Manuel de Oliveira, Director Comercial de Grupo Amper, y Vicente Gª-Almarza, Director de Sistemas de Protección, en la unidad de negocio de Defensa y Seguridad Nacional
Industria militar | Entrevista Dos directivos de Amper explican el sistema de defensa multicapa: «Es clave contra ataques de drones en entornos saturados»
Manuel de Oliveira, Director Comercial de Grupo Amper, y Vicente Gª-Almarza, Director de Sistemas de Protección, en la unidad de negocio de Defensa y Seguridad Nacional, explican el sistema de defensa multicapa de Amper capaz de integrar sistemas de gestión de fuegos y de drones propios
La reciente campaña de experimentación C-UAS desarrollada por el Ejército de Tierra en el Campo de Maniobras y Tiro Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), ha servido de banco de pruebas para un concepto que puede marcar un punto de inflexión en la defensa frente a drones en España: la integración multicapa de sensores, efectores y sistemas de mando y control en una arquitectura común.
En una entrevista concedida a El Debate tras el ejercicio, Manuel de Oliveira, Director Comercial de Grupo Amper, y Vicente Gª-Almarza, Director de Sistemas de Protección, en la unidad de negocio de Defensa y Seguridad Nacional, explican en detalle el papel desempeñado por su compañía y, sobre todo, el enfoque conceptual que subyace tras el proyecto. Ambos coincidieron en que la clave no está en un sensor concreto ni en un inhibidor determinado, sino en la capacidad de «integrar cualquier sensor y cualquier efector en tiempo récord».
Una amenaza cambiante
Oliveira contextualizó la experimentación dentro de la evolución doctrinal derivada de los conflictos recientes, en particular el de Ucrania. A su juicio, el Ejército de Tierra busca dar respuesta a «una amenaza nueva que está evolucionando de una manera muy rápida», lo que obliga a abandonar los sistemas cerrados y autocontenidos para avanzar hacia una arquitectura abierta y escalable.
La explicación para entender cómo funciona la defensa multicapa.
En términos sencillos, definió el sistema multicapa como aquel que no se limita a proteger un perímetro con un conjunto de sensores e inhibidores, sino que integra diferentes niveles de detección y neutralización: desde detectores de radiofrecuencia en primera línea hasta radares de mayor alcance, sistemas de artillería antiaérea o incluso medios de fuego indirecto capaces de actuar sobre el operador del dron.
La diferencia, subrayó, es pasar de un «sistema antidron aislado y autocontenido» a una red coordinada que permita una visión operativa más amplia y una orquestación superior en el teatro de operaciones.
Vicente García reforzó esa idea al señalar que la virtud de la plataforma desarrollada por su empresa es «su flexibilidad» y su capacidad de interoperar con distintos sensores y sistemas de mando y control, tanto actuales como futuros. En su planteamiento, la neutralización eficaz no depende de un único efector, sino de «la suma de las capacidades de todos esos sensores, interceptores y efectores que se integran en la plataforma».
Vicente Gª-Almarza, Director de Sistemas de Protección de Amper, en la unidad de negocio de Defensa y Seguridad Nacional
Fusión de datos
Uno de los aspectos más técnicos abordados en la conversación fue el proceso de fusión de datos. Oliveira explicó que, en un entorno multicapa, una misma amenaza puede ser detectada simultáneamente por distintos sensores: un radar de corto alcance, un radar de artillería antiaérea y un detector de radiofrecuencia, por ejemplo.
El reto consiste en evitar duplicidades o errores de interpretación. «Tengo que saber si estoy hablando de tres amenazas distintas o de una misma amenaza», resumió. El sistema integra las distintas trazas recibidas y las fusiona para ofrecer al operador una única imagen coherente.
Nivel de riesgo
Esa imagen no se limita a la posición del dron. También incluye una clasificación del nivel de riesgo en función de parámetros como el tipo de señal detectada, la presencia o no de control por radiofrecuencia o el comportamiento cinemático del aparato. No es lo mismo —explicó— un dron comercial remotamente pilotado que puede ser inhibido con relativa facilidad que uno que vuela de forma autónoma o con guiado más sofisticado, donde los inhibidores tradicionales pierden eficacia.
El sistema, en consecuencia, no toma decisiones automáticas, pero sí sugiere al operador el efector más adecuado según el perfil de amenaza, manteniendo siempre el control humano en la decisión final.
Identificación amigo-enemigo
Otro elemento crítico es la identificación amigo-enemigo (IFF) aplicada al entorno de los sistemas no tripulados. En un teatro de operaciones moderno conviven drones propios, aliados y potencialmente hostiles. Distinguirlos es esencial para evitar interferencias o fratricidios.
Oliveira explicó que la integración con sistemas de gestión de misiones de drones propios permite recibir en tiempo real la posición y trayectoria de los medios autorizados. Esa información se fusiona con las trazas radar y de radiofrecuencia. Cuando ambas coinciden, el sistema identifica la aeronave como amiga; cuando no existe correspondencia con ninguna misión autorizada, la clasifica como amenaza potencial.
En palabras del directivo, el sistema no hace «otra cosa» que cruzar datos, pero esa capacidad de correlación resulta decisiva en un entorno saturado donde múltiples sensores generan información simultánea.
Más allá del derribo: tomar el control
La conversación también abordó la neutralización no cinética. Ante la pregunta sobre la posibilidad de tomar el control de un dron enemigo y obligarlo a aterrizar, Oliveira matizó que esa capacidad existe para determinados modelos comerciales cuyo protocolo de control es conocido.
En esos casos, el sistema puede «sobreponerse a la señal del operador» mediante una emisión de mayor potencia y asumir el control del aparato para dirigirlo hacia una zona segura. Sin embargo, subrayó que esta técnica tiene limitaciones claras y resulta eficaz fundamentalmente frente a drones comerciales con protocolos estándar.
Manuel de Oliveira, Director Comercial de Grupo Amper
El directivo recordó que la evolución del conflicto en Ucrania ha demostrado que las amenazas se adaptan rápidamente. Hoy proliferan, por ejemplo, drones guiados mediante fibra óptica, sin enlace radiofrecuencia susceptible de ser interferido. «Ahí no hay RF ni hay protocolos de comunicación que interceptar», explicó, lo que obliga a disponer de capas adicionales de defensa y de medios cinéticos cuando sea necesario.
Reducción de tiempos
Preguntado por la reducción de tiempos de reacción lograda en las pruebas, Oliveira admitió que no disponía de datos comparativos oficiales, ya que la evaluación corresponde a los operativos del Ejército. No obstante, indicó que el interés creciente de la Fuerza Terrestre y la progresiva ampliación de las integraciones en cada ejercicio evidencian una mejora incremental.
Desde las primeras pruebas hasta la campaña en Viator, se han realizado varias experimentaciones, cada una con un nivel mayor de integración. Según explicó, el proceso es evolutivo: primero se integraron determinados radares; después, sistemas de gestión de fuegos; y ahora se trabaja en la conexión con el sistema de mando y control del Ejército de Tierra.
Está prevista una nueva experimentación en Viator con un nivel de integración aún más amplio, en la que se abordarán nuevos retos técnicos identificados en la fase anterior.
Aplicaciones militares y civiles
Aunque el escenario más exigente es el militar, ambos directivos coincidieron en que la arquitectura puede adaptarse a la protección de infraestructuras críticas civiles. Oliveira mencionó como ejemplos aeropuertos, centrales energéticas o instalaciones sensibles donde un dron no autorizado puede provocar la paralización de la actividad.
El proyecto constituye «un ejemplo muy bueno de integración de distintas capacidades nacionales»
El caso militar, sin embargo, es el más complejo por la sofisticación de las amenazas y la coexistencia de múltiples sistemas propios y aliados. Precisamente por ello, la solución desarrollada en el marco del Ejército de Tierra representa, en su opinión, el máximo nivel de exigencia técnica.
De la vigilancia del Estrecho al C-UAS
La base tecnológica del sistema no parte de cero. Oliveira recordó que la experiencia de su compañía en mando y control se remonta a la implantación del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) en el Estrecho a comienzos de la década de 2000. Aquel sistema ya integraba radares y cámaras para ofrecer una imagen unificada de la frontera marítima. La actual solución C-UAS es, según describió, una evolución de aquella filosofía: integrar sensores heterogéneos y ofrecer una imagen operativa común. Lo que cambia son los efectores y la naturaleza de la amenaza.
En la configuración específica ensayada con el Ejército, el sistema aún no está desplegado de forma operativa permanente; la experimentación está sirviendo precisamente para evolucionarlo y adaptarlo a los requisitos militares.
Industria coordinada y colaborativa
Uno de los mensajes más reiterados por Oliveira fue la importancia de la colaboración industrial. A su juicio, el proyecto constituye «un ejemplo muy bueno de integración de distintas capacidades nacionales» y demuestra que la competitividad no depende únicamente del tamaño empresarial.
En un contexto en el que se habla con frecuencia de crear grandes campeones nacionales de defensa, el directivo defendió que «el tamaño es una consecuencia, no una causa». Recordó que los grandes grupos europeos son fruto de una ambición estratégica sostenida durante décadas por sus Estados, y advirtió de que tratar de crear artificialmente un ‘campeón’, en lugar de permitir que surja de la propia dinámica competitiva del sector, puede resultar contraproducente.
La apuesta por la integración multicapa refleja un cambio de paradigma: «el sensor que necesitaremos mañana no lo conocemos hoy»
La alternativa, según su visión, pasa por articular un ecosistema en el que empresas tractoras coordinen y orquesten capacidades altamente especializadas de pymes y compañías medianas innovadoras. «Ninguno de nosotros, de manera independiente, sería capaz de dar el servicio completo», reconoció, pero la integración conjunta permite ofrecer una solución sólida y adaptable.
Vicente García sintetizó el planteamiento al afirmar que el valor añadido radica en «saber qué está volando, para qué y qué hacer al respecto», algo que solo es posible mediante fusión de datos e interoperabilidad multicapa.
Ambos directivos de AMPER coincidieron en que el Ejército de Tierra está utilizando estas campañas para anticiparse a un campo de batalla en transformación acelerada. La proliferación de drones de bajo coste, la sofisticación creciente de los sistemas y la velocidad de adaptación tecnológica obligan a disponer de arquitecturas abiertas, modulares y escalables.
En ese contexto, la experimentación no solo prueba equipos, sino conceptos de empleo y esquemas de integración. La conclusión que trasladaron es que la defensa eficaz frente a UAS no se resolverá con un único sistema milagroso, sino con la capacidad de integrar, coordinar y actualizar de forma continua todos los elementos disponibles.
Como conclusión, la apuesta por la integración multicapa refleja un cambio de paradigma: del sistema cerrado al ecosistema interoperable; del efector aislado a la arquitectura coordinada; de la reacción puntual a la adaptación permanente frente a una amenaza que, como reconoció Oliveira, obliga a asumir que «el sensor que necesitaremos mañana no lo conocemos hoy».