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José Manuel Cansino

La universidad vasca destierra el castellano en un giro contra el progreso y la atracción de talento

Por acuerdo mayoritario del Claustro, en adelante la universidad se denominará Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) y así quedará recogido el nombre oficial del que se excluye la denominación en español

El Claustro de la, hasta ahora Universidad del País Vasco –UPV–, acaba de aprobar sus nuevos estatutos. Por acuerdo mayoritario del Claustro, en adelante la universidad se denominará Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) y así quedará recogido el nombre oficial del que se excluye la denominación en español.

Paradójicamente, desde hace más de una década, a nivel internacional y nacional, en la universidad se ha impuesto el denominado el «protocolo de ciencia abierta» (open science por su nombre en inglés). El protocolo –de obligado cumplimiento si se quiere acceder a fondos públicos– consiste en un conjunto de principios, prácticas y estándares para hacer la investigación más transparente, reproducible y accesible. En definitiva, se favorece el acceso global a la ciencia en beneficio último del progreso humano y del planeta y se refuerza el control sobre su veracidad.

La universidad vasca, con su decisión, camina justo en la dirección contraria al progreso científico encapsulando su bien conocido acrónimo dual (UPV-EHU) a sólo el construido a partir del euskara. El claustro universitario vasco lanza un mensaje claro de aislacionismo científico, muestra repetida de un identitarismo excluyente, rancio y cerril. Pero hay más.

Es sabido que la captación de talento es otro de los ejes sobre los que pivota el camino hacia la excelencia universitaria y, en general, de la ciencia. En la ahora EHU se exige el nivel de B2 de euskara los profesores que aspiran a consolidar su puesto de trabajo aunque la mayoría de las clases se impartan en español. De hecho hay más grupos con docencia en inglés que con docencia en vascuence pese a que, por lógicas razones, los estudiantes erasmus (mayoritariamente angloparlantes) no eligen esta universidad como principal destino entre las españolas.

Exigir el B2 de vascuence, además de espantar el talento disuadiendo a posibles candidatos brillantes de elegir desarrollar su carrera en cualquiera de los campus vascos, revela un interesante dato. La mayoría de los aspirantes a obtener el B2 tienen que prepararse el examen en una academia privada a pesar de llevar estudiándolo desde la educación infantil. El sistema educativo vasco es incapaz de titular a alumnos con un nivel medio-avanzado de la lengua pretendidamente local.

Divorcio con la calle

Efectivamente, es pretendidamente local pues ni en las aulas ni en los espacios de los campus universitarios vascos se utiliza como lengua habitual. El español es la lengua claramente dominante y se reserva el vascuence poco más que para el buenos días, gracias y adiós. Es un comportamiento natural de la población no sólo universitaria sino también del resto salvo en zonas rurales muy limitadas demográficamente. La llegada de inmigrantes hispanos ha dado un último pero importante empujón en este sentido. También ha diluido el protagonismo de la feligresía nacionalista en las iglesias.

Sin duda hay un divorcio entre el mundo institucional y el que se vive a pie de calle o césped. Cuando visitas algún campus vasco por razones profesionales, la presencia del vascuence se agudiza al subir desde las aulas a los despachos y espacios institucionales. Ahí sí predomina la rotulación en vascuence pero la lengua sigue siendo la de Rosalía, Blas de Lezo o Aitor el de la frutería que atiende al final de la ría.

Václav Hável, el disidente checo durante la ocupación comunista hablaba en su obra El poder de los sin poder (1978) de lo que significaba «vivir en la mentira». Así decía, cada día el tendero abría la tienda y colgaba un cartel donde se leía «¡Proletarios de todos los países, uníos!». Lo hacía por miedo a la violencia policial pero con absoluto descreimiento en el contenido del cartel. El mismo descreimiento debe imperar en la propia EHU que sigue ofreciendo toda su información en español como primera y más consultada opción. No es descartable que esto se deba a la escasez de titulados con B2 en vascuence.

Encerrar el conocimiento bajo una marca de uso minoritario es un lastre innecesario

Encerrar el conocimiento bajo una marca de uso minoritario es un lastre innecesario para el progreso económico y social. La convivencia entre las dos lenguas en el acrónimo conjunto UPV-EHU era una fórmula absolutamente válida salvo para los ingenieros en levantar muros lingüísticos. Probablemente los mismos ingenieros que cuando lideran empresas multinacionales –léase Repsol– enarbolan la marca España como marchamo de calidad.

Casi en los mismos días en los que el claustro universitario vasco encerraba el nombre de la Universidad en el acrónimo EHU, se ponía en marcha el proyecto Alianza por el español, de la Asociación Hablamos Español. Esta iniciativa ofrece iniciativas prácticas bajo la referencia de la Asociación de Academias de la Lengua Española, presidida por la RAE. Sus promotores son trece profesionales de diferentes campos: Beltrán Arellanes, Aurora Centellas, Iraida Domeca, Frigdiano Durántez Prados, Alberto Gil Ibáñez, Pedro Insúa, Gloria Lago, Carlos Léañez Aristimuño, José Luis López Linares, Carlos de la Mata Gorostizaga, Hernán Sánchez Martínez de Pinillos, Rafael Tarradas Bultó y Miriam Tey.

La Ciencia abierta contribuye al progreso del bienestar social. El nacionalismo cerril al empobrecimiento progresivo. Es así salvo que no sea más que una pose similar a la del dócil tendero que colgaba diariamente un cartel en el que no creía por miedo a la represión o al señalamiento público.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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