Imagen, de los menores asesinados en Macastre en la parte de arriba, y las menores asesinadas en Alcàsser en la parte de bajo

Imagen de los menores asesinados en Macastre en la parte de arriba, y las menores asesinadas en Alcàsser en la parte de abajoMarian Moncho

La diferencia entre el caso Macastre y el de Alcàsser: de triple crimen olvidado a espectáculo televisivo

El 'true crime' rescata para la memoria colectiva los asesinatos anteriores a los de las niñas de la localidad valenciana

Hubo un tiempo en el que un crimen podía estremecer a una provincia entera y, aún así, no convertirse en un fenómeno nacional. Podía ocupar páginas de periódico, movilizar batidas, llenar conversaciones en los pueblos cercanos y dejar una herida abierta durante décadas. Pero si no encontraba el altavoz adecuado, si no irrumpía en la televisión en el momento preciso, si no había una figura capaz de sostener el dolor ante las cámaras, quedaba condenado a una forma extraña de olvido. Eso fue, en parte, lo que ocurrió con el caso Macastre.

En enero de 1989, tres adolescentes valencianos: Rosario Isabel Gayete Muedra, Francisco Valeriano Flores Sánchez y María Pilar Ruiz Barriga, desaparecieron tras salir hacia la zona de Catadau con la intención de acampar. Sus cuerpos fueron apareciendo escalonadamente entre enero y mayo de ese mismo año en distintos lugares: Rosario, en una caseta de Macastre; Valeriano, meses más tarde, cerca de la misma zona; y Pilar, mutilada, en un canal de riego de Turís. El caso quedó sin culpables, sin una explicación definitiva y con demasiadas preguntas todavía abiertas.

Casi cuatro años después, el 13 de noviembre de 1992, Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández desaparecieron cuando se dirigían a una fiesta en una discoteca de Picassent. Sus cuerpos fueron hallados el 27 de enero de 1993 en el paraje de La Romana, en Tous. El caso Alcàsser no solo conmocionó a España: cambió para siempre la forma de contar los sucesos en televisión.

La diferencia entre ambos casos no está únicamente en los hechos. Tampoco en el horror. Está, sobre todo, en el relato.

Dos crímenes, dos Españas

La tentación más inmediata ha sido siempre comparar Macastre y Alcàsser por sus coincidencias: tres adolescentes, la provincia de Valencia, desapariciones, violencia extrema, incógnitas y una serie de lugares que han alimentado teorías durante años. Sin embargo, la desigualdad más importante entre ambos casos no es criminal, es mediática.

Macastre ocurrió en 1989. Alcàsser estalló entre 1992 y 1993. Apenas pasan cuatros años de un crimen a otro, pero en términos de comunicación parecían dos épocas distintas. Así lo resume Manuel Gimenez, creador de contenido especializado en true crime y responsable del canal El Rincón del Disidente, en una entrevista realizada por El Debate: «La España de 1989 no es la España del 92. La España del 92 es la España de la Expo, de los Juegos Olímpicos, es la entrada de las televisiones privadas». Para Gimenez, el contexto fue decisivo: «La España del 89 era una España de provincias, donde lo que pasaba en el pueblo de al lado no te enterabas. La difusión era mucho más compleja».

Ahí está una de las claves. Macastre pertenecía todavía a una España de periódicos, radios, teletipos y conversaciones locales. Alcàsser, en cambio, irrumpió en una España que ya empezaba a mirar el dolor en directo.

Llamar «desconocido» al caso Macastre sería inexacto. En la prensa valenciana tuvo cobertura, generó alarma y ocupó durante un tiempo espacio relevante en las páginas de sucesos. Hubo titulares, batidas, hipótesis, sospechosos y atención informativa. Pero no alcanzó la misma dimensión nacional que Alcàsser.

Giménez rechaza la idea de que Macastre no fuera famoso. Según explica, en el expediente judicial constan «más de 200 recortes de prensa valenciana, de ABC, de Las Provincias, de Levante-EMV, de Diario 16» hablando del caso. La diferencia, insiste, fue el alcance: «Otra cosa es que fuera a nivel nacional».

Ese matiz lo cambia todo. El primero existió en la hemeroteca, el segundo entró directo en los hogares. En los años noventa, la televisión no se limitaba a contar. Amplificaba, emocionaba, repetía y convertía una investigación criminal en relato colectivo.

El día que el morbo se convirtió en noticia

La propia prensa de la época detectó muy pronto que algo se estaba desbordando. El Debate ha accedido a la hemeroteca valenciana para confirmar que, apenas tres días después del hallazgo de los cuerpos de Miriam, Toñi y Desirée, Levante-EMV publicó una página bajo el titular: «Duras críticas a TVE y Antena 3 por los programas de Alcácer». El texto recoge el rechazo al tratamiento televisivo del caso y al morbo con el que se había informado del crimen. En la misma página aparece otra pieza titulada «Alimentar el morbo», centrada en las críticas a unos programas especiales que habían situado el dolor de las familias en el centro de la emisión.

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Imagen de los recortes de prensa del 30 de enero de 1993Hemeroteca Valenciana

Ese recorte es importante porque demuestra que el debate ético no nació años después. Nació en caliente. Mientras España seguía conmocionada, ya había voces que denunciaban que la televisión había cruzado una línea.

Macastre no tuvo ese debate nacional porque nunca llegó a ocupar ese lugar. Alcàsser sí. La pregunta dejó de ser solo qué había pasado y empezó a ser también cómo se estaba contando. Una página fechada el 2 de junio de 1997 lo resumía con un titular demoledor: «Alcàsser dispara la audiencia del Mississippi». El programa de Pepe Navarro, Esta noche cruzamos el Mississippi, consiguió su audiencia más alta del año gracias al juicio. Según el gráfico publicado entonces, el espacio pasó de un 23,6 % de share en abril a un 31,9 % en mayo, coincidiendo con el inicio de la vista oral. En los días de mayor interés, la curva llegó incluso al 38,9 % de cuota de pantalla.

El dato ayuda a entender la diferencia entre los dos casos. Macastre fue noticia. Alcàsser fue también audiencia. Y esa audiencia convirtió el crimen en un contenido permanente: entrevistas, testimonios, debates, sospechas, juicios paralelos y teorías que todavía hoy sobreviven en internet.

Imagen del recorte de prensa de la audiencia del Mississippi

Imagen del recorte de prensa de la audiencia del MississippiHemeroteca Valenciana

La figura de Fernando García

En la construcción pública del caso Alcàsser hubo una figura imposible de separar del fenómeno: Fernando García, padre de Miriam. Su presencia constante en televisión, su capacidad para sostener el caso ante las cámaras y su voluntad de mantener viva la búsqueda de respuestas fueron decisivas.

Giménez lo define como el «elemento amplificador y troncal» entre ambos casos. A su juicio, si Miriam García no hubiera estado entre las víctimas, probablemente Alcàsser habría tenido otro recorrido mediático: «Fernando García se propuso que todo el país supiera lo que había ocurrido, y utilizó todos los medios posibles para ello», explica.

Macastre no tuvo una figura equivalente. No hubo una familia convertida en símbolo televisivo, ni una campaña sostenida ante las cámaras, ni un rostro que vertebrara el dolor colectivo. Las víctimas quedaron más ligadas al expediente judicial que a la pantalla. Eso no hizo el caso menos grave. Lo hizo prácticamente invisible.

También hay una diferencia narrativa. Alcàsser ofrecía a los medios una estructura clara: tres niñas desaparecen juntas, sus familias las buscan, aparecen los cuerpos, se señalan sospechosos, hay una fuga, un detenido, un juicio y una condena.

Macastre era más incómodo para el relato. Los tres jóvenes desaparecieron juntos, pero sus cuerpos aparecieron separados en el tiempo y en el espacio. Las causas de la muerte no ofrecían la misma claridad. Las hipótesis se multiplicaron sin que ninguna terminara cerrando el caso. No hubo un culpable identificado ni una versión judicial capaz de ordenar todas las piezas.

Desde el punto de vista del true crime, precisamente por eso es un caso magnético. Pero para los medios de finales de los ochenta resultaba más difícil convertirlo en una historia sostenida. Giménez lo plantea así: «Macastre es mucho más interesante desde el punto de vista del caso en sí. Tiene muchas más incógnitas: tres víctimas con circunstancias de muerte completamente diferentes, sin una explicación clara a día de hoy».

La verdadera diferencia

Macastre y Alcàsser no se diferencian porque uno fuera un crimen menor y el otro mayor. Tampoco porque uno mereciera memoria y el otro no. La diferencia está en el contexto, en los medios y en la forma en que España aprendió a mirar el horror.

Macastre fue un caso de prensa, de provincia, de incógnitas dispersas y sin altavoz nacional. Alcàsser fue el crimen que encontró una televisión en plena expansión, una audiencia dispuesta a seguir cada giro y una maquinaria mediática capaz de transformar la tragedia en espectáculo. Uno quedó en la hemeroteca. El otro se instaló en la memoria colectiva.

Y ahora, en plena fiebre del true crime, Macastre regresa con una pregunta que va mucho más allá del crimen: ¿qué convierte a unas víctimas en símbolo de todo un país y a otras en una historia que hay que rescatar casi cuatro décadas después?

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