Los príncipes herederos del Japón, Akihito y Michiko, ante la Virgen de los Faroles

Los príncipes herederos del Japón, Akihito y Michiko, ante la Virgen de los FarolesAulocolor

Medio siglo de la visita de los príncipes de Japón

Akihito y Michiko conocieron Córdoba en un apresurado recorrido de sólo unas horas

Las relaciones entre Córdoba y Japón no han sido una constante a lo largo de la historia. Un par de hitos se destacan en la antigüedad, aunque ambos sean especialmente relevantes. Por una parte, en 1551, cuando San Francisco Javier desembarca en el sur de Japón iba acompañado por otros dos jesuitas más, Cosme de Torres y el hermano Juan Fernández, un cordobés que tuvo la habilidad -y la paciencia- de aprender japonés en aquella época y servir de intérprete al intrépido evangelizador de aquellas tierras.

Casi medio siglo después, en 1613, Córdoba asistió al paso de la conocida como misión Keicho, una embajada comercial enviada por un señor feudal nipón, que respondía al nombre de Date Masanune y al apodo de 'El tuerto', que quería entablar relaciones de tú a tú nada menos que con el Rey de España. El catolicismo había triunfado en aquellas tierras y como los jesuitas eran españoles habían puesto de moda todo lo nuestro. La Corona española era la más poderosa del orbe y todo esto hizo que España se pusiera de moda y generara una fuerte atracción. Esta misión Keicho, en reciprocidad, dejó en Coria del Río a todos los que se apellidan Japón.

Llegada de los príncipes herederos de Japón al aeropuerto de Córdoba

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En octubre de 1973 visitaron España los entonces príncipes herederos del Japón Akihito y Michiko. Akihito era hijo del mítico Hirohito, el emperador que renunció a su condición divina tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Aquello marcó a la familia imperial, que a partir de ese momento se actualizaría y dejaría a un lado los vestigios ancestrales que la caracterizaban.

Por esto, Akihito estudió Ciencias Políticas, aprendió a tocar el violonchelo y se hizo un experto en ictiología. Estaba dispuesto a romper moldes en su familia y lo logró al casarse con una plebeya, con Michiko, la hija de un potente empresario en el sector de las harinas.

El viaje a España

Además, comenzó a viajar y a conocer mundo, algo que sus antecesores habían desdeñado. Mientras pudo, antes de hacerse con el trono imperial a la muerte de su padre en 1990, recorrió más de 30 países de todo el mundo. Y entre ellos, España.

Los príncipes herederos de Japón, en el salón de los Mosaicos

Los príncipes herederos de Japón, en el salón de los MosaicosAulocolor

Los príncipes nipones estuvieron una semana en la que el Gobierno de la época les preparó una apretada agenda que les llevó a numerosos sitios. En Andalucía estuvieron en Sevilla, Granada y Córdoba.

Aquel 17 de octubre amanecieron en Madrid, volaron hasta Granada, donde visitaron la Alhambra y el Generalife por la mañana. Tras el almuerzo en el Parador Nacional de San Francisco recorrieron la Catedral y la Cartuja.

El recorrido por Córdoba

A las 18:30 aterrizaban en el aeropuerto cordobés y a partir de ese momento iniciaron un vertigioso recorrido del que se desconoce si fueron capaces de asimilar todo lo que vieron en sólo unos minutos: la Mezquita-Catedral, el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus jardines, la calleja de las Flores, el Puente Romano, la plaza del Potro y finalmente la Diputación Provincial, donde esperaban descansar lo posible y reponer fuerzas en la copa de vino prevista, pero nada más entrar los llevaron a visitar una interesantísima exposición sobre orfebrería cordobesa que, comisariada por el académico Dionisio Ortíz Juárez, reunió lo mejor de la platería local, desde la custodia de Arfe a la de Fuente Obejuna, pasando por piezas de Damián de Castro y de todos los grandes de este arte.

Los príncipes herederos del Japón, Akihito y Michiko, ante la Virgen de los Faroles

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Concluido el cóctel, los llevaron ya de noche a la plaza de Capuchinos, donde la princesa Michiko Shoda, que no es católica, obviamente, sorprendió a los presentes al depositar ante el Cristo de los Faroles un ramo de claveles y una moña de jazmines que le había regalado momentos antes.

Aquella noche, al fin, pudieron descansar en el Parador Nacional de La Arruzafa. Al día siguiente, muy temprano, los principes volvieron al aeropuerto

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