El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Gata Cattana: el fantasma a su pesar

Si mediante la visión parcial y sesgada de la historia consigue la izquierda generar sus fantasmas del pasado (tanto en sentido positivo como en negativo), en el caso de Gata Cattana se pone en marcha la creación de un mañana inexistente

Actualizada 05:05

El 2 de marzo de 2017 moría de forma repentina la adamuceña Ana Isabel García. ¿Las causas?: un choque anafiláctico a partir de una alergia. La joven, que aún no había cumplido 26 años, había firmado algunas obras en el mundo del rap y la poesía con los seudónimos Gata Cattana y Ana Sforza, en concreto varios EP’s y un libro titulado La escala de Mohs. Este final prematuro impidió a la cordobesa empezar su carrera artística. Sin embargo, desde entonces se multiplican los homenajes y su figura ha sido realzada como una especie de símbolo del feminismo.

En algunas entrevistas que se pueden leer o ver en youtube, Gata Cattana se adhiere a un difuso y sistémico feminismo, como hacen tantos jóvenes de su edad, mucho más si se mueven en el mundillo cultural. No obstante, especificaba que jamás se había encontrado con escollo alguno en el mundo del rap o la literatura a causa de ser mujer. Era la suya la clásica aquiescencia con unos valores de la época sustentados en una intensísima propaganda, y prácticamente de obligatorio cumplimiento para obtener en este país el carné de artista. Todo, por tanto, de lo más habitual en la música, literatura o cine en España, donde se lleva décadas disfrazando de rebeldía lo que no es sino obediencia o aceptación acrítica de una serie de dogmas. Debido a la presión existente, pocos se salen del tiesto, y siendo joven es tarea prácticamente imposible ni tan siquiera vislumbrar la situación con la suficiente distancia y lucidez.

La desgracia vino a cebarse con esta licenciada en ciencias políticas, que estaba trabajando en la edición de su primer disco, Banzai, publicado a título póstumo. A partir de ahí llegaron otras publicaciones de apuntes, esbozos o poemas juveniles, esos que en vida nunca querría ver el escritor en libro alguno, pero que se encuentran en los cajones. Y es que pocas cosas hay con tanta profundidad como el cajón de un literato. Hay escritores en cuyo cajón de la mesita de noche se han encontrado 345 novelas inéditas, 128 poemarios y 267 ensayos justo al día siguiente de morir. Y hablamos de la mesita de noche del lado en el que dormía, que queda la otra. El cajón del escritor es un prodigio a estudiar para entender de verdad el espacio-tiempo.

Calificada por algunos de «referente que aún no existe», otros indican que su obra debería ser estudiada en los institutos. Entre tanto suele ser habitual que alguna imagen o frase suya aparezca en las marchas del 8 M o que ella misma quede reflejada en murales urbanos. Recientemente llegaba a la Filmoteca de Andalucía en Córdoba un documental cuyo título es reflejo claro de este fenómeno: Eterna. Pero, ¿cómo puede alcanzar la eternidad una chica que desgraciadamente vio truncado hasta el mismo inicio de su carrera?

Si la izquierda woke, mediante cualquiera de sus diversos «brazos armados» en España (feminismo, memoria histórica) se apropia de muertos pasados, desde Federico García Lorca a las 13 Rosas, conjura a espíritus sobrenaturales que se hacen presentes y sólo pueden vencerse mediante el rito de la profanación (Franco, Queipo de Llano, José Antonio), o bien exagera la importancia de algunas personas para su uso publicitario (el reciente caso de Almudena Grandes), cuenta en el caso de Gata Cattana con un campo abierto para la manipulación, para la creación de una especie de fantasma del futuro: todo aquello que la joven de Adamuz no hizo puede ser rellenado o completado.

Si mediante la visión parcial y sesgada de la historia consigue la izquierda generar sus fantasmas del pasado (tanto en sentido positivo como en negativo), en el caso de Gata Cattana se pone en marcha la creación de un mañana inexistente. Todo lo que esta joven pudo ser y no fue es un campo abonado para la confección de un personaje ilusorio puesto al servicio de la ideología. El clásico «what if» (y si…) se convierte en la vía por la que circula todo tipo de desinformación destinada a la fabricación de un falso ídolo. Al estar vacía la producción de la artista en línea generales por su fallecimiento, queda un espacio en blanco para que la propaganda se adapte a conveniencia, según la cita cultural o el evento que toque. Y así será esto o aquello, depende.

La ilusión vital, su alegría cotidiana y las pequeñas obras de Ana Isabel García se tornan, manoseadas, en victimismo, intereses y miseria ajenos, en un espectro vagante que nada, absolutamente nada, tiene que ver con la persona real, que lógicamente además no puede protestar. Gata Cattana es hoy un fantasma a su pesar animado por ignorantes, infelices y gente sin escrúpulos. Es el referente que aún no existe…porque no puede existir, salvo como artificio fabricado ex profeso.

Se quejaba Gustavo Adolfo Becquer «¡Dios mío, qué solos/se quedan los muertos!». El poeta desde luego no conocía a la izquierda. Ni un difunto se queda en paz con ella.

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