Lo que no son cuentas, son cuentosSamuel Díaz

Absentismo laboral: el lujo que España no puede permitirse

«Existen dos corrientes muy marcadas que sobrevuelan este debate. Una defiende el derecho absoluto del trabajador; la otra prioriza la protección de la actividad económica»

El trabajo aleja de nosotros tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad."Voltaire

Cada vez pesa más la losa del absentismo laboral en España. Este asunto retumba de forma sistemática en las tertulias económicas del país y, sobre todo, corren ríos de tinta denunciando un fenómeno que, sin duda, se está posicionando, lamentablemente, entre las mayores preocupaciones de la economía española y como una de las lacras que más están lastrando nuestra productividad y nuestro crecimiento económico.

España está enferma de absentismo y, cuando desgranamos los datos macroeconómicos, comprobamos que nuestra economía sufre esta epidemia y que, por si fuera poco, tiene ante sí una factura cada vez más elevada, una factura que los españoles difícilmente podemos asumir.

Desde 2018, el absentismo laboral se ha disparado y se ha convertido en una preocupación capital para todos los actores de la economía, hasta el punto de que encontramos infinidad de empresas con proyectos paralizados por falta de personal o incapaces de contratar nuevos recursos que suplan a quienes están de baja, ya que asumir el coste de ambos trabajadores resulta, en muchos casos, completamente inasumible.

En 2018, el número de trabajadores ausentes cada día rondaba los 450.000. En 2025, esa cifra ascendió hasta aproximadamente 1,6 millones, una absoluta barbaridad. Además, el agujero que esto supone para la Seguridad Social supera ya los 70.000 millones de euros y, si añadimos el impacto económico derivado de la pérdida de productividad, la factura asciende a más de 30.000 millones de euros.

Estas cantidades representan un coste económico elevadísimo y configuran una factura que, con el paso del tiempo, resulta cada vez más difícil de asumir para una ciudadanía que ve mermada, año tras año, su capacidad económica y financiera para sacar adelante su proyecto vital. Nuestro mercado laboral se resquebraja por ambos flancos y deja al descubierto todas sus debilidades y vergüenzas, mientras el Gobierno intenta maquillarlas para que los datos respalden un discurso propio del NODO y no la realidad.

¿Derecho o abuso? El debate sobre el absentismo laboral es muy complejo y delicado, aunque parece meridianamente claro que se trata de un problema de primer orden que, por momentos, puede llegar a sentarse en la misma mesa que otros grandes desafíos, como la vivienda o los salarios.

Existen dos corrientes muy marcadas que sobrevuelan este debate. Una defiende el derecho absoluto del trabajador; la otra prioriza la protección de la actividad económica. En lo que probablemente sí estaremos todos de acuerdo es en que necesitamos que la capacidad productiva de nuestra economía alcance cotas más elevadas para impulsar la productividad y, solo así, conseguir que los salarios crezcan y que nuestro poder adquisitivo nos permita, o al menos nos acerque, a una vida con una mayor calidad.

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