El carisma del Tardón y San Rafael
Un azulejo conservado en el convento de San Calixto, en Hornachuelos, sirve de punto de partida para recorrer la huella espiritual del antiguo monasterio basilio del Tardón y su posible relación con Andrés de las Roelas, el sacerdote al que se le apareció San Rafael como custodio de Córdoba
Azulejo en San Calixto
Tengo la suerte de tener amigos que me aprecian y con los que llevo varios años compartiendo una convivencia en San Calixto, en la localidad cordobesa de Hornachuelos. Perdido en los antiguamente conocidos como Montes Marianos, el padre Jerónimo y las monjas del carmelo nos acogen y nos transforman hasta llegar a la convicción que los que estamos encerrados y sin libertad somos los que andamos al otro lado de la reja del locutorio.
Paseando una mañana por aquel lugar de paz me detuve a leer una inscripción. En el muro izquierdo del recibidor del convento hay un gran azulejo que cuenta de manera resumida la historia de aquel lugar. Allí se recuerda como, antes de ser convento de carmelitas descalzas, aquellas tierras acogieron el monasterio de monjes basilios del Tardón. La referencia no tendría interés en el recuerdo del siete de mayo y las apariciones de San Rafael al padre Roelas, sino fuera por algo que refiere sobre los primeros moradores de aquel Tardón del siglo S. XVI. Recuerda el texto:
«El monasterio de El Tardón, de la Orden de San Basilio, fundado el año de 1542 por el venerable Mateo de la Fuente, alzaba sus airosos muros sobre el mismo recinto que ocupa hoy San Calixto. De la grandeza del monasterio, y la obra civilizadora de los monjes, sólo queda en pie la hermosa arquitectura de la iglesia y la esbelta silueta de su torre…»
Para continuar:
«… A lo largo de tres centurias moraron en una porción insigne de almas, los venerables Diego Vidal y Esteban de Centenares, fray Juan de la Miseria, el obispo Roxas Sandoval, el padre Róelas, y tantos otros, supieron encerrar en la pequeñez de sus celdas la gloria misma y ganar la inmortalidad...»
¿El padre Roelas, Andrés de las Roelas, en el Tardón? La figura de este sacerdote, testigo de las revelaciones de San Rafael en Córdoba, sigue cruzándose en mi camino. Decidí no esquivarlo y quise contrastar la información leída.
Hay que partir de la historia del actual convento de San Calixto. Su origen se remonta a los años cuarenta del siglo pasado, cuando Julio Muñoz, marqués consorte de Salinas, reconstruyó la iglesia y todo el poblado, ofreciendo el convento a la madre Maravillas de Jesús para que allí se establecieran las carmelitas descalzas. Ignorando el origen del citado azulejo, su información tiene que ser posterior a la rehabilitación de estos espacios. Pero, ¿de dónde sale?
Lo desconozco, pero es una idea que reitera el cronista de Hornachuelos Antonio Ortega Serrano en su libro Paseos por Sierra Morena II, Hornachuelos tierra de santos lugares . El escritor incluye al padre Roelas en la lista de los primeros ocupantes del monasterio basilio del Tardón, identificándolos a todos como discípulos de san Juan de Ávila (Cajasur, 2003: 79).
La falta de reseña bibliográfica no permite llegar a conclusiones definitivas. Las referencias escritas en el siglo S. XVIII sobre el Tardón por el padre Vicente de san Antonio y por Bartolomé Sánchez de Feria, cuando ya San Rafael era venerado como custodio de Córdoba, no sitúan al padre Roelas en aquel monasterio. Es necesario hacer un breve recuerdo de lo que sí es conocido para seguir comprendiendo.
Los monjes basilios
Dos personajes deben centrar el interés de este estudio: por un lado, el venerable Mateo de la Fuente, primitivo ermitaño y posterior fundador del monasterio del Tardón; por otro lado el montillano Bernardo de la Cruz, que desde las celdas del río Oviedo, en la provincia de Jaén, también impulsó la fundación de un monasterio. Ambos cenobios fueron requeridos para acogerse a una regla, eligiendo la de san Basilio. Pocos años después, en 1575, estos monasterios se unificaron dentro de la provincia española de san Basilio. Nuestros dos protagonistas, impulsores de la instauración de la Orden de san Basilio en España, son conocidos como discípulos de San Juan de Ávila.
Andrés de las Roelas no fue monje basilio. En su testamento (1586) se auto denomina clérigo presbítero, con una capellanía en el monasterio de Las Dueñas (Córdoba). Sí conocemos la amistad de este sacerdote con el mencionado Bernardo de la Cruz. Ello provocó a buen seguro las distintas donaciones que la familia Roelas realizaron a los basilios de Jaén para fundar en la localidad de Posadas un tercer monasterio basilio bajo la advocación de Santa María de Gracia, cosa que sucedió en dos fases (1565 y 1580). Antes de la primera fecha, ya de las Roelas desarrollaba una vida eremítica en el mismo lugar, manteniendo hasta el final de sus días una estrecha relación con ese monasterio, tal como se aprecia en su testamento.
Firma de Andrés de las Roelas en su testamento (1586)
Definido brevemente el origen cordobés de la Orden de san Basilio en el siglo XVI, la posterior unificación en una única provincia permitió una constante interrelación entre los monjes basilios de Jaén, Córdoba y Sevilla. Algunos ejemplos: uno de los primeros moradores del Tardón, Diego Vidal, aparece como abad de Santa María de Oviedo y posteriormente como provincial de la Orden; igualmente, Bernardo de la Cruz también llegó a ser provincial de los basilios españoles. Establecida la relación entre Andrés de las Roelas y los monjes basilios, la ausencia de información sobre el monasterio basilio de Posadas puede ser suplida de alguna forma con la mejor conocida del Tardón. La vida de estos monjes de la sierra cordobesa nos puede ayudar a comprender lo que vivió y acogió Andrés de las Roelas de aquella Orden basilia.
El carisma del Tardón.
Santa Teresa de Jesús narra en el capítulo XVII de su libro de Las Fundaciones el encuentro con dos monjes del Tardón, escribiendo: «Ni tenían renta ni querían recibir limosna ni la recibían; sino de la labor de sus manos se mantenían, y cada uno comía por sí, harto pobremente. Parecióme, cuando lo oí, el retrato de nuestros santos Padres».
El padre Vicente de san Antonio, abad del Tardón en 1772, con motivo de un informe emitido para resolver un conflicto con los provinciales de la Orden, y basándose en dos volúmenes sobre la historia de aquel monasterio que entonces allí se custodiaban, describía así el origen del Tardón: «La soledad, el trabajo de manos, la oración mental y el ayuno era el carácter de nuestros anacoretas».
San Calixto
Dos pinceladas que ayudan a describir el carisma de este monasterio, que se puede resumir como sigue:
POBREZA. La primitiva comunidad vivía en chozas diseminadas, habiendo construido con tierra, piedras y corcho un austero templo donde se le dio culto a la Virgen de la Sierra, levantando a su vez un altar a san Miguel. El Tardón rechazó cualquier tipo de rentas y vivir de la mendicidad, optando por el cultivo de las tierras y la venta de cestas de anea y paños que fabricaban con sus manos. La austeridad en el hábito fue también regla a seguir en prueba de sobriedad, vistiendo «saco de gerga de color de ceniza, escapulario y capilla pardos, y del todo descalzo», según nos narra Sánchez de Feria.
ORACIÓN. Aquellos monjes basilios decidieron seguir la liturgia de las horas y practicaron la oración mental, en esa espiritualidad que llevó a la santidad a los místicos españoles del siglo XVI. Sobre aquella forma de orar nos dice el padre Vicente de san Antonio que era « dulzura que suavizaba lo áspero del sitio y aquel género de vida».
SOLEDAD. Mateo de la Fuente tuvo dos maestros: Domingo de Soto y san Juan de Ávila. De ambos se dejó aconsejar en busca de aquella vida eremítica, que anheló desde su etapa estudiantil en Salamanca, pasando por Baeza, la Albaida cordobesa y por fin el Tardón, a tres leguas de Hornachuelos. Necesitó huir del mundo para encontrarse con Dios. Hasta el punto que en la visita de Felipe II a Córdoba (1570), el monarca más poderoso del mundo quiso conocer el monasterio que tanta fama de santidad ostentaba, rechazando el padre de la Fuente tal encuentro por el peligro que podía suponer para la vanidad de sus monjes.
FORTALEZA. La obligación de los cenobios de acogerse a una regla vino impuesta por la reforma de Trento. El camino de la vida eremítica a la conventual no fue fácil en el Tardón. Al igual que aquellos monjes que buscaron en Citaux una más estricta observancia de la regla de san Benito en el siglo XI, la vuelta a los orígenes del monasterio del Tardón provocó enfrentamientos externos e internos. El clero diocesano y los diezmeros respondieron ante la pérdida de ingresos que suponía la popularidad del nuevo monasterio. La unificación de los distintos monasterios basilios en una única provincia encontró el conflicto por asuntos como la proporción de legos y religiosos o la exigencia de la pobreza y el trabajo manual. A todo ello se enfrentó el Tardón sin traicionar la regla.
San Rafael
De todo lo anterior pudo saber y compartir Andrés de Las Roelas. Las dos fuentes más directas para conocer a este sacerdote son su testamento de 1586 y el relato de las apariciones de San Rafael, escritas por Juan del Pino. De ambos documentos podemos extraer coincidencias con el carisma descrito. Las citadas apariciones se produjeron mientras el sacerdote rezaba maitines en la noche. Cuando las dudas le asaltaron, reconoció su soledad y no saber a quien dirigirse, pues no había estado en Córdoba. El miedo al reproche inquisitorial no le hizo cejar en su afán de conocer la verdad. La forma en que ordenó su entierro es muestra de su pobreza. Son solo algunos detalles, algunas diosidencias.
Es difícil conocer el interior del corazón humano, menos a vista de cuatrocientos cincuenta años. No me imagino una vida ejemplar, sería olvidar la misericordia de Dios. Sí creo por el contrario que el carisma relatado pudo ser presupuesto de lo que estaba por llegar. Si reconocemos en Andrés de las Roelas al elegido para ser el portavoz de San Rafael como custodio de Córdoba, el arcángel celestial debió sembrar de gracia la vida de aquel sacerdote para después poder recoger los frutos de la revelación.
La incredulidad está siempre al servicio de su fin. Poner en duda lo que no se puede comprobar es del todo respetable, a la vez que reflejo de la propia condición. Yo, sin embargo, prefiero seguir creyendo que la libertad del hombre puede ser camino de virtud, también en la Iglesia. Un hombre que en la España del siglo XVI mezcló la espiritualidad mística y la intelectualidad escolástica para encarnar la contrarreforma católica, el Renacimiento espiritual. De aquella forma de ser participaron los monjes del Tardón de Córdoba. De ello necesitó San Rafael para revelarse como custodio de nuestra ciudad.