¡Hay que sacar más plazas STEM en las Universidades!
La conclusión es rotunda: existe una correlación positiva y robusta entre la nota de acceso a una titulación, la tasa de afiliación de sus egresados y el salario que perciben cuatro años después
El 13 de marzo de 2026, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades actualizó el Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU) con los datos de inserción laboral de los egresados universitarios de la cohorte 2019-2020, cuatro años después de terminar sus estudios. Es una estadística que comenzó a hacerse pública por iniciativa de Jorge Sainz, cuando nuestro colaborador en esta columna de EL DEBATE era Secretario General de Universidades en el Ministerio de Educación. Los datos muestran con claridad que la universidad sigue siendo una inversión rentable, pero hay un desajuste importante entre lo que el mercado de trabajo necesita y lo que las universidades públicas ofrecen en términos de plazas. El tiempo de las medias tintas ha pasado. Necesitamos más plazas STEM en la universidad pública española, y las necesitamos ya.
STEM emplea más y retribuye mejor
La tasa media de afiliación a la Seguridad Social cuatro años después de graduarse es del 78,3 % para el conjunto de titulados universitarios. Una cifra que ha subido sin parar en los últimos años, que partió de un 64,5 % hace una década, y que confirma que el diploma universitario sigue siendo un salvoconducto relevante para el mercado de trabajo. Pero el promedio oculta una brecha enorme según la disciplina elegida.
En Informática, la tasa de afiliación alcanza el 88,8 %. En ingeniería, industria y construcción, el 84 %. En salud, el 82,4 %. Por contra, Artes y Humanidades cae hasta el 68,7 % y Negocios y Derecho se queda en el 74,7 %. Diez puntos de diferencia en tasa de empleo no son un matiz: son trayectorias profesionales completamente distintas.
La tabla de bases de cotización publicada por el SIIU, elaborada a partir de los contratos a tiempo completo de los afiliados por cuenta ajena, confirma la misma historia contada con los salarios. La base media de cotización anual para todos los egresados universitarios cuatro años después de graduarse es de 32.218 euros. Los titulados en Informática alcanzan los 37.534 euros de media. Dentro de Ingeniería, ramas como Telecomunicaciones (38.270 euros), Organización Industrial (39.188 euros), Aeronáutica (38.034 euros) o Ingeniería de Computadores (43.495 euros) superan con creces esa media. El podio lo encabeza, con enorme distancia, Medicina con 44.153 euros. Matemáticas (36.139 euros) y Estadística (35.854 euros) también sobresalen muy por encima de la media.
En el extremo contrario, Logopedia se queda en 23.905 euros, Bellas Artes en 24.634 euros, Conservación y Restauración en 24.781 euros y Fisioterapia en tan solo 26.359 euros.
Jon González y Pablo García Guzmán lo han visualizado para todos
Gracias al trabajo de divulgación de @Jongonzlz (Jon González) y @pablogguz_ (Pablo García Guzmán), estos datos –que llevaban años disponibles pero no eran muy conocidos por el debate público– pueden llegar a decenas de miles de personas en apenas horas. Jon ha publicado el ranking salarial completo por titulación, con Medicina, Desarrollo de Software e Ing. de Organización Industrial en los tres primeros puestos, y Logopedia, Historia del Arte y Bellas Artes en los tres últimos.
Pablo, por su parte, ha planteado una pregunta incómoda pero necesaria: ¿es mejor hacer una FP que ciertas carreras universitarias? Su comparativa entre el top 10 de familias de FP Superior y las 10 peores titulaciones universitarias por base de cotización esperada muestra que sí: Instalación y Mantenimiento (23.000 euros de base de cotización esperada), Fabricación Mecánica (22.700 euros) o Química (21.900 euros) superan a titulaciones universitarias como Bellas Artes (15.400 euros) o Logopedia (en torno a 14.800 euros). Con toda la honestidad, Pablo también defiende que ir a la universidad sigue teniendo valor en términos generales, y los datos le respaldan, pero estos últimos casos exigen una reflexión seria sobre qué carreras estamos ofertando, cuántas plazas ponemos en cada una y con qué propósito. Es interesante que se pueda consultar la página web creada por Pablo García Guzmán sobre la inserción laboral de los estudios universitarios.
La universidad pública española tiene una jerarquía silenciosa
Un reciente artículo publicado en Investigaciones de FUNCAS (número 25/4) firmado por Marta Martínez-Matute (Universidad Autónoma de Madrid), María Teresa Ballestar (URJC y LUT University, Finlandia), por Jorge Sainz (URJC e Institute of Policy Research, University of Bath) y por mí bajo el título «Selectividad, acceso y empleabilidad: evidencia de la diferenciación institucional en la universidad pública española», analiza la cohorte 2015-2016 y sigue su trayectoria hasta 2023 con datos administrativos del SIIU.
La conclusión es rotunda: existe una correlación positiva y robusta entre la nota de acceso a una titulación, la tasa de afiliación de sus egresados y el salario que perciben cuatro años después. Las áreas con mejores resultados laborales son, en promedio, más selectivas en el acceso. El sistema universitario público español no es un conjunto homogéneo: hay una jerarquía interna, disciplinar e institucional, que configura trayectorias laborales sistemáticamente distintas. Esa jerarquía es comparable a la observada en otros sistemas universitarios europeos.
España ha pasado de 300.000 estudiantes universitarios en el umbral de la democracia a más de 1.500.000 en el curso 2024-2025. El acceso se ha democratizado. Pero la asignación de plazas entre titulaciones no ha seguido la lógica del mercado de trabajo ni la de las necesidades productivas del país.
El hallazgo del NBER que debería seguir el Ministerio
El reciente artículo de Quarterly Journal of Economics firmado por Jack Mountjoy (University of Chicago Booth School of Business), titulado «Marginal Returns to Public Universities», analiza los datos administrativos de las 35 universidades públicas de Texas, -que representan el 10 % de todos los estudiantes universitarios públicos de Estados Unidos. Para estimar el retorno causal de acceder a una universidad pública.
El resultado central es positivo: los estudiantes que entran «por los pelos» a una universidad pública acaban ganando un 8% más que sus homólogos igualmente cualificados que se quedan fuera. La tasa de retorno privada es del 26 %, la social del 16 % y la fiscal del 7 %. La universidad pública sigue compensando, también para el Estado. Pero hay un resultado específico relevante: cuando la universidad pública expande plazas de forma genérica, el grueso de los nuevos graduados va a disciplinas que, como demuestran los datos españoles, tienen menor empleabilidad y menores salarios. La brecha entre lo que el mercado paga y lo que las universidades producen no se cierra sola.
El argumento es claro: más plazas STEM, ya
Los datos del SIIU muestran que Informática emplea al 88,8 % de sus egresados y les retribuye con casi 40.000 euros de base de cotización. España lleva años sufriendo un déficit estructural de perfiles tecnológicos e ingenieros. Las empresas llevan lustros avisando de que no encuentran talento en estas disciplinas. Las universidades privadas han reaccionado antes que las públicas, ampliando oferta en titulaciones tecnológicas con mayor flexibilidad.
La paradoja es que el alumno que accede a Ingeniería de Computadores o a Desarrollo de Software en una universidad pública española tiene ante sí cuatro años de inversión con un retorno muy alto, para él y para el país. Pero no hay suficientes plazas para todos los que querrían hacer ese recorrido. El sistema universitario público español necesita una reforma valiente en su oferta de plazas: más STEM, más disciplinas con alta empleabilidad, y una revisión honesta de aquellas titulaciones que, año tras año, forman jóvenes para un mercado que no los espera. La información ya está publicada. La decisión política está pendiente.
- Ismael Sanz. URJC, FUNCAS y London School of Economics