Soldados OTAN Europa Rusia Ucrania

Soldados de la OTAN desplazados en Europa ante la crisis ucraniana.AFP

La defensa de Europa ante la próxima cumbre de la Alianza

Nos falta en Europa una visión estratégica común. Nuestra fragmentación política e industrial, el deseo de mantener la soberanía en defensa, impide lograr la ansiada autonomía estratégica

La cumbre de la OTAN que se celebrará en Ankara los próximos 7 y 8 de julio tendrá lugar en un momento crítico para la defensa de Europa y el futuro de la Alianza. Ya no contamos con la garantía de la contribución de Estados Unidos a la seguridad de Europa como había sido durante las últimas décadas.

En las últimas semanas, sin consultar con sus aliados, Washington ha anunciado cambios importantes en la postura de fuerzas en Europa. El Comandante Supremo Aliado en Europa, General Alexus Grynkewich, comunicó en junio a los aliados su decisión de reducir el Modelo de Fuerzas de la OTAN, incluyendo fuerzas que podrían activarse durante una crisis, aunque no dio detalles. Según Der Spiegel, EE.UU. va a reducir en un tercio el número de aviones de combate disponibles para la OTAN, y también el de destructores y submarinos, así como el de brigadas desplegadas en Europa (de 4 a 3). Ya se ha cancelado el despliegue en Alemania de un batallón con capacidades de golpeo de precisión de largo alcance.

Parece, por tanto, que EE.UU. está en parcial retirada (al menos en lo referente a la defensa convencional) y esto parece irreversible, independientemente de quién sea el presidente americano. Es importante que en Ankara se acuerde que esa retirada se haga de forma ordenada y con un periodo transitorio suficiente para que nos dé tiempo a los europeos a organizarnos. Pero no está claro que esto se consiga.

Esta situación nos llega en el peor momento, con una guerra a gran escala en el continente, guerra híbrida por parte de Rusia, agresividad comercial y estratégica de nuestro principal aliado y corte en los suministros energéticos procedentes de Rusia y de Oriente Medio. Europa pretende ahora financiar simultáneamente la transición ecológica, la digitalización, el envejecimiento poblacional, el rearme y la protección social, al tiempo que continúa apoyando militar y económicamente a Ucrania. Todo ello en un escenario de bajo crecimiento económico, elevada deuda pública y una productividad mediocre. Por ello, el cumplimiento del compromiso de gasto en defensa (5 % del PIB -3,5 % más 1,5 % en 2035, con revisión en 2029 del proceso) es más que dudoso. Y esto puede llevar a nuevas tensiones entre los aliados europeos y estadounidenses en Ankara y en cumbres sucesivas.

Nos falta en Europa una visión estratégica común. Nuestra fragmentación política e industrial, el deseo de mantener la soberanía en defensa, impide lograr la ansiada autonomía estratégica. Mientras los europeos sigamos siendo estructuralmente dependientes de las capacidades militares y tecnológicas de EE.UU., será muy difícil mantener posiciones estratégicas divergentes de Washington y reducir nuestra subordinación política y militar. El reciente fracaso del programa FCAS es un lamentable ejemplo de todo lo anterior.

El Comandante Supremo Aliado de la OTAN en Europa (SACEUR), general Alexus G. Grynkewich

El Comandante Supremo Aliado de la OTAN en Europa (SACEUR), general Alexus G. GrynkewichAFP

No tenemos ahora tiempo para duplicar estructuras. Por eso la OTAN debe seguir siendo la columna vertebral de nuestra defensa, pero una Alianza transformada en la que los europeos asumamos progresivamente la responsabilidad principal del planeamiento, mando, y generación de fuerzas para nuestra defensa colectiva.

Los Tratados (TUE, TFUE) prevén la definición progresiva de una Política de Defensa Común en la UE, que podría conducir a una defensa común si el Consejo Europeo lo decide por unanimidad y lo aprueban los parlamentos nacionales. Pero la UE carece de las estructuras operativas necesarias para llevar a cabo una defensa colectiva a gran escala de forma independiente. Por ello, la labor de la UE debe centrarse ahora en facilitar el desarrollo de las capacidades militares que necesitamos y en reforzar el pilar europeo de la Alianza.

Reforzar el Pilar Europeo de la OTAN sería una forma de hacer operativo el compromiso de asistencia mutua del artículo 42.7 del TUE, actualmente vacío de una estructura de mandos y de medios. - ¿Cómo se refuerza el Pilar Europeo en la Alianza? Ello exige:

1- Que los aliados europeos actúen como una unidad estratégica y con mayor coherencia dentro de la Alianza, en lugar de actuar como la suma de participantes nacionales independientes. La Alianza debe seguir operando incluso si los americanos no quieren participar en las operaciones o lo hacen en forma reducida y no asumen el liderazgo como hasta ahora.

2- Que los europeos proporcionen la mayor parte de las fuerzas convencionales para la defensa del continente. Ello exigirá una revisión parcial del proceso de planeamiento de la OTAN (NDPP).

3- Que los europeos desarrollen capacidades mas sólidas, dotándonos de las que carecemos o son insuficientes (facilitadores estratégicos, defensa contra misiles, transporte estratégico, drones y sistemas antidrones, munición, capacidades de golpeo de precisión de largo alcance)

4- Europeización de la estructura de mandos de la Alianza, por ejemplo, poniendo al frente de los JFC (Brunssum, Nápoles, Norfolk) a generales europeos, dotándoles de la autonomía operativa necesaria para actuar rápidamente en caso de crisis.

5- Europeización parcial de la disuasión nuclear. Las dudas existentes sobre el compromiso de EEUU sobre la disuasión nuclear extendida a Europa han reforzado el papel de las fuerzas nucleares estratégicas del Reino Unido y Francia. Las fuerzas nucleares estratégicas del Reino Unido (unas 225 ojivas) están comprometidas con la OTAN y, por lo tanto, forma parte de sus obligaciones del Artículo 5. Francia dispone de unas 290 ojivas (aunque podrían ser incrementadas) pero no participa en los mecanismos de planeamiento nuclear de la OTAN y sus fuerzas no están formalmente asignadas a la OTAN.

6- Recientemente, el presidente Macron formuló el concepto de «disuasión avanzada», que combinaría las fuerzas nucleares estratégicas francesas con el desarrollo de capacidades convencionales europeas. El objetivo es fortalecer la disuasión francesa como pilar estructural de la seguridad europea, complementaria a la OTAN, pero sin compartir la toma de decisiones nucleares.

En este periodo de transformación urgente, la UE debe jugar un papel fundamental en el desarrollo de las capacidades militares, financiación, desarrollo de una base industrial y tecnológica europea de defensa potente, promover las compras y los programas conjuntos, la armonización de los requerimientos operativos entre los EM y el establecimiento de mecanismos que faciliten los movimientos de fuerzas en el continente. Debe también coordinar los mecanismos de defensa civil de forma solidaria.

Esto revela la necesidad de abrir una nueva etapa en la relación entre la OTAN y la UE que vaya más allá de los acuerdos de Berlín Plus y las declaraciones posteriores (2016, 2018, 2023). Debido a la escasez de recursos y a la necesidad de lograr la máxima eficiencia, la cooperación entre la OTAN y la UE debería ser una prioridad estratégica. Pero hasta ahora, esta cooperación ha sido bastante limitada, debido fundamentalmente a las diferencias con Turquía y a la falta de confianza entre ambas organizaciones.

La UE debe tener acceso al NDPP para poder realizar su labor en el terreno industrial, tecnológico y normativo. Ambas organizaciones pueden mejorar su colaboración en materia de estándares, movilidad y logística militar y en la utilización de capacidades que los europeos decidan producir conjuntamente o dotarse en común.

La cooperación reforzada entre la OTAN y la UE requerirá superar el veto turco e incorporar a aliados como el Reino Unido o Noruega, y también a Ucrania, cuyos logros, tanto en el campo de batalla como en la producción de armamento está siendo impresionante. Para ello, se podrían utilizar estructuras flexibles, como la constitución de una Unión de Defensa Europea (EDU) que permita a los países europeos que lo deseen avanzar más rápidamente en la construcción de una defensa europea más capaz y autónoma, apoyaría a coaliciones de voluntarios y contribuiría a reforzar el pilar europeo en la Alianza.

Manuel de la Cámara Hermoso es Embajador de España (r).

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas