De comienzo en comienzoElena Murillo

Nueva percepción de la Mezquita-Catedral

Todo en la vida es cuestión de perspectiva. Todo depende del plano en el que estés situado, de la visión según la que cada uno observa algo. Igual que es posible ver un vaso medio lleno o medio vacío, porque ya lo decía la canción de Jarabe de Palo «de según como se mire, todo depende», cualquier elemento de nuestro entorno, cualquier persona que se cruce en nuestro camino, todo es diferente dependiendo de los ojos que miran o juzgan. También lo escribió Ramón de Campoamor, «en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». Hay algo cierto, y es que no tenemos la verdad absoluta sobre nada porque cada cual hace su interpretación de las cosas sin ser ninguna mejor que otra, dependiendo de su punto de vista y de las razones y experiencias personales.
Hacía esta reflexión tras el enorme privilegio del que gozaba hace apenas dos días. Junto a un grupo de compañeros de trabajo, el lunes realizaba una visita a las cubiertas de nuestra catedral teniendo la posibilidad de ver el magnánimo edificio, pues eso, desde otra perspectiva. Cuando uno se adentra en el interior de este monumento único en el mundo y se pierde en la inmensidad del bosque de columnas que lo sustentan, no sabe dónde atender puesto que es una obra tan colosal y significativa que la recreación que se puede hacer es ilimitada.
Si grande era mi admiración no solo por lo que representa la Mezquita-Catedral, sino por esa belleza en la que se integran tantos estilos artísticos, ahora ha ido en aumento al recorrerla desde las alturas. Una visita de ensueño, mágica. El tránsito por la techumbre de las diferentes naves, tener la oportunidad de asomarte y obtener la impresionante vista del Coro y de la cúpula de la capilla Mayor bajando la mirada cuando siempre se debe elevar para admirarla, hacen que te introduzcas en un mundo de sensaciones que quedarán grabadas a fuego en tu mente para la eternidad.
Estar físicamente sobre la capilla del Cardenal Salazar o de Santa Teresa, acceso al Tesoro catedralicio, y pensar en la suerte que supone no solamente admirarla en su interior sino que como ya hiciera cuando visité el subsuelo de ese espacio, la Sala Capitular, ahora sumar la obtención de una percepción más. Una verdadera maravilla observar este recinto en tres niveles. Y, además de todo esto, contemplar una panorámica completa de la ciudad.
Todo ello es posible gracias a la labor que el Cabildo Catedralicio realiza en las tareas de conservación y mantenimiento de una construcción singular. Gracias a su empeño y dedicación, la continuidad está garantizada.
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