El rodadero de los lobosJesús Cabrera

El retrato cordobés de Herrera Oria

Las actividades, las campañas y los logros de 'El Debate' y de la Asociación Católica de Propagandistas eran conocidas al instante por los lectores cordobeses de ‘El Defensor’

Hasta el momento no hay constancia de que Ángel Herrera Oria estuviera en Córdoba. En cambio, sí se sabe que contó en la ciudad con un nutrido grupo de amigos, seguidores y leales, que en más de una ocasión acudieron a la estación para saludarlo en el vagón mientras viajaba al sur de Andalucía o cuando regresaba a Madrid.
Entre estos, estaba Daniel Aguilera Camacho, uno de los periodistas cordobeses más destacados en las cuatro primeras décadas del siglo XX. Nacido en 1877 en Baena ingresó muy joven en el Seminario de San Pelagio de donde salió para ir a defender a España en la isla de Puerto Rico. Estas dos experiencias forjaron su carácter. Terminada la guerra en las Antillas vuelve a Córdoba donde desarrolla su vocación periodística en medios locales y nacionales. Con apenas 25 años adquiere el diario ‘El Defensor de Córdoba’, nacido en 1899 y al que no tardó en poner en su cabecera el «Diario católico de noticias» como principal seña de identidad que mantendría hasta su desaparición en septiembre de 1938.
Daniel Aguilera incluía en su diario de forma constante las actividades desarrolladas por Herrera Oria. En las páginas de ‘El Defensor de Córdoba’ eran frecuentes las reseñas de sus publicaciones o de las conferencias que ofrecía en distintos lugares de España, lo que indica la simpatía e identificación con la labor de quien en 1911 llegaría a ‘El Debate’. Desde ese momento, las actividades, las campañas y los logros del rotativo madrileño y de la Asociación Católica de Propagandistas eran conocidas al instante por los lectores cordobeses de ‘El Defensor’.
En esos años, Aguilera se implica de lleno en el movimiento que se conoció como la Buena Prensa; es decir, la católica. Propuso acertadamente la necesidad de crear un montepío para atender a los periodistas católicos, ya que sus condiciones laborales y económicas eran bastante precarias. Hace un análisis bastante crudo de la situación y este trabajo gozó de bastante aceptación, ya que fueron numerosos los diarios de toda España que se sumaron a la iniciativa con su publicación, aunque finalmente no se materializara.
Aguilera, como director de un «Diario católico de noticias», se abrió hueco en este sector, en el que llegó a destacar más allá de las fronteras locales. Participó en las Asambleas Nacionales de la Prensa Católica de Sevilla (1904) y Zaragoza (1908). La tercera edición tuvo lugar en Toledo en agosto de 1924 y a ella llegó el director de ‘El Defensor’ como vocal de su junta nacional.
De esta asamblea toledana, el escritor valenciano Leopoldo Trénor escribió una crónica en la que plasma el retrato que Aguilera hizo de Herrera Oria. Cuenta Trénor que en el patio renacentista del Hotel Castilla «bullía una colmena de ilustres periodistas» en la que se encontraba perdido, pues no conocía a todos. Para solucionar este inconveniente recurre «al simpático cordobés» Daniel Aguilera, quien gozaba de autoridad en el sector y no se le escapaba detalle alguno.
En el patio de este hotel toledano había un grupo de jóvenes y entre ellos estaba Herrera Oria. Trénor se fija en él y lo describe como «un tipo entre vasco y castellano viejo; con los ojos fijos, un poco estáticos, mesurado en el habla y en sus gestos». Esta descripción no convenció del todo a Aguilera, quien conocía de antiguo al director de ‘El Debate’, y le matizó el retrato a su amigo con cuatro pinceladas definitivas al comentar que «sí, un poco castellano, pero con un tantico de un vecino de Brooklyn; castellano en la Iglesia, parece a ratos un periodista ‘yankee».
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