otro, en Manuel, era su escenario de citas sexuales. Allí llevó a Marta. Allí también murieron otras mujeres.

Jorge Ignacio Palma: Nunca he tenido intención de hacer daño ni matar

Jorge Ignacio Palma durante el juicio en junio de 2022El Debate

Según revelaron los investigadores durante el juicio, el día siguiente de la muerte de Marta, Palma llamó a tres prostitutas para concertar nuevos encuentros. Una conducta fría y sistemática, alejada de la supuesta 'muerte accidental' que pretendía justificar.

Las famosas 'fiestas blancas'

El término 'fiesta blanca' se repite en el sumario y en la sentencia. Se refiere al uso de cocaína durante el sexo, introducida en zonas del cuerpo con alta absorción, como vagina, ano, boca o pene. Según expertos forenses, esto multiplica exponencialmente el riesgo de sobredosis.

En los testimonios recogidos en la sentencia, muchas mujeres relatan cómo, tras ingerir cocaína sin saberlo o sin querer, perdieron el conocimiento, sufrieron taquicardias, desmayos y alucinaciones. Algunas de ellas, como en el caso de Marta, no sobrevivieron. Otras, lograron escapar.

Florencia, una de las primeras víctimas mortales, falleció en 2019 tras una cita con Palma en un piso de Valencia. Tenía cocaína en su mucosa vaginal. El acusado la dejó allí, agonizando, sin pedir ayuda. En otro caso, una mujer encontró piedras de cocaína en su cuerpo al ducharse y sufrió pesadillas y problemas psicológicos durante meses.

La madre que lo cambió todo

El caso de Marta no habría llegado a esclarecerse sin la determinación de su madre, que decidió seguir el rastro de su hija hasta la casa donde fue vista por última vez. Fue ella quien puso la denuncia, quien forzó a los agentes a investigar, y quien presionó para que el caso no quedara archivado como el de otras mujeres invisibilizadas por sus circunstancias.

Gracias a su empuje, se activó un protocolo de búsqueda, se cruzaron datos y se destapó el patrón. La sentencia deja claro que sin su valentía, el asesino habría seguido actuando con total impunidad.

El juicio se celebró entre junio y julio de 2022. La vista oral recogió los relatos de supervivientes, agentes de la Guardia Civil, testimonios periciales y análisis de posicionamiento telefónico. Las pruebas fueron concluyentes: Palma repetía el mismo método con diferentes víctimas, y todas coincidían en el modo de operar.

La madre de Marta Calvo, Marisol Burón, antes de entrar a la vista en la que reclama prisión permanente para el asesino de su hija.

La madre de Marta Calvo, Marisol Burón, antes de entrar a la vista en la que reclamó prisión permanente para el asesino de su hijaEFE

Pese a la ausencia del cuerpo de Marta Calvo, el Tribunal del Jurado lo consideró irrelevante dada la solidez del resto de indicios y la propia confesión del acusado. Se desmontó su versión de 'muerte accidental' y se consideró que actuó con intención de matar, en un contexto de dominio y sometimiento a mujeres. Fue condenado a 159 años y 11 meses de prisión.

Una pregunta sin respuesta

A día de hoy, el cuerpo de Marta Calvo sigue sin aparecer. Palma nunca reveló con exactitud dónde depositó los restos, si es que realmente lo hizo donde dijo. La Guardia Civil peinó durante meses vertederos en Dos Aguas, Quart y Guadassuar, sin éxito. El gerente de uno de ellos aseguró que sería «imposible que pasaran por alto restos humanos». Otros dejaron abierta la posibilidad.

La única verdad sobre lo que ocurrió aquella madrugada solo la conoce Jorge Ignacio Palma. Y, como subraya la sentencia, su silencio ha impedido cerrar el duelo, entregar el cuerpo a la familia y confirmar la causa exacta de la muerte.

Imagen de archivo de la Guardia Civil buscando el cuerpo de Marta en el vertedero municipal de Dos Aguas, Valencia

Imagen de archivo de la Guardia Civil buscando el cuerpo de Marta en el vertedero municipal de Dos Aguas, ValenciaGuardia Civil

El caso de Marta Calvo ha marcado un antes y un después en la percepción pública sobre los delitos sexuales, el uso de drogas como arma de control y la capacidad del sistema judicial para condenar sin cadáver. Es, también, un recordatorio del valor de la persistencia de las familias, de la importancia de reconocer patrones y de la necesidad de que la justicia actúe antes de que sea demasiado tarde.

Marta no fue la primera, y no fue la única. Pero su historia permitió poner nombre y rostro al horror. Y encerrar, por fin, a un depredador que durante años operó con total impunidad.

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