Detalle de la reliquia de San Pelagio
El Seminario San Pelagio clausura su Año Jubilar con una llamada a la fe «pura, auténtica y preciosa»
El obispo de Córdoba preside la Eucaristía bajo el rito hispano-mozárabe en el 1.100 aniversario del martirio del santo cordobés
El Seminario Conciliar San Pelagio ha cerrado este jueves un año jubilar dedicado a su patrón, San Pelagio, coincidiendo con el 1.100 aniversario de su martirio. La clausura, celebrada en la solemnidad del niño mártir, tuvo lugar en la capilla del Seminario Mayor con una eucaristía en rito hispano-mozárabe presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ante sacerdotes, seminaristas, formadores, consagrados y laicos.
En su homilía, el prelado dio gracias a Dios «porque en su Hijo Jesucristo nos ha abierto las puertas de la salvación» y destacó el testimonio del joven mártir, cuya vida fue «una expresión nítida de confianza, oración, castidad y amor a la Iglesia». San Pelagio, recordó, fue un adolescente que prefirió perder la vida antes que ceder al pecado, un ejemplo de coherencia radical con la fe cristiana.
Capilla del Seminario Mayor
El obispo subrayó que «en San Pelagio encontramos una fe pura, auténtica, preciosa», y afirmó que su figura sigue fortaleciendo la fe, animando la esperanza y comprometiendo al amor a quienes lo recuerdan. Agradeció el impulso espiritual recibido durante este año jubilar y animó especialmente a los seminaristas, afirmando que si San Pelagio viviera hoy «sería seminarista», y los exhortó a cultivar la vida espiritual y comunitaria también durante el verano: «No hay vacaciones para el alma».
Han participado sacerdotes, seminaristas, formadores, consagrados y laicos
Durante este Año Jubilar, se ha celebrado cada 26 de mes una misa en su honor, se presentó el documental San Pelagio, producido por Ábside Media, y el pasado 17 de noviembre tuvo lugar una histórica procesión organizada por la Fundación Santos Mártires, en la que participaron mil trescientos escolares junto a las imágenes de San Acisclo y Santa Victoria. Así concluye un tiempo de gracia que ha reavivado el recuerdo del niño mártir y su legado entre los fieles de la diócesis cordobesa.