¡Pedro ha hablado por medio de León!
Allá por el año 451, en pleno Concilio de Calcedonia, resonó una conocida aclamación de los obispos reunidos en Concilio: «¡Pedro ha hablado por medio de León!». Sin lugar a dudas es uno de los puntos más sobresalientes en la historia del Papado. En este contexto, el Papa León Magno reclamaba la quintaesencia de la autoridad del Magisterio, la cual le viene del Espíritu Santo y de la sucesión de Pedro. Además, así quedaba acentuada la coincidencia de puntos de vista con todos los obispos, e incluso con todos los fieles de toda la Iglesia, hablando pues, «como testigo autorizado de toda la Iglesia».
Salta a la vista que, con la elección del nuevo Papa, Pedro ha hablado en la figura de León XIV. Ese es el deseo, sin lugar a dudas, de todo el orbe católico. Aunque este deseo y esperanza podría estar referido también a figuras como la de León XIII, inmediato predecesor en cuanto al nombre. Elegir el nombre de León, de seguro que conecta también con la figura del Papa que con la encíclica Rerum novarum dio el pistoletazo de salida a la formulación sistemática de ese desarrollo necesario de la fe de la Iglesia que constituye en sí la Doctrina Social de la Iglesia. La sabiduría y arrojo de este Papa – la misma sabiduría y arrojo que pedimos para León XIV – supo, frente al capitalismo y el colectivismo, dar respuesta a la situación social producida por la industrialización y los problemas que esta generó en los ámbitos de la enseñanza, la sanidad, la vida política y la económica.
Además confluye otro motivo para la alegría y para la esperanza: el elegido, León XIV, como él mismo se ha definido, es hijo espiritual de aquel mismo que enseñaba que «en el hecho de ser cristianos, se ha de mirar a nuestra utilidad; en el hecho de ser obispos, la vuestra únicamente» (Sermón sobre los pastores). No en vano, tal y como con su maestría comentaba San Agustín, puede que lo vivido esta tarde con la elección de un nuevo sucesor de Pedro sea la expresión de cómo «para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que por ello pareciera que las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: ‘Pedro, ¿me amas?’. Él respondió: ‘Te amo’. Y le dice por segunda vez: ‘¿Me amas?’. Y respondió: ‘Te amo’. Y le pregunta aun por tercera vez: ‘¿Me amas?’. Y respondió: ‘Te amo’. Quería fortalecer el amor para reforzar así la unidad. De este modo, el que es único apacienta a través de muchos, y los que son muchos apacientan formando parte del que es único» (Sermón sobre los pastores).
¡Pedro ha hablado por medio de León!