Salida procesional de la hermandad de la Piedad

Salida procesional de la hermandad de la PiedadJesús D. Caparrós

El Cristo de la Piedad hace historia este Miércoles Santo

La Virgen de las Lágrimas luce su paso ajustado a unas nuevas dimensiones

La primera estación de penitencia de una imagen de la altura artística del Cristo de las Almas, realizado por Antonio Bernal, es un fenómeno que la Córdoba no cofrade no disfruta todos los años. Por esta razón se puede decir que el discurrir ayer de la hermandad de Las Palmeras hasta la carrera oficial estuvo oficiado por una multitud que a buen seguro habrá quedado fidelizada a esta cofradía en Miércoles Santos venideros.
La bonanza de la tarde noche, muy similar a la de las jornadas anteriores, motivó que las calles de Córdoba gozaran de una animación que no se recordaba desde antes de la pandemia y que, en esta ocasión, se veía justificada tanto por ver en la calle al Cristo de la Piedad así como los cambios realizados en el paso de la Virgen de las Lágrimas en su Desconsuelo, que sigue siendo el mismo de siempre.
Estas novedades consolidan una jornada, la del Miércoles Santo cordobés, cuya seña de identidad es, acaso, la de tener un grupo de hermandades con una personalidad tan marcada como atrayente, lo que hace que la ciudad se vuelque con todas ellas a lo largo de su recorrido.

El Perdón

Si alguna vez usted se ha hecho la pregunta de qué es lo que más le llama la atención al turista llegado de un país lejano que se enfrenta por primera vez a algo tan abrumador estéticamente y tan complejo de entender como es una procesión, lo mejor que puede hacer es ver cómo evoluciona con una cámara de fotos en las manos.
Un señor de mediana edad, rubio septentrional e indumentaria más que informal se topó con el cortejo del Perdón en la plaza de San Juan, la de las Esclavas. Posiblemente no eran los primeros nazarenos que veía en su vida, pero por su reacción podían serlo perfectamente. Lo primero que hizo fue otear por encima del resto de cabezas para saber si se había perdido mucha procesión y cuánto le queda por ver. A partir de ahí escudriñaba todo lo que pasaba delante de sus narices y mientras tanto dirigía su mirada al interior de algún cubrerrostro, intentando descifrar cómo es quien va bajo el hábito nazareno.
Cuando el paso del Señor del Perdón se aproximaba por la calle Leopoldo de Austria, al hombre le faltó poco para entrar en convulsión, porque se le acumulaba el trabajo de fotografiar enseres, presidencias, varas, acólitos y, al fin, el paso. Otros ya sabían que las dalmáticas y los ciriales eran de estreno este año, pero a él eso le importaba bien poco.
El paso fue bajado cerca de él, pero al ser un misterio, con varias figura, se dio cuenta rápido de que había muchas perspectivas que no podría fotografiar. En ese momento, además, se dio cuenta de que faltaba algo. Con un golpe de cuello vio que, efectivamente, iba la banda tras el paso, pero el Señor del Perdón había llegado en silencio y se marchó en silencio tras una breve parada ante la puerta principal de la iglesia.
La cofradía de San Roque había establecido un tramo de silencio entre la plaza de Pineda, Leopoldo de Austria y la plaza de San Juan para que las personas autistas puedan disfrutar de las procesiones sin la estridencia de la música, algo que no sabía todo el mundo pero que desconcertó a este buen hombre que se volverá a su país con el interrogante de por qué salen con banda y luego no tocan.

El Calvario

Trescientos años no se cumplen todos los días ni tampoco los cumple todo el mundo. La cofradía del Calvario acaba de salir el año jubilar con el que se ha conmemorado los tres siglos de su fundación, algo que, precisamente, se nota en su cortejo, que desde el principio hasta el final denota con claridad saber lo que quiere.
La calle de San Pablo está bañada de luz. El sol entra desde arriba y declina sobre los adoquines situados sobre la que fuera la Vía Augusta de los romanos. Historia pura de Córdoba. Ayer, por esta calle, como harían hace tres siglos, los elegantes nazarenos del Calvario subieron hasta el Ayuntamiento, siguiendo el camino que harían las legiones que buscaban el foro en la parte alta de la ciudad.
Han pasado los siglos pero la esencia permanece. Jesús del Calvario prevalece sobre lo pasado y sobre lo venidero, como quedó claro ayer, mientras avanzaba, San Pablo arriba, en el contraluz acentuado de la nube de incienso camino de la carrera oficial.

La Paz

No figuraba en el listado de estrenos de la hermandad de la Paz y Esperanza, pero la pieza que por primera vez ha salido a la calle en Miércoles Santo no es otra que la corona que le impuso el obispo, Demetrio Fernández, el pasado 15 de octubre en la Catedral y que cerró un largo periodo de espera de dos años motivado por la pandemia del coronavirus.
Esta corona ha sido protagonista en la procesión de ayer, porque el diseño realizado por Manuel Valera se ha podido admirar en todo su sentido cuando la luz de la tarde ha entrado tamizada a través de los bordados del techo de palio. O cuando, ya de noche, la candelería reverberaba en el cristal de roca y en la pedrería, haciendo que la joya fuese aún más liviana sobre las sienes de la Virgen de la Paz.
En la calle Cardenal González, ya avanzada la noche, el cortejo no había perdido sus bríos juveniles y en esos momentos estaban repitiendo algo que habían hecho hacía poco menos de seis meses, como era llevar de la Catedral a Capuchinos a la Virgen de la Paz.

La Misericordia

Tenían razón. Efectivamente, el paso de la Virgen de las Lágrimas es ahora ligeramente más ancho, más largo y algo más alto. Han cambiado las medidas pero no se ha alterado lo más mínimo el sello de uno de los pasos más personales de la Semana Santa cordobesa. Los respiraderos y la orfebrería siguen siendo dorados, y los bordados se asientan sobre un terciopelo malva, por lo que se mantiene la estética conocida por varias generaciones de cordobeses.
Todo esto, de noche, cobra su verdadero sentido cuando es la candelería casi la única fuente de iluminación del paso. La suma de las pequeñas llamas crea una atmósfera especial que se encuentra acogida y querida entre los varales y las bambalinas, porque nada menos que la Virgen de las Lágrimas reina ahora mejor que nunca en el interior de este conjunto.

La Pasión

El tirón de San Basilio es muy fuerte. Todo lo que acontece en este barrio tiene una repercusión especial, ya sea la fiesta de los patios o las procesiones del Señor de la Pasión o de la Virgen del Tránsito.
Anoche costó realmente un gran esfuerzo abrirse un hueco en las calles del Alcázar Viejo para deleitarse con el paso de esta hermandad, que es uno de los pilares más sólidos y más antiguos del Miércoles Santo.
Los músicos de Santo Tomás de Villanueva supieron hacer el silencio en una más que abarrotada calle de las Caballerizas Reales para que el arco, el mítico arco de las viejas fotografías en blanco y negro, fuese cruzado con mimo por quien ayer, una vez más, demostró reinar en el lugar con su túnica bordada y su insustituible cruz dorada.

La Piedad

Cuentan que la salida de la procesión en Las Palmeras contó con una animación especial, ya que numerosos cofrades no se quisieron perder el momento histórico del inicio de la estación de penitencia con la nueva imagen del Cristo de la Piedad, la talla realizada por Antonio Bernal y bendecida por el obispo, Demetrio Fernández, en la Catedral el pasado 19 de febrero.
Más adelante, en Ciudad Jardín, la animación no había decaído un ápice. En las aceras y en muchos balcones se notaba la presencia de quienes no se querían perder el caminar de este crucificado que si sorprende de frente, más aún lo hace de perfil; que si es hermoso de lejos más aún lo es de cerca, con una policromía trabajada hasta el máximo.
Si muchos cofrades fueron a Las Palmeras a ver salir el cortejo, muchos vecinos de este barrio acompañaron a sus nazarenos hasta la carrera oficial. Este gesto fue una de las lecciones mejores que dejó ayer esta procesión, ya que a todos ha demostrado que una hermandad es también una potente herramienta de integración social y que llevar a su Cristo hasta la Catedral les hizo sentirse tan cordobeses como los demás y, encima, en igualdad de condiciones.
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