Lo que no son cuentas, son cuentosSamuel Díaz

El eclipse económico que pocos están viendo

«Cuando apartamos la mirada de los grandes titulares y profundizamos en los datos, aparecen sombras que no deberíamos ignorar»

La economía también tiene eclipses: momentos en los que la luz de los buenos datos oculta las sombras de los desequilibrios
Samuel Díaz Jiménez

Hay eclipses que duran unos minutos y otros que se prolongan durante años. Los primeros nos obligan a mirar al cielo; los segundos deberían obligarnos a mirar con más atención las cifras que tenemos delante. España atraviesa hoy algo parecido a un eclipse económico. Hay indicadores que brillan con fuerza: el PIB crece, el empleo alcanza máximos históricos y la economía mantiene un ritmo de expansión que muchos países europeos envidiarían. Pero, cuando apartamos la mirada de los grandes titulares y profundizamos en los datos, aparecen sombras que no deberíamos ignorar.

El problema es que en economía también existen unas gafas. Y, como ocurre con un eclipse, son importantes. Solo que aquí las gafas son ideológicas, nos permiten ver aquello que confirma nuestras ideas y ocultar aquello que las contradice. Quitárnoslas es imprescindible.

España, según datos «oficiales», tiene hoy alrededor de 22,8 millones de ocupados y una tasa de paro inferior al 10%. Son datos que es completamente absurdo negar, ahora bien, ¿Qué realidad encierran? El empleo no puede analizarse únicamente por su cantidad. Hay que preguntarse también cuánto se gana, qué productividad tiene ese empleo y qué capacidad ofrece para construir un proyecto de vida. Porque una economía puede crear empleo y, al mismo tiempo, tener dificultades para generar suficiente prosperidad.

Ahí aparece el poder adquisitivo. Los salarios pactados en convenio aumentaban alrededor de un 3% a mediados de 2026, mientras la inflación se situaba por encima de esa cifra. El trabajador puede cobrar más euros, pero si esos euros compran menos, su situación real no mejora. Y entonces aparece la gran sombra del eclipse: la vivienda.

El precio de la vivienda aumentó un 12,9% interanual en el primer trimestre de 2026. Es difícil hablar de prosperidad cuando el precio del principal activo que necesita una familia para construir su futuro crece muy por encima de los salarios. ¿Qué clase de éxito económico es aquel en el que una persona puede tener trabajo, pero cada vez tiene más dificultades para independizarse? Esta es la paradoja que debemos atrevernos a mirar. El PIB puede crecer, pero el PIB no paga la hipoteca. El empleo puede aumentar, pero tener un empleo no garantiza llegar cómodamente a final de mes. Los salarios nominales pueden subir, pero eso no significa necesariamente ganar poder adquisitivo. Por eso debemos desconfiar de los relatos económicos demasiado simples.

Unos celebrarán los récords de empleo. Otros señalarán el paro. Unos hablarán del crecimiento. Otros de la vivienda. Unos destacarán los salarios. Otros la inflación. Todos pueden encontrar un dato que confirme su relato. Pero la realidad económica está en el conjunto. Y quizá el verdadero problema no esté únicamente en el presente, sino en el futuro: productividad insuficiente, vivienda inaccesible, dificultades de emancipación, presión creciente sobre las familias y una economía que necesita crecer más en calidad que en cantidad. Hablar de eclipse no significa decir que España esté en ruinas.

La luz existe. España crece y genera empleo. Pero también existen sombras. El verdadero riesgo es acostumbrarnos a mirar únicamente la parte iluminada. Por eso necesitamos quitarnos las gafas ideológicas y mirar directamente a los datos. No para negar lo que funciona, sino para descubrir lo que no funciona. Porque una economía no se puede juzgar solo por cuánto crece, sino por cuánto permite progresar a quienes trabajan en ella. Quizá ese sea el verdadero eclipse económico español: no que haya desaparecido la luz, sino que nos estamos acostumbrando a mirar únicamente aquello que está iluminado.

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