Puente Genil

Puente GenilJunta de Andalucía

Este es el pueblo cordobés que pertenecía a Sevilla y en el que se ha fijado una prestigiosa revista española

En 1800 formaba parte de barrio sevillano de Miragenil

A más de 100 kilómetros de la capital, hay una localidad cordobesa que hace más de dos siglos estuvo dividida por un río. A un lado, Córdoba, y al otro, Sevilla, hasta que una reina decidió poner fin a esta separación.

Hoy en día, Puente Genil, en plena campiña sur cordobesa, colinda con la provincia sevillana, pero hubo una época en la que, literalmente, pertenecía a este territorio. Y así lo cuenta la primera revista de viajes española, Viajar, que pone el foco en este pueblo por su «curioso pasado ligado al caudal que transcurre por sus tierras y al puente sobre el que se erige su identidad».

Primeras poblaciones

Desde el paleolítico inferior, este rincón cordobés está habitado. Fueron distintas las civilizaciones que pasaron por sus tierras y quisieron hacerse con ellas. «Se las repartieron romanos, árabes y visigodos en distintos periodos históricos, lo que hace que se conserve en su término municipal un rico patrimonio. La primera fundación del municipio, sin embargo, no llegaría hasta la Reconquista», confima la publicación.

El primer nombre de la localidad, que nada tiene que ver con el actual, lo recibe de su fundador, Gonzalo Yáñez Dovinal: Pontón de Don Gonzalo. Y, en 1600, tal y come explica Viajar, «surge la localidad que se sitúa en el otro margen del río: Miragenil. El Genil separa ambos pueblos. El primero pertenece al marquesado de Priego. El segundo, al marquesado de Estepa».

Decisión Real

Encontrarse entre dos provincias, llevó a Puente Genil a diferentes disputas en cuanto a la repartición de tierras. Pero, entre dimes y diretes, ¿cómo volvió el territorio a ser completamente de la provincia de Córdoba?

«Tras varios intentos de acuerdo fallidos entre los marquesados, la regente María Cristina, madre de Isabel II, toma la decisión de unir las localidades por un decreto en 1834». Es así, como surge Puente Genil donde «es tan importante el río como el puente», ya que ambos le dan nombre.

«Desde la antigüedad el puente sirvió para salvar esta frontera natural. Primero, hecho en madera, y, desde 1561, con una sólida construcción de piedra diseñada por Hernán Ruiz II». Fue Leopoldo Lemaniez, arquitecto francés, quien le confirió el arco volado que terminó de redondear la imagen «de una construcción clave en la unión de Puente Genil, el pueblo cuyas orillas llegaron a estar en provincias diferentes»,

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