La Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID 2026) es el instrumento que orienta toda la política de I+D+i del Ministerio de Defensa

La «guerra electrónica» no es una disciplina nueva, pero se ha ido adaptando ampliamente a las capacidades de hoy.Ministerio de Defensa

Análisis de defensa  La omnipresente «guerra electrónica», también en el espacio

La doctrina para el empleo de las Fuerzas Armadas –españolas–, la conocida como PDC-1 (B) actualizada por el EMAD en julio de 2024, engloba el entorno electromagnético en uno de los dos dominios virtuales, en el dominio ciberespacial. Sin embargo, esto no es así en otros países de nuestro entorno. En el Reino Unido, por ejemplo, se le ha otorgado un nombre compuesto a dicho dominio –The cyber and electromagnetic (CyberEM) domain– que, según su documento Strategic Defense Review de 2025, «is at the heart of modern warfare, the enabling domain that integrates all others». En Francia, el Concepto de empleo de las Fuerzas Armadas (2020) establece dos categorías de espacios de maniobra y de confrontación: les milieux et les champs. Los primeros –milieux–, que podríamos equiparar a nuestros dominios, se refieren a los espacios terrestres, marítimos, aéreos, exoatmosféricos y cibernéticos, mientras que los segundos –champs–, más equiparables a nuestros dominios más virtuales (aunque incluyen el cibernético en el primer grupo de dominios físicos), abarcan los espacios de la información (equiparable a nuestro dominio cognitivo) y electromagnético.

Visto el contexto en el que nos movemos, en opinión del autor, resultaría más apropiado contemplar el entorno electromagnético como un espacio virtual que abarcara todo el contexto del «espacio de las operaciones» (el antes llamado campo de batalla), puesto que se puede decir que afecta prácticamente a todos los sistemas empleados en dicho contexto. Pero, centrándonos en el foco del artículo, aunque la «guerra electrónica» no es una disciplina nada nueva, sí se ha ido adaptando ampliamente a las capacidades de hoy.

Lejos quedan sus albores, cuando en 1908 estalla la crisis política italo austriaca, con la interceptación, por parte de los austríacos, de las transmisiones de radio italianas como un medio excelente para adquirir información militar y política. Los austriacos, que se habían distinguido siempre en el arte del espionaje, hicieron uso de la interceptación y descriptación del tráfico de radio del Gobierno italiano, usando la información obtenida para evaluar mejor la situación y tomar decisiones de política exterior. Más tarde, ambas guerras mundiales, con la perturbación electrónica de comunicaciones en la Primera y, en la Segunda, como sistema de guiado radio, y radar posteriormente, de aeronaves e implementando contramedidas después, impulsaron la guerra electrónica como disciplina indispensable en las operaciones militares.

Restos de basura espacial hallados en Australia

Restos de basura espacial hallados en AustraliaPolicía de WA

Y el espacio (ultraterrestre) no podía ser menos. Además de los riesgos vinculados a fenómenos naturales y acciones no intencionadas –como la meteorología y basura espaciales, o la colisión entre satélites, entre otras–, el espacio se ve amenazado por el empleo intencionado de medidas y efectos producidos por otros actores en el espacio que, variando, en forma e intensidad, pueden enmarcarse en dos grupos, acciones no-físicas y físicas. En el grupo de las no-físicas se enmarcan las acciones de actores o adversarios que producen –en general– efectos reversible; este apartado, además de las acciones maliciosas en el ciberespacio, incluye el empleo de la «guerra electrónica» para afectar a los sistemas satelitales y controlar el espectro electromagnético. Dicho empleo incluye el uso de técnicas de interferencia dirigidas hacia el satélite o hacia los usuarios terrestres (perturbación o, en inglés, jamming), y la introducción de señales falsas con información errónea con el fin de engañar al receptor (engaño o, en inglés, spoofing). Mientras los dispositivos de perturbación interfieren las señales de radiofrecuencia (RF) hacia o desde los satélites generando «ruido» en la misma banda de frecuencia, interfiriendo el enlace de RF, ya sea ascendente (uplink, enlace desde la superficie terrestre hacia el satélite) o descendente (downlink, enlace desde el satélite hacia el usuario en Tierra), las señales de engaño hacen creer que la señal falsa (producida artificialmente por el atacante) es la señal real que el usuario está tratando de recibir.

Rusia y Ucrania

Además de la interferencia de comunicaciones, una de las actuaciones más extendidas en el empleo de la guerra electrónica contra las capacidades espaciales es, sin duda, la perturbación de los Sistemas de Navegación Global por Satélite (GNSS, de inglés Global Navigation System by Satellite), tipo GPS o Galileo, con efectos en el guiado de sistemas UAV, de drones de ataque y de municiones de precisióny merodeadoras. En este área Rusia tiene amplia experiencia operativa (con multitud de sistemas que pueden bloquear receptores GPS dentro de un área local), tal como está demostrando el actual conflicto en Ucrania. Estas capacidades, de hecho, también son utilizadas en su territorio para proteger instalaciones estratégicas y personal seleccionado.

Densa columna de humo negro elevándose sobre el horizonte de Kiev tras un ataque con drones contra la capital ucraniana

Densa columna de humo negro elevándose sobre el horizonte de Kiev tras un ataque con drones contra la capital ucranianaAFP

En el contexto del conflicto en Ucrania, previamente al mismo, en marzo/abril de 2021, más del 60 % de los vuelos de UAVs de la OSCE, que monitoreaban la frontera entre Ucrania y Rusia con UAVs en misiones de sobrevuelo, ya afrontaron perturbación de la señal GPS, hechos que fueron corroborados por una empresa espacial comercial al detectar la señal de perturbación GPS. Así mismo, a lo largo de todo el conflicto, se ha observado perturbación de los sistemas GNSS en cuatro áreas geográficas clave, aledañas a la zona de conflicto: la región de Kaliningrado, mar Báltico circundante y Estados vecinos; el este de Finlandia; el mar Negro; y el área del Mediterráneo Oriental cerca de Chipre, Turquía, Líbano, Siria e Israel, así como en el norte de Irak. En base a diferentes fuentes, la Agencia de Seguridad Aérea de la UE informaba, en marzo de 2022, que la perturbación y/o posible engaño de dichos sistemas se había intensificado, desde el 24 de febrero de 2022, en estas áreas geográficas. Todas estas áreas experimentaban una interferencia significativa en sistemas como el GPS y Galileo (corroborada por empresas de análisis de datos) que ha continuado a lo largo del conflicto. Las informaciones relacionadas con la perturbación y degradación de la señal del GPS en las zonas cercanas al Báltico han sido, y son, prácticamente constantes.

En lo que respecta a las capacidades satelitales, hoy se encuentran en pleno auge medidas de todo tipo

A estas interferencias hay que añadir las perturbaciones electrónicas que afectan a otros apoyos o servicios que recibimos desde el espacio. En este caso nos referimos, por ejemplo, a las interferencias detectadas en satélites occidentales que realizan otras funciones, como la observación y la teledetección –como fue el caso de la perturbación del radar del satélite Sentinel-1 del programa Copernicus de la UE en noviembre de 2023–. Sin embargo, la otra función más afectada (además de los sistemas GNSS) es la capacidad SATCOM de comunicaciones y enlaces satelitales que está demostrando una trascendencia vital en el escenario ucraniano, fundamentalmente, en manos del gobierno y de las fuerzas armadas ucranianas. Como en el resto de las capacidades satelitales, las comunicaciones pueden ser afectadas en cualquiera de los tres segmentos de toda capacidad satelital: segmento terreno (que incluye equipos y sistemas en la superficie terrestre y el receptor del usuario), segmento satelital (el propio satélite), o el enlace satelital (en su vertiente ascendente, hacia el satélite, o descendente, hacia el equipo en la superficie terrestre). Quizás el sistema amenaza más utilizado en el contexto de las SATCOM sea la perturbación o spoofing del enlace descendente satélite-equipo terrestre, dado que la potencia de señal necesaria en este caso es mucho menor que la necesaria para perturbar (en ascendente) las antenas de los propios satélites.

Contramedidas electrónicas

Tras un vistazo general de las posibles acciones de guerra electrónica contra las capacidades satelitales, se señalan, a continuación, algunas de las actuaciones o medidas encaminadas a evitar o contrarrestar los efectos de la misma en el nuevo dominio espacial. Como ha sucedido a lo largo de la historia de la guerra electrónica, y siguiendo el constante ciclo de «acción-reacción» que alimenta las actividades en este campo, la creación de un sistema basado en este tipo de tecnología ha llevado posteriormente al desarrollo, por parte del adversario, de las denominadas contramedidas electrónicas que, a su vez, provocaron la creación de las medidas de protección electrónica (inicialmente denominadas contra-contramedidas electrónicas) encaminadas a evitar el efecto de las contramedidas del adversario. Este ciclo continuo de «sistema-contramedida-medida de protección» y, de nuevo, «sistema (mejorado)-contramedida-medida de protección» ni ha cesado ni cesará en el futuro.

Sistema Galileo de la Agencia Espacial Europea (ESA)

Sistema Galileo de la Agencia Espacial Europea (ESA)GMV

En lo que respecta a las capacidades satelitales, hoy se encuentran en pleno auge medidas de todo tipo. En cuanto a las comunicaciones satelitales, en los satélites modernos se están implementando antenas, compatibles con los sistemas Galileo, GPS (en sus modos de operación codificados de precisión), GLONASS y Beidou, que utilizan técnicas avanzadas de formación de haces y creación de nulos para aislar y eliminar señales de interferencia con objeto de asegurar la navegación en plataformas navales y terrestres, al tiempo que localizan fuentes de interferencia mediante análisis de la dirección de llegada de las emisiones.

En otro orden de medidas de protección, la resiliencia en sistemas PNT y en capacidades SATCOM se está enfocando, además, en la implementación de constelaciones que dificultan la interferencia del propio sistema satelital, ya sea PNT o SATCOM. En este caso, se trata de aprovechar el elevado número de satélites disponibles, combinado con la dificultad de interferir muchos de ellos a la vez y la elevada integración inter-satelital que se pretende en este tipo de constelaciones mediante el despliegue de numerosos satélites, además, en diferentes órbitas geoestacionarias, media y baja (GEO, MEO y LEO). Aunque estas constelaciones aumentan la complejidad de la capacidad, dificultan su perturbación y aumentan la resiliencia de la capacidad satelital. Cierto es que este tipo de configuraciones sólo pueden ser implementadas por grandes actores o instituciones como la UE, como es el caso del programa IRIS ² (del inglés, Infrastructure for Resilience, Interconnectivity and Security by Satellite) en comunicaciones e intercambio de información, realidad que deja clara evidencia del alto precio de la deseada «autonomía estratégica».

Sin embargo, en el contexto del incremento actual de las constelaciones en órbitas bajas, a modo de observación muy relevante, conviene recordar que los satélites que operan en órbitas bajas (LEO) o muy bajas (VLEO), además de poseer ventajas significativas (mejor precisión y latencia y mayor facilidad de mando y control) que representan una solución atractiva para la observación, la comunicación y otras tareas, se enfrentan a desafíos únicos, además de los típicamente asociados con la exposición al entorno espacial (como los daños causados por desechos espaciales, fluctuaciones térmicas o radiación). Los elementos estructurales y funcionales de los satélites LEO y, especialmente, VLEO se ven significativamente afectados por la atmósfera residual y, en particular, por el oxígeno atómico. Además de que la atmósfera residual es lo suficientemente densa como para generar una resistencia considerable y una rápida desorbitación de los satélites (necesitando, por tanto, propulsores para mantenerlos en una órbita estable), la erosión de los materiales inducida por el oxígeno atómico es otro desafío clave que debe superarse durante la fase de diseño de las naves y satélites espaciales LEO y VLEO. En este sentido, existen estudios en curso sobre la corrosión de los satélites en su interacción con el entorno espacial en la órbita baja, y cómo minimizarla mediante el uso de nanomateriales a base de carbono y sus compuestos.

Adjudicación de Defensa

Además de las medidas señaladas para evitar las consecuencias de la perturbación o engaño de las capacidades satelitales –antenas avanzadas y aumento de la resiliencia mediante la implementación de constelaciones–, existen también iniciativas para el desarrollo de sistemas, que podríamos denominar alternativos, basados en tecnologías avanzadas para soslayar las acciones de guerra electrónica antes mencionadas. El Ministerio de Defensa ha adjudicado a una empresa asturiana el desarrollo de un sistema de navegación autónoma capaz de proporcionar posicionamiento y navegación robusta a plataformas militares en entornos donde las señales de los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS) estén degradadas, bloqueadas o completamente denegadas. El proyecto Navisense (Navegación Autónoma Vía Inferencia y Sensorización Secuencial) pretende desarrollar un demostrador tecnológico funcional de grado militar con IA, que deberá ser validado en condiciones reales de operación y alcanzar un nivel de madurez tecnológica, para navegar en dichos entornos. Apoyado en la utilización de inteligencia artificial, sensorización secuencial (mediante la fusión integral de sensores multi-modales) y respuesta en tiempo real para obtener la información necesaria para determinar la posición y permitir la navegación de la plataforma, el objetivo es proporcionar una capacidad de navegación independiente de GNSS, que no solo dependa de éstas, para operar en escenarios en los que las señales de los satélites hayan sido interferidas, bloqueadas o sufran algún tipo de degradación. Este planteamiento resulta especialmente relevante para los sistemas autónomos y no tripulados, al permitir incrementar la resiliencia de este tipo de plataformas frente a las medidas de guerra electrónica destinadas a interrumpir o degradar sus sistemas de navegación.

Existen, sin embargo, otras soluciones enfocadas en este concepto, permitiendo una navegación resiliente mediante la fusión de sensores e imágenes, el empleo de inteligencia artificial y medidores de distancia, también dirigidas a operar en entornos abiertos sin GNSS. Estas diferentes aproximaciones tecnológicas reflejan el interés del entorno militar en disponer de alternativas a la navegación basada exclusivamente en señales satelitales. Hemos de recordar, no obstante, que estos sistemas capaces de navegación autónoma, independiente de la navegación por satélite GNSS, se encuentran en su mayoría en una fase I+D, aunque se estima que su desarrollo puede verse significativamente acelerado por el contexto geopolítico internacional y la competencia estratégica.

  • José M. Martínez Cortés es Analista Instituto para el Bien Común en la Universidad Francisco de Vitoria.
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas