Imagen de archivo de un festejo de bous al carrer en un municipio de Castellón
La doble moral de la izquierda con la Fiesta Nacional: un Ayuntamiento del PSOE paga cinco toros cerriles para su exhibición
La contradicción de la izquierda con respecto a la tauromaquia se ha convertido en un fenómeno cada vez más evidente. A nivel nacional, partidos como PSOE, Compromís o incluso Podemos en su momento, se muestran firmes en sus discursos contra el maltrato animal, promueven leyes más restrictivas y defienden la necesidad de poner fin a los espectáculos que implican sufrimiento de animales. Sin embargo, en la Comunidad Valenciana, esos mismos partidos actúan de manera muy distinta, ya que no solo permiten los festejos taurinos en los municipios que gobiernan, sino que además los financian, los promocionan y los integran en el corazón de sus programas festivos.
La realidad política se dobla ante la fuerza de la tradición y en tierras valencianas, la tauromaquia forma parte del ADN cultural de muchos pueblos, donde encierros, bous al carrer, toros embolados y recortadores siguen siendo actos centrales de las fiestas patronales. Ningún ayuntamiento gobernado por fuerzas de izquierda ha dado el paso de eliminar estas celebraciones. Conscientes del rechazo vecinal y del coste electoral que conllevaría un movimiento semejante, optan por mantenerlos, aun a costa de traicionar sus propios discursos nacionales sobre bienestar animal.
El ejemplo más reciente de esta doble moral se encuentra en Almenara, en la provincia de Castellón. El municipio celebrará durante sus fiestas patronales la exhibición de doce toros cerriles, de los que cinco de ellos han sido adquiridos directamente por el Ayuntamiento, gobernado por la socialista Estíbaliz Pérez, en coalición con concejales del PSOE, Compromís y el Partido Popular. Los otros siete astados proceden del patrocinio de peñas locales.
La programación arranca con la tradicional 'desencaixonà' y continúa con reses de ganaderías de prestigio, como Cebada Gago, Torre de Onofre, María Antonia de la Serna, El Cortijillo y Alcurrucén, entre otras. La concejala de Fiestas, Débora Marín, del partido socialista, ha subrayado que este año han diseñado un cartel «con ejemplares de reconocidas ganaderías» y ha agradecido la implicación de las asociaciones que colaboran en los festejos. En la práctica, el Consistorio no solo avala, sino que impulsa una programación taurina que ocupa un lugar central en la agenda festiva.
Casos contradictorios en la izquierda
Lo ocurrido en Almenara no es un hecho aislado. En Vila-real, también gobernada por una coalición de PSPV-PSOE y Compromís, el mes de septiembre estuvo marcado por un homenaje a los 650 años del primer acto taurino documentado en la ciudad, en 1375. Con motivo de las fiestas de la Mare de Déu de Gràcia, el Consistorio rindió tributo a siete siglos de historia taurina con un programa que incluyó ganaderías de renombre y el estreno de un pasodoble compuesto para la ocasión. La conmemoración fue presentada como un acontecimiento cultural, histórico y turístico, y contó con el respaldo explícito del Ayuntamiento.
Y es que la paradoja resulta evidente. Mientras en las grandes ciudades españolas como Madrid o Barcelona los mismos partidos rechazan frontalmente la tauromaquia y presumen de medidas contra el maltrato animal, en localidades valencianas como Almenara o Vila-real suavizan su discurso, conscientes de que enfrentarse a estas tradiciones supondría un riesgo político demasiado alto. La Comunidad Valenciana es, de hecho, el epicentro de la tauromaquia en España. Solo en 2024 se celebraron unos 9.135 festejos, de los cuales el 53 % tuvieron lugar en la provincia de Castellón. Allí, el 93,3 % de los municipios organizaron algún tipo de acto taurino, prolongando las celebraciones a lo largo de 245 días del año. Un calendario que convierte al territorio en la región con mayor densidad de festejos populares taurinos de todo el país.
Contradicción en el ámbito nacional
Esta tensión interna en el PSOE y en sus socios se refleja también en el ámbito legislativo nacional. Mientras desde el Ministerio de Cultura se impulsan medidas restrictivas contra la tauromaquia, la dirección socialista no ha querido fijar una postura clara en torno a la Iniciativa Legislativa Popular que pretende eliminar la consideración de la tauromaquia como Bien de Interés Cultural en España. El resultado es un partido dividido, atrapado entre la presión de sus bases más urbanas y animalistas y el peso de las tradiciones festivas en territorios como la Comunidad Valenciana, donde la plaza y la calle siguen marcando la verdadera frontera de su discurso político.
Los defensores de los bous al carrer insisten en que estas celebraciones son un motor económico y turístico insustituible, capaz de atraer a miles de personas y de dinamizar la hostelería, el comercio y hasta las ganaderías que crían animales expresamente para estos festejos. Los detractores, por el contrario, denuncian que el dinero público se destina a sufrimiento animal y que los argumentos culturales encubren lo que consideran un anacronismo incompatible con los valores del siglo XXI. Entre ambos polos, los gobiernos locales socialistas y nacionalistas se mueven con equilibrios frágiles, obligados a reconocer lo que rechazan en sus propios programas electorales.
El caso de Almenara y Vila-real muestra cómo el discurso progresista sobre bienestar animal se diluye en cuanto se topa con la fuerza de las tradiciones festivas. Una doble moral que, lejos de resolverse, se repite año tras año en la Comunidad Valenciana, donde la tauromaquia no solo resiste, sino que se expande bajo el paraguas institucional de quienes, en otros territorios, se declaran sus más firmes opositores.