Vecinos de la Babilonia en una de las viviendas que el Gobierno quiere derribar

Vecinos de la Babilonia en una de las viviendas que el Gobierno quiere derribarEl Debate

Sánchez condena al derribo las casas de Babilonia pese a la protección valenciana: «Nos obligan a desaparecer»

La historia centenaria de este barrio de Guardamar del Segura choca con la Ley de Costas y con la decisión del Gobierno de recurrir la norma autonómica que intentaba salvarlo

En Guardamar del Segura, en la costa de Alicante, el conflicto por las casas de la playa de Babilonia no se vive como un expediente administrativo, sino como una cuenta atrás vital. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez refuerza su decisión de ejecutar los derribos y el Consejo de Estado avala recurrir la Ley valenciana de Costas, decenas de familias siguen pendientes de una resolución que puede borrar de un plumazo un siglo de historia. «Esto no es justicia. Nos obligan a desaparecer sin ofrecer nada a cambio. Ni soluciones, ni sensibilidad, ni humanidad. Solo silencio».

La frase, pronunciada por una de las vecinas afectadas, resume el sentimiento generalizado en este enclave singular del litoral alicantino. No es nueva. El Debate ya contó en julio la historia personal de Clara y de su casa, construida hace 95 años. Hoy, su testimonio sirve para poner rostro a una realidad colectiva que se agrava con cada decisión política tomada lejos de la playa que esas viviendas ayudaron a proteger.

La batalla ha entrado en su fase más cruda en los últimos meses. El mismo día en que el presidente de la Generalitat Valenciana pidió en la Moncloa a Pedro Sánchez que retirara los recursos contra leyes autonómicas, el Consejo de Estado dio luz verde a impugnar ante el Tribunal Constitucional la Ley valenciana de Costas. En la práctica, el dictamen deja sin cobertura el principal intento del Consell por frenar los derribos y refuerza la estrategia del Ejecutivo central de aplicar la Ley de Costas sin concesiones.

La sensación de desamparo entre los vecinos se vio acentuada por una coincidencia difícil de digerir. Ya en septiembre, la Generalitat firmó la suspensión cautelar de cualquier intervención sobre las casas de Babilonia al considerar que su demolición podría causar daños irreversibles a unos valores patrimoniales aún en evaluación. Treinta minutos después, el Ministerio para la Transición Ecológica cerró la última vía administrativa de los afectados al inadmitir su recurso extraordinario de revisión. «Puede ser una casualidad en la coincidencia de los tiempos para resolver una cuestión que afecta a la vida de tantas personas o que tengan mucha prisa en derribar las casas que llevan ahí un siglo», lamenta uno de los afectados en declaraciones a este periódico.

Un barrio para salvar al pueblo

Las casas de Babilonia no surgieron al margen del interés público. Al contrario. Su origen está íntimamente ligado a la historia de Guardamar del Segura y a una grave amenaza ambiental a comienzos del siglo XX. La desertización de la cuenca del Segura provocaba el avance imparable de las dunas hacia el casco urbano, cubriendo cultivos y viviendas. Para frenarlo, el ingeniero de montes del Estado Francisco Mira diseñó una solución pionera: fijar las arenas mediante vegetación y reforzar esa barrera con una primera línea de edificaciones.

Imagen de las viviendas de la playa de la Babilonia desde el mar

Imagen de las viviendas de la playa de la Babilonia desde el marEl Debate

Así nació esta colonia de veraneantes, primero con casetas de madera y después con viviendas de obra, levantadas sobre terrenos de la Jefatura de Montes Públicos. A partir de 1934, el Ministerio de Fomento transformó las autorizaciones en concesiones administrativas que dejaban clara su finalidad. Lo decían literalmente: las casas «contribuirán al embellecimiento de la Playa de Guardamar (…) servirán como barrera para sostener los movimientos de las arenas tan peligrosos en ella y además para proporcionar trabajo a los obreros, evitando su paro».

Lejos de ser un problema, fueron parte de la solución. Y lo continuaron siendo durante décadas.

Un valor extraordinario

El conjunto de Babilonia es un ejemplo singular de arquitectura vernácula mediterránea de principios del siglo XX. Viviendas unifamiliares de planta baja, alineadas paralelamente al mar, con patios interiores, suelos hidráulicos, puertas de madera y ventanas altas pensadas para la ventilación natural. Casas adaptadas al entorno y a un uso estacional, donde la playa y el espacio exterior formaban parte de la vida cotidiana.

Pero su valor no es solo arquitectónico o paisajístico. Es, sobre todo, etnológico. En estas casas se han tejido durante generaciones relaciones vecinales, tradiciones compartidas y una forma de habitar el litoral basada en la convivencia y el respeto al entorno. Muchas de esas costumbres siguen vivas hoy, lo que convierte a Babilonia en un patrimonio activo, no en una postal del pasado.

El golpe administrativo

El conflicto se agravó tras la revisión del deslinde por parte del Ministerio para la Transición Ecológica. Pese a contar con concesiones legales otorgadas por el propio Estado, los propietarios pasaron a ser considerados ocupantes ilegales del dominio público marítimo-terrestre. El Gobierno no solo exige el desalojo, sino que obliga a los vecinos a asumir los costes de demolición de sus propias viviendas.

Porche de las viviendas a pie de la playa en Guardamar del Segura (Alicante)

Porche de las viviendas a pie de la playa en Guardamar del Segura (Alicante)El Debate

Frente a ello, la Generalitat Valenciana defendió la conservación del conjunto mediante su declaración como «núcleo urbano con especiales valores etnológicos», figura que la nueva Ley autonómica de Costas pretende reforzar. La suspensión cautelar frenó el derribo previsto para el 15 de septiembre, pero la impugnación de la norma autonómica amenaza con dejarla sin efecto.

La Diputación de Alicante también intervino, aprobando una moción para reclamar la paralización de los derribos mientras se tramitaban esas declaraciones de valor etnológico. La iniciativa salió adelante sin votos en contra, pero con la abstención del PSOE y Compromís, un gesto que los vecinos interpretaron como falta de compromiso.

Soledad institucional en Guardamar

En el ámbito local, el malestar se dirige directamente al Ayuntamiento. Los vecinos se sienten abandonados por su alcalde, el socialista José Luis Sáez, al que reprochan no haber liderado ninguna vía de diálogo ni haber impulsado una mesa de trabajo para buscar soluciones. Desde la oposición municipal, la portavoz del Partido Popular, Marisol Gallud, denuncia «pasotismo» y una falta absoluta de implicación.

Gallud advierte además de que el derribo no traerá los beneficios ambientales que algunos prometen. «Quienes creen que tras el derribo se ganarán metros de playa están muy equivocados. El mar avanza, y detrás de estas casas está la pinada, nuestro pulmón natural. Si no están las casas haciendo de pantalla, el mar llegará a ella y la matará».

Una decisión más allá de Babilonia

Lo que ocurre en Guardamar del Segura ya no es solo un problema local. Es un símbolo del pulso entre el Gobierno central y las comunidades autónomas que no son de su color político, y de una aplicación de la Ley de Costas que muchos consideran ciega a la historia y a las personas. Mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez cierra filas para ejecutar los derribos, decenas de vecinos siguen esperando una solución que no pase por la piqueta.

«Esto no es justicia. Nos obligan a desaparecer sin ofrecer nada a cambio». La frase vuelve, como un eco, entre patios y terrazas. No como una novedad, sino como una advertencia. Porque si las casas de Babilonia caen, no será solo un derribo. Será la desaparición de un barrio entero del mapa y de la memoria del litoral alicantino. Esto también es memoria histórica.

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