El monasterio habitado más antiguo de Galicia

El monasterio habitado más antiguo de GaliciaShutterstock

El monasterio habitado más antiguo de España está en Galicia y acogió al primer peregrino del Camino de Santiago

El monasterio llegó a poseer enormes dominios, que en ciertos periodos se extendieron incluso hasta el Bierzo

Galicia cuenta con un importante patrimonio monástico que refleja siglos de historia, actividad religiosa y cultural en la región. Entre los más conocidos se encuentran el Monasterio de Oseira, conocido como el 'Escorial gallego' por su tamaño, o el Monasterio de Celanova, que conserva la celda prerrománica de San Miguel.

Pero también hay monasterios que destacan por singularidades tales como, poseer una fachada ajedrezada, otro por tener vistas al mar y otro parcialmente tallado en roca. Estos enclaves muestran la diversidad arquitectónica e histórica de los monasterios gallegos y su importancia dentro del patrimonio cultural de la comunidad.

En este mapa de monasterios con siglos de historia, uno destaca por ser el monasterio habitado más antiguo de España. Un lugar que lleva 1.500 años acogiendo vida monástica, ininterrumpidamente, y que se esconde entre los paisajes de la provincia de Lugo.

Escondido entre bosques y montañas

Hablamos del Monasterio de San Julián de Samos, situado en pleno Camino de Santiago, a orillas del río Sarria, resguardado entre montañas y bosques. Su origen se remonta al siglo VI y sus primeros habitantes no seguían todavía la regla benedictina, que se implantaría casi cuatro siglos después. Hasta entonces, se cree que los monjes se regían por normas inspiradas en San Martín de Tours o San Fructuoso, como explica la tradición local.

Ese largo recorrido histórico convierte a Samos en uno de los lugares de espiritualidad más antiguos del país y, sobre todo, en el monasterio habitado por monjes más antiguo de España, donde hoy residen siete religiosos benedictinos.

Mil quinientos años de vida monástica

Mil quinientos años de vida monásticaEuropa Press

Su historia está vinculada a varias figuras clave. Entre ellas, el rey Alfonso II, el Casto, gran protector del cenobio y considerado el primer peregrino del Camino de Santiago. Tras ser asesinado su padre, el joven Alfonso se refugió bajo la protección de los monjes de Samos. De hecho, fue él quien otorgó a la abadía numerosos privilegios, tierras y reconocimientos.

Quien visita por primera vez el monasterio suele sorprenderse por su escala y por la austeridad de su exterior, marcado por muros de pizarra, líneas sobrias y una arquitectura integrada en el entorno. Sin embargo, al acceder al interior se aprecia un conjunto muy distinto debido a sus reformas, a los incendios que sufrió y a diversas ampliaciones que han dado lugar a una combinación de estilos que refleja las sucesivas etapas históricas del edificio.

La abadía reúne vestigios románicos, como una antigua portada, y suma aportaciones góticas, renacentistas, barrocas y neoclásicas en sus claustros, la sacristía y la iglesia. Uno de los espacios más llamativos es el Claustro de las Nereidas, levantado en el siglo XVI. Allí, en 1582, el maestro cantero Pedro Rodrigues dejó en un medallón una inscripción burlona escrita en rojo que aún sorprende a quien alza la vista: «Qué miras bobo». Hoy continúa siendo uno de los detalles más fotografiados por los visitantes.

El monasterio llegó a poseer enormes dominios, que llegaron a extenderse hasta el Bierzo, por lo que fue considerado uno de los grandes señoríos monásticos de la Edad Media. Además, desde el año 1020, una bula papal le reconoció el derecho a ofrecer hospitalidad a los peregrinos, un papel que todavía desempeña.

Una parada en el Camino de Santiago

Samos es una de las paradas más emblemáticas del Camino Francés. El monasterio mantiene un albergue gratuito y ofrece alojamiento en su hospedería.

Dentro del recinto, los visitantes pueden descubrir una biblioteca de 25.000 volúmenes, con incunables del siglo XV y una de las primeras copias del Códice Calixtino, además de una recreación de la antigua botica y la pequeña Capilla del Ciprés, de origen prerrománico.

Pese a incendios, el último en 1951, desamortizaciones y etapas de decadencia, el monasterio logró mantenerse activo y recuperar su actividad en distintas ocasiones. Esa continuidad histórica, unida a sus 1.500 años de vida monástica ininterrumpida, contribuye a que sea considerado un conjunto singular.

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