De este agua no beberéRafael González

Chanclismo

Actualizada 05:05

Hasta hace poco en Córdoba se solía presumir de que las mujeres- nuestras madres y abuelas- se arreglaban incluso para sacar la basura, como algo propio y de cordobesas maneras que era un distintivo autóctono de elegancia y pudor al mismo tiempo. Ha habido un cierto recato estético femenino en otra época heredado por diversos factores, supongo, y me atrevo a apuntar que se hacía extensivo a Andalucía, una región que tradicionalmente ha sido pobre pero que ha salido a la calle ‘arreglá’, y no por una falsa y vanidosa apariencia - lo que ahora llaman postureo- o un quiero y no puedo, sino por el respeto a los eventos públicos, las tradiciones y los ritos. Ir a misa o salir con la familia a un cine de verano merecía una doméstica elegancia que aunque fuera modesta demostraba respeto y urbanidad.
Fue en un pleno municipal hace bastantes años que reparé en el cambio de paradigma, que ahora dicen los pijos, y en que esa época elegante ya había pasado. Entre la gente que acudió a aquel pleno en el Ayuntamiento, casa donde todos los cordobeses estaban representados por los señores y señoras capitulares - lo cual merece un respeto- los vecinos y vecinas de no se cual barriada popular reivindicativa estaban en chanclas y bermudas delante de la entonces alcaldesa. Reivindicaron bien y mucho y hubo cierto compadreo con la primer edil además de fotos de piernas peludas y uñas sin cortar. Jamás en la vida se me hubiera ocurrido acudir a un edificio oficial en chanclas como ahora no me siento en la playa a comer en el chiringuito sin camiseta. Pero allí teníamos a las nuevas clases populares, los votos comprados de siempre y con un código estético de parcela que había traspasado las más elementales normas de urbanidad. El chanclismo se extendió de manera generalizada como la gonorrea en la Europa del siglo XV.
Quien quiera ver en el chanclismo una superación de viejos modelos conservadores se equivoca: no es ni higiénico ni agradable presenciar los pies de determinados individuos. Puede incluso que sea un joven, dinámico y culto esteta el que use las chanclas, pero si es en el Hipercor realizando la compra el esteta enchancletado queda como un poligonero con cadenas a punto de cantar por Bizarrap y Quevedo. El chanclismo solo es reflejo de decadencia, de normas de urbanidad excesivamente relajadas y de darnos igual ocho que ochenta.
Parafraseando aquella frase mítica de Tony Soprano que no puedo reproducir aquí, por el chanclismo hemos llegado a esto de los juramentos estrambóticos, identitarios, secesionistas y republicanos en el Congreso de los Diputados. Las chanclas solo fueron el primer síntoma de una España posmoderna que prefiere estar en bermudas mientras nos desmontan el país para montar más chiringuitos. Son los que han votado, en chanclas, para ello.
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