El rodadero de los lobosJesús Cabrera

Las toallitas

«Es muy llamativo poner en una nota de prensa que los bajos están inundados de aguas fecales, pero siempre se omite el dato de que ese destrozo tiene unos culpables perfectamente conocidos»

Cada vez es más frecuente ver camiones de desatasco en las calles cordobesas. Están montados en la acera, para no estorbar demasiado al tráfico, y de ellos sale una gruesa manguera negra que se adentra en un portal cercano. Con sólo estos datos se puede errar en el pronóstico, pero la práctica diaria indica que en esa comunidad de vecinos hay uno que es insolidario y que tira por el inodoro las dichosas toallitas húmedas que tantos daños ocasiona.

La primera vez no pasa nada y la segunda tampoco. Pero cuando se lleva un tiempo con esta práctica incívica es el vecino de abajo el que empieza a ver cómo en su cuarto de baño comienzan a haber inundaciones y malos olores que no son más que el inicio de una pesadilla.

Los que usan las toallitas húmedas y las tiran por el retrete están unidos además por una característica común más allá de la insolidaridad y es la de la cobardía. Aunque se identifique la procedencia siempre lo negarán, con absurdos argumentos, sí, pero lo negarán. Como no se puede demostrar la autoría, porque lógicamente no hay testigos ni pruebas gráficas del momento, todo queda en una indefinición que obliga a la comunidad de vecinos a hacerse cargo del gasto, que no es poco, del desatasco y de la limpieza, que casi siempre suele llevar aparejada la presencia de albañiles. Esto es, el vecino de abajo lo sufre, los demás lo pagan y él silbando y mirando para otro lado.

Si este problema puede surgir donde uno menos se lo espera, también ocurre a gran escala en determinados barrios de la capital. En estos casos no sólo colapsan los saneamientos de los edificios sino también los de la red de la ciudad; es decir, los de todos.

Me creo que las instituciones no hacen todo lo que pueden hacer en estas zonas de Córdoba, pero de lo que no me cabe la menor duda de que son algunos -o muchos- de los habitantes de las mismas quienes con su insolidaridad contribuyen a agravar las condiciones de vida de todos. Desde luego que es muy llamativo poner en una nota de prensa que las cocheras o los bajos están inundados de aguas fecales, pero siempre se omite el dato de que ese destrozo en la red de saneamiento que tiene que funcionar a la perfección para beneficio de todos tiene unos culpables perfectamente conocidos a los que no se les puede culpar por su cobarde anonimato.

De vez en cuando se ven esas masas informes que Sadeco o Emacsa retira del alcantarillado. Son como monstruos oscuros, malolientes, siniestros y sin rostro, como sus responsables. Que este trabajo lo hagan las empresas municipales no significa, ni mucho menos, que nos salga gratis. Son los fondos de todos los que van destinados a remediar el vandalismo de unos pocos.

En el Museo del Ferrocarril de Madrid está la conocida como ‘La obra de arte más cara del mundo’. Y efectivamente lo es. Estuvo un año expuesta en ARCO y ahora se puede ver en la estación de las Delicias. Consiste en la puerta de un vagón altamente vandalizada a base de pintadas. Un cartel explica la partida anual que Renfe dedica cada año a limpiar estas salvajadas.

Cuando pase la Navidad y de la plaza de las Tendillas y del bulevar del Gran Capitán se retiren los trastos que hay ahora, se puede repetir la experiencia y colocar en cualquier lugar de estos una gran montaña con las toallitas retiradas de la red de saneamiento de Córdoba para ver el daño y el coste que ocasionan a quienes aún no están sensibilizados con el tema. Para ello es necesario que estén aún frescas y no hayan perdido su aroma.

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