Luisa, exiliada venezolana en Córdoba

Luisa, exiliada venezolana en CórdobaSamira Ouf

Luisa, exiliada venezolana en Córdoba

«Yo vengo del futuro de España»

Algo más de 1000 venezolanos residen en Córdoba. Han escapado del socialismo bolivariano. Luisa es una de ellas.

El olor de las arepas en el desayuno. Luisa lo rememora para acercarse a su tierra, a la Venezuela que le vio nacer. Un ritual y un aroma que era (y es )lo que más echa de menos, primero en Italia y después en España, paises en los que ha encontrado un refugio frente a la mugre socialista y bolivariana que ha arrasado a toda una nación, un cáncer que en sus diferentes variantes, con una misma raíz, lleva destrozando desde hace más de un siglo a parte de la humanidad.

Luisa no se llama Luisa y no desea mostrar su cara: su familia corre peligro si esta entrevista llega a Venezuela y se le identifica. A pesar de los cambios que ya comienzan a conocerse desde la detención de Maduro, y que han supuesto la liberación de algunos presos políticos, los criminales aún gobiernan y están dispuestos a todo.

Ha sido esta una semana intensa, unos días que se viven entre la esperanza, la incertidumbre y una alegría moderada, prudente, porque el socialismo es una hidra de muchas cabezas y todas muerden. Aquí, en España, varias de ellas han lanzado su veneno a modo de insultos, de desprecios y señalamiento para con una comunidad de gentes desplazadas, obligadas a huir, que han encontrado - de momento- 1a libertad que perdieron en su patria. Y que miran por cierto con preocupación la deriva de España. Son mayoría los venezolanos que lo avisan. Ellos vienen de un futuro que aquí muchos no quieren ver y otros tratan de ocultar a toda costa porque ya se han enriquecido a costa del dolor del pueblo de Venezuela.

Luisa, durante la entrevista

Luisa, durante la entrevistaSamira Ouf

— La primera pregunta es casi obligada: ¿qué sintió hace unos días cuando se enteró de la detención de Maduro?

— Felicidad absoluta, total. Al principio, incredulidad. A la persona que me avisó yo pensaba que me estaba tomando el pelo. Pero luego entré inmediatamente en redes y lo vi. Fue una mezcla de incredulidad y de esa sensación de que por fin se hace justicia, ¿no? Después de todo lo vivido, de todo lo tremendo que representó, que ha representado y que todavía sigue representando esa dictadura, lo sentí como el primer paso. Dijimos: «aquí vamos con el primer paso».

— ¿En España se tiene una idea equivocada de lo que ocurre en Venezuela?

— Totalmente, totalmente, porque no hay una información veraz en los medios de comunicación. Hay muchos medios españoles de tendencia de izquierdas que han ocultado todo lo que ha pasado. Las pocas voces que se enteraron de lo que sucedía han sido calladas por una mayoría que lo mantiene oculto. Entonces España, realmente, el español medio, tiene una visión sesgada de lo que allí sucede, o sucedió, o todavía sucede.

— ¿Y qué sucedió, qué sucede? ¿Qué fue lo que a su familia y a usted les obligó a salir de allí?

— Lo primero fue que, cuando mis hijos eran menores de edad, existía el riesgo de que nos quitaran la patria potestad. En ese momento sentíamos que estábamos en un mar de arenas movedizas, ¿no?, que el gobierno poco a poco nos iba succionando y envolviendo. Logramos superar ese impase grande que tuvimos con el presidente Chávez y mis hijos fueron creciendo. Cuando terminaron la primaria y el bachillerato, decidimos migrar por primera vez a Italia. Luego uno de mis hijos mayores regresó a Venezuela a estudiar, pero ya siendo mayor de edad. Yo no regresé hasta que los dos más pequeños cumplieron la mayoría de edad, porque siempre existía el miedo. Estuvieron calmados un tiempo, pero luego volvieron a hablar de la pérdida de la patria potestad. Al regresar, ellos terminaron el bachillerato y la situación se fue haciendo cada vez más insostenible: mucha inseguridad personal, los colectivos rondando por todas las zonas, disparando, amedrentando; ya no se podía comprar comida con normalidad, había problemas de todo tipo. Total, que decidimos que tenían que salir del país. El primero que se fue fue nuestro segundo hijo, a Australia, con diecinueve años. Luego, cuando se graduó el mayor, se fue a Inglaterra, y después el tercero también a Australia. Hubo un momento en que yo ya estaba muy tranquila, porque decía: «me pase lo que me pase, no importa, pero mis hijos ya no están aquí», que era lo que nosotros queríamos. Yo siempre decía: «yo llegué al futuro que quería, pero ellos todavía no han llegado, así que se tienen que ir». Y suena muy feo, pero prácticamente los obligué a irse, porque me daba terror.

— Pero finalmente, usted y su marido tienen que salir adelante.

— Finalmente, sí. Nosotros en el año 2007 volvimos a Italia y la situación se estabilizó. Habíamos perdido todo y poco a poco nos volvimos a recuperar.

— Dice que lo perdieron todo, ¿a qué se refiere?

— Teníamos una empresa importadora de materia prima, sobre todo para la industria de alimentos, y en 2016, cuando llegó el control más férreo por parte de los militares, la aduana y todo eso, quebramos como empresa. Mi esposo se vino entonces, a principios de 2017, a España. Yo no me quería venir, yo trabajaba, pero comenzaron los disturbios, el año empezó muy mal: disturbios, falta de comida, de medicinas, de electricidad, de agua… o sea, los servicios básicos prácticamente no existían.

El punto de quiebre fue en 2017, cuando me quedé sin trabajo. Entonces mi marido sin trabajo, yo sin trabajo… ¿cómo iba a hacer? Recuerdo que mi coche se estropeó y, para ese momento, mis hijos ya estaban fuera, dos de ellos ya trabajando, y yo en Venezuela no podía pagar la reparación porque no tenía dinero, me había quedado sin nada. Yo siempre decía: «que se vayan ellos, yo me quedo», pero al final me tuve que venir yo. Cerramos la casa y nos vinimos.

Llegamos a España y fue empezar otra vez. Es como que te sacan de tu zona de confort, de tu país, de tus raíces, de tus costumbres. Llegas a una tierra que es España, una tierra bendita, pero tienes que acostumbrarte a una forma de vida diferente, a costumbres distintas. Y mientras logras ese proceso va pasando el tiempo, ¿no?, te sientes como un pez que no sabe hacia dónde va.

Pero bueno, decidimos que esta era nuestra nueva patria, que aquí teníamos que estar, y que éramos nosotros los que teníamos que adaptarnos a España. Y yo creo que, en cierto sentido, lo logramos. Yo hoy lo he logrado, porque trabajo y estoy completamente feliz aquí en España, pero costó.

— Desde la detención de Maduro, en España ha habido calificativos muy duros hacia compatriotas suyos que han venido aquí; en algunos casos, incluso insultos. Cuando ha leído eso o ha tenido conocimiento de ello, ¿qué ha sentido?

— Una profunda tristeza. Una profunda tristeza, porque quien insulta lo hace desde la comodidad de su casa, desde el beneficio que le da ser ciudadano español, desde la seguridad de saber que, si le pasa algo, tiene cobertura: si se enferma, si se queda en paro o si tiene una baja, va a seguir percibiendo su sueldo. Y no entiende, a lo mejor, que el venezolano viene a trabajar en lo que sea con tal de poder mandar una remesa a su familia para que los que se quedaron puedan comer, puedan sobrevivir. Entonces, somos —yo digo— los hijos, los padres y los nietos de la supervivencia, porque la gran mayoría de los que estamos aquí hemos venido para ayudar a los que se quedaron. La gran mayoría, yo creo; no todos, pero casi todos vinimos para ayudar.

En mi caso, yo no vine para ayudar a mis hijos, vine para ayudar a unos sobrinos que tenían que salir, y a mi cuñado, que acababa de enfermar de un cáncer de páncreas. No pudimos conseguirle los medicamentos para la quimioterapia y murió, sí, por falta de asistencia médica. Entonces, cuando lees lo que te dicen, cuando te insultan, piensas: no sé si desearle a esa persona lo mismo que yo he vivido para que vea que está completamente equivocada, o dejarlo pasar y contestar: si tú no has vivido aquello, no opines.

Luisa, durante la entrevista

Luisa, durante la entrevistaSamira Ouf

— Muchos de esos calificativos se hacen desde la ideología. ¿Hasta qué punto un pensamiento ideológico determinado deshumaniza?

— Totalmente te deshumaniza. No te permite ver a los lados, no te permite pensar, no te permite ser justo, no te permite ver más allá de las ideologías.

— Hace unos días hablábamos también con otro compatriota suyo y decía que sospechaba que una orden de extradición que llegó a España se debía —cito textualmente— a que «Zapatero y su combo han querido mandarme de vuelta a Venezuela». ¿De alguna manera los venezolanos se sienten vigilados en nuestro país?

— Yo particularmente no; aquí en Córdoba creo que no. Sí hay personas de choque. Es decir, en este momento se está viendo lo que vimos nosotros en Venezuela desde que se montó Chávez: había una manifestación y llegaban los manifestantes pro Chávez, y se producía el enfrentamiento. Aquí se está viendo lo mismo. Hay una manifestación pro Venezuela hecha por venezolanos y vienen grupos anti-Trump españoles a protestar, o sea, anti-Venezuela; es una cosa loca. Entonces te das cuenta de que son personas que vienen tarifadas por la dictadura venezolana. Tienen sus grupos de choque, sus grupos ideológicos, y cualquier manifestación a favor de Trump la intentan anular. Llegan estos grupos de choque, que no son venezolanos, que ni siquiera saben por qué están allí. A lo mejor están cobrando lo que les pagan para justificarlo y vienen a hacer la antimanifestación, como yo la llamo.

Y eso es un profundo desconocimiento, una profunda ignorancia. Otra de las cosas que dicen es: «el petróleo, tu petróleo se lo va a llevar Trump». Yo te puedo decir que en veintiocho años yo no he visto petróleo. Cuando no había agua en mi casa, yo no me bañaba con petróleo; cuando no había comida, yo no comía petróleo; cuando no había electricidad —porque esto es real—, yo no tenía una velita de petróleo para iluminarme.

— Alguna voces critican ahora la actuación de Estados Unidos, tras la detención de Maduro y en el marco de la transición que se pretende impulsar en Venezuela, pero no ha importado —sobre todo a la comunidad internacional— la injerencia de Irán, de Cuba, o también de China y Rusia.

— Para mí la comunidad internacional es un abstracto, algo que yo no sé muy bien qué es; yo creo que no existe. Creo que se lo inventaron de alguna manera, porque ¿dónde estaba la comunidad internacional cuando asesinaron venezolanos, cuando torturaron a jóvenes, cuando humillaron y sodomizaron a presos políticos? ¿Dónde estaba la comunidad internacional cuando, en una cadena de radio y televisión, Chávez ordenó apresar a la doctora María Lourdes Afiuni, que era jueza? ¿Dónde estaba entonces la comunidad internacional? ¿Han leído realmente lo que le hicieron a esa pobre mujer? La torturaron, la golpearon, la violaron repetidas veces en la celda; no solo por las detenidas, sino porque la colocaron junto a presas a las que ella misma había juzgado, dentro de la misma celda. La golpearon… fue el chivo expiatorio para decirle al resto de los jueces: «aquí se hace lo que yo digo, porque si no lo haces, te va a pasar esto». ¿Dónde estaba la comunidad internacional?

— Hay algo inquietante, y es el aviso constante que muchos venezolanos hacen en España a los españoles: que, de alguna manera, estamos en el mismo camino, que nos dirigimos hacia una catástrofe similar.

— Sí, sí. Yo siempre digo una frase horrenda, pero la digo: «yo vengo del futuro de España». Y se lo digo a los españoles que conozco, a los que aprecio y respeto: si ustedes de verdad, de verdad, no defienden España con garras y con uñas, y con mordiscos, si no la defienden, esto se va a ir al traste.

— Pero ¿cuáles son esas similitudes o paralelismos?

— Por ejemplo, ayer mismo: piden enjuiciar a un torero y a un periodista porque, según dicen, solicitaron lo mismo que se hizo en Venezuela para Maduro, pero aplicado aquí, para Sánchez. Luego está la malversación de fondos: cuando tus impuestos se van a financiar a ministros irrespetuosos. O cuando ves que toda la infraestructura de España se está deteriorando.

Yo, cuando llegué a España hace siete años, a mis amigos venezolanos les decía: «tienes que montarte en un tren español, porque esto es una maravilla, puntual, limpio…». Y ahora te montas en un tren y no sabes ni cuándo sales y mucho menos cuándo llegas. Los servicios se están deteriorando.

Luisa, durante la entrevista

Luisa, durante la entrevistaSamira Ouf

Después está que no se sale de la pelea política, porque ya no es un discurso político, es la pelea: tú contra mí, o yo contra ti. Y resulta que la oposición está perdiendo —digo yo— una oportunidad de oro para sacar a Sánchez, porque no hay unidad. El español no está unido por una sola causa, que es España. Cada uno va por su lado. Son como múltiples islas: un partido por aquí, otro por allá, otro más allá, y se olvidaron de España y se olvidaron de los españoles. Eso es exactamente lo que pasó con nosotros.

— Parece claro que hay políticos españoles que se han enriquecido a costa de Venezuela.

— Sí. Bueno, no sé si puedo dar nombres. Rodríguez Zapatero, que ya se sabe, que está en la lista, que ya hay pruebas. El mismo Sánchez, que para llegar a ser presidente de la Internacional Socialista recibe dinero venezolano. Y ahora quiere ser mediador. Luego está el de Podemos, Monedero, que para mí es un ser vil, una mala persona, un miserable —perdóname la expresión—, que va a hablar de derechos humanos al mayor centro de tortura de Latinoamérica, que se llama el Helicoide, en Caracas. O sea, estás allí, hablando de derechos humanos, y debajo hay túneles y sótanos donde se tortura a la gente.

— ¿Qué comentan estos días entre ustedes?

— Felices, felices, estamos realmente muy felices. Lo único que nos mantiene así es ver la posibilidad de regresar. Todos… bueno, no todos, no lo sé, pero quizá la gran mayoría de los venezolanos que estamos fuera queremos volver. ¿Por qué? Porque sabemos que nuestro país quedó como Europa después de la Segunda Guerra Mundial y sabemos que esa tierra nos necesita para poder resurgir de nuevo, a todos, a todos por igual. Y yo creo que ese es el sentimiento, ese es el sentimiento.

— El proceso político ahora mismo es una incógnita, ¿no?

— Sí. ¿Qué pensamos que va a pasar? Mira, no te voy a negar que quedamos muy, muy asombrados con la decisión de Trump de nombrar a Delcy Rodríguez como vicepresidenta de Venezuela. Pero luego, pensándolo en frío, hay varios puntos. Que regresaran ahora María Corina Machado y Edmundo González, presidente electo de Venezuela, habría sido peor. ¿Por qué? Porque ellos realmente no tienen el respeto ni de la Guardia Nacional ni de los poderes públicos, que están todos en manos del partido de gobierno. A los tres días les habrían dado un golpe de Estado, los habrían apresado y los habrían matado.

Yo creo que lo que está buscando Trump en este momento es otra cosa. Delcy Rodríguez maneja el poder y ella va a tener que ceder, sobre todo en la parte del petróleo. Pero, al mismo tiempo, creo que está logrando que ellos se destruyan entre sí. Ya se sabe que el hermano entregó a Maduro, que el jefe de la Casa Militar tuvo un papel muy importante en esa entrega. Por lo tanto, ahora mismo están en una guerra interna, se van a comer unos a otros. Quizá ese sea el objetivo de Trump, quizá.

— Hemos recurrido al anonimato porque usted teme represalias serias. ¿Eso todavía ocurre y puede ocurrir en Venezuela?

— Sí, está ocurriendo. En este mismo momento en que tú y yo estamos conversando, está ocurriendo. Hay alcabalas móviles en las autopistas, en las calles, revisando coches, revisando móviles, y cuando encuentran cualquier cosa que a los colectivos armados les parezca apoyo a Estados Unidos, esa persona queda detenida.

Y no va detenida como fue Maduro —que, nos guste o no, se sabe adónde lo llevaron, bajó de un primer avión, se sabe que lo trasladaron a una corte en Nueva York y tiene derecho a defensa—. El venezolano al que detienen no tiene derecho a la defensa. Le asignan abogados del chavismo, lo sentencian sin juicio y sin pruebas, con jueces que firman expedientes falsos de terrorismo emitidos por el fiscal del gobierno. Eso es lo que pasa.

Luisa y su marido son optimistas y desean regresar a Venezuela

Luisa y su marido son optimistas y desean regresar a VenezuelaSamira Ouf

— Si algún día regresa a su país, ¿qué sería lo primero que haría?

— No sé… no sé. Creo que al bajar del avión besaría mi tierra. Creo que sí. Ha sido mucho, mucho, mucho dolor… y perdóname, no me esperaba esta pregunta. (Las lágrimas interrumpen durante un momento la entrevista). Besaría mi tierra, iría corriendo a besarla, porque hemos sufrido demasiado, demasiado.

— Y supongo que después comer unas arepas, ¿no?

— Uf… allá, allí. Sí, eso es lo que haría.

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