La aceraAntonio Cañadillas Muñoz

La foto, el manual y Eurovisión

He vuelto a salir a la calle. Después de tres kilómetros por mi amiga la acera, me sentí algo fatigado. Será la edad que no perdona, o el ritmo ligero por encontrar el bar del camino para evacuar la vejiga. ¡Vamos, que me estaba meando!... porque no me acordé de ir al baño antes de salir. La verdad, sea cual sea el motivo, en ese mismo bar, aproveché para tomar un café y luego seguir el camino de vuelta.

Estando sentado y con el café ya servido, como todo el mundo, ¡ Sí, Sí, como usted que me lee!, me dio por coger el teléfono y rastrear las imágenes grabadas en la carpeta de fotos. Y encontré una foto del día del pregón a la Virgen de Linares que me hizo pensar.

En primera fila de los asientos estaba Paula Badaneli, consultando cualquier entrada de red social, supongo que urgente; no olvidemos que es concejal y la responsable de VOX en la provincia de Córdoba. A su lado Alicia Moya, concejala del partido socialista; seria, agradable y pendiente del conferenciante, creo. A su izquierda, Antonio Hurtado, portavoz del mismo grupo que acudía con su seriedad y media sonrisa característica, chaqueta roja y pajarita amarilla. Por último el vicepresidente de la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite, con su imagen habitual, en concordancia con su afición taurina. La presencia era la misma que podría dar Finito de Córdoba o el mismo Manuel Rodríguez Sánchez, ”Manolete”. Andrés, también es teniente de alcalde de Obejo.

Lo cierto es que aquella imagen me hizo pensar. Sobre todo, la buena pintura que dan políticos de varios pensamientos y tendencias, no solo sentados juntos, sino charlando, -aunque poco-, entre ellos con toda cordialidad. A pesar del guión de partido que te obliga a hacer y decir cosas raras, pero en general desprendían buena sintonía a pesar de sus rarezas soportables o insoportables. Ya conocen que existen partidos que, incluso a nivel local, son dirigidos en cualquier movimiento desde Madrid o desde la responsable de la comunidad autónoma, que también es dirigida desde la misma capital española. ¡En fin!. Cosas del poder.

La imagen de la secuencia era ese deseo que todos los ciudadanos esperamos de los partidos y sus representantes, la de que su gestión esté elaborada en base a las necesidades de esa piel de toro que se llama España, que ya rozamos los 50 millones. Todos tenemos derecho a pensar diferente, pero también la obligación de consensuar nuestras voluntades con respeto y diálogo sin fraccionar este maravilloso país en pedacitos de unos y de otros.

Aquella foto me trajo a la cabeza a personas que ejercieron el poder más cercano, y que fueron capaces de practicarlo dignamente; la base era el diálogo. Me acordé de Julio Anguita, Rafael Campanero, Rafael Rivas, Rafael Merino, Luis Martín, Andrés Ocaña, Herminio Trigo, Manolo Pérez, Enrique Bellido, Juan Ojeda, Pepe Mellado, Antonia Parrado, Javier Arenas, Rosa Aguilar, Manuel Pimentel, Rafael Vallejo, Julián Díaz o José Miguel Salinas. Apenas importaba la mayoría que pudieras tener.

Pero lo más curioso que se despertó en mi memoria fue un libro. El titulo ha sido muy sonado en tiempo reciente. Me refiero a «Manual de resistencia». Publicación que nació como consecuencia de una lucha y ajuste de cuentas individual por el poder a toda costa en el seno del partido socialista. Sobre todo contra los que no pensaban igual y que ponían obstáculos para conseguir el liderazgo, su propio y único liderazgo.

Un manual en el que se narra minuciosamente parte de su vida personal, sus penas y contrariedades, mostrando su afán de ser el que mandara. Ya su primeras líneas del prólogo casi lo dicen todo … «Si algo me ha dado mi peripecia vital y política es una profunda empatía y la capacidad de identificarme con millones de españoles que durante la crisis cayeron y se volvieron a levantar. Exactamente como me ocurrió a mí. La década transcurrida desde 2008 hasta 2018 ha hecho que millones de españoles y europeos pasen por experiencias difíciles, a veces traumáticas.» Siento enormemente que, una vez más se utilicen a los que realmente sufren para una apuesta personal y de avaricia. Me refiero a «identificarme con millones de españoles que durante la crisis cayeron y se volvieron a levantar». Casi seguro que la culpa de esta crisis la tiene el PP, Feijoo o Ayuso. Y de la que viene, bueno, de la que ya estamos cuesta abajo y sin frenos.

Estamos viviendo intentos (jajaja,, intentos), de cambio extraordinario, en el que pueden estar peligrando nuestras propias libertades, además del poder adquisitivo de las familias, la viabilidad económica de las empresas y el esfuerzo de los autónomos, quizás los más sufridos y perjudicados. Y ahora, lo de las 35 horas, que los primeros que rebajarán de su calendario laboral serán los liberados sindicales.

No les voy a seguir hablando de esta publicación, que solo llegué a leer algo más del prólogo antes de dormirme, y de la que se desconoce su éxito en ventas y si los que lo adquirieron lo terminaron de ojear, por muy acostumbrados que estuvieran a ello, y haberse entrenado a la lectura con Don Quijote de la Mancha. Por cierto, aunque no se lo recomiendo, creo que ya se puede descargar el pdf o epub en algún sitio de la web.

«Manual de Resilencia» lo hubiera llamado yo, teniendo en cuenta lo que significa dicho cambio. Resilencia es «Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». Vamos, que le viene como anillo al dedo, fabricado por un joyero cordobés. La resilencia como la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos, conociendo que el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los sesenta. En un principio se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no solo individuales, sino también familiares y comunitarios. Los investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso de baño comunitario y cultural, que responde a tres modelos que la explican: Un modelo «compensatorio», otro de «protección» y por último uno de «desafío». ¿No le recuerda esto a un caserón llamado Moncloa?.

Dentro de la resilencia, según su motivo, también está el cabreo, como el que ahora exhibe como maniobra de distracción para ser diferente. Dice nuestro protagonista que, sobre todo, hay que enseñar a votar en Eurovisión. Vamos, algo así como coger la mano de cada votante y llevarle hasta la urna apropiada, coger la papeleta oportuna o apretar el botón concreto, como en Venezuela o Cuba.

Pero la auténtica noticia pudiera estar en la edición de 2026 de este magno festival musical europeo, cuando propondrán a Tezanos para controlar el recuento de los votos, a Cándido la dirección del festival y a García-Ortiz en la realización y producción, siendo Sánchez el comentarista. España acudirá con la canción «Volvemos a casa», interpretada por «la niña Montero», a quien acompañaran como primeros bailarines, Bolaños, Díaz y Albares. El cuerpo segundo de danza acrobática, será Puente, Alegría y López. Bailarín estrella, Marlasca, aunque algo cabreado. Suplente, el tío de la berenjena, Planas. El primer objetivo será que no participe Israel porque puede volver a ganar, y entonces, España volverá a estar la ultima. Como jurado estarán los principales mandos de la UCO, que no son representantes de la Universidad de Córdoba, sino de la unidad Central Operativa de la Guardia Civil… ¡Que ganitas tengo de que llegue esta edición del Festival.

Pero el PP toma nota de todo ello y prepara el adelanto de su anunciado congreso. Como en una tranquila batida en la campiña cordobesa, la liebre puede saltas en cualquier momento. ¡Ufff,…

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