Vestido de crochet de Massimo Dutti
Moda
El crochet, una moda de humilde origen
La hambruna de Irlanda a mediados del siglo XIX y la reina Victoria de Inglaterra impulsaron una tradición irlandesa poco valorada
El hambre en Irlanda, especialmente de 1845 a 1852, hizo que las mujeres de la isla, un delicioso país donde a los españoles nos reciben con cariño, agudizasen la imaginación para aportar ingresos a sus familias. Visto inicialmente como una artesanía vulgar entre las clases altas, en Irlanda comenzaron replicando el encaje local, que siempre había gozado de cierta fama.
Imitando los encajes manuales con aguja italianos, españoles y franceses, carísimos y fuera de mercado para la mayor parte de la población, consiguieron un resultado similar sin más ayuda que la de un ovillo de lana de sus ovejas y un palito de metal.
La Reina Victoria, vestida con crochet y realizando sus labores propias
Inspiradas también en los grandes encajes de vestidos y cuellos de la aristocracia de otros países, y en las instrucciones de la famosa dama del crochet, una franco española llamada Madame Riego que editaba sus propios manuales, las irlandesas replicaron pequeñas y grandes piezas copiando las formas florales y geométricas que en otros países se llevaban a cabo también complejos encajes de bolillos.
Las irlandesas consiguieron exportar este arte, más rápido y económico que el encaje, a las casas de moda de Londres, París y Nueva York. Ellas hicieron sobrevivir a sus familias con el crochet y con las patatas, cultivadas en casa y preparadas de mil maneras con algún huevo de las gallinas y una eventual salchicha o trozo de pollo. Comenzaron a perfeccionar su arte. Ya se sabe que la costura se trasmite en las familias, entre amigas y vecinas.
Y fue la Reina Victoria, que había siempre llevado encajes en su toca y vestidos, la que se interesó por un arte local que salvaba a parte de su imperio del hambre. No solo comenzó a llevar tocados y cuellos de crochet, poniéndolos de moda en el mundo, sino que además se aficionó a su elaboración, haciendo de este arte tan manual un hábito común entre las clases altas británicas que pronto pasó a la población europea en general.
Manual antiguo de crochet
Vestidos, tocas, cuellos, puños, ropa infantil, mantas, colchas, manteles y servilletas, todo se podía llevar a cabo en crochet. El algodón supuso una alternativa más fresca y económica, venido a menudo de la India pero hilado en Inglaterra, como ocurría con el algodón andaluz en los años 50, tejiéndose en las malolientes fábricas cercanas a Barcelona cuando su cultivo y su recogida tenía lugar en la provincia de Córdoba, entre otras de Andalucía.
Fue así como el crochet se puso de moda entre las señoras elegantes que no tenían mucho que hacer y entre aquellas más ocupadas. Poco a poco, se convirtió en un saber hacer reputado y extendido. Pero desde hace unos 30 años, la cantidad de señoras que conocen este saber hacer ha disminuido drásticamente.
Bolso de crochet Stradivarius
La incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa hizo imposible seguir con estos menesteres. Y ahora es solo un grupo de señoras cultivadas y/o tradicionales el que ha seguido con una artesanía que requiere atención y conocimiento.
Desde hace unos 5 años, el crochet ha vuelto a la carga y ha pasado de ser un arte limitado a los vestiditos de niña y las braguitas de bebé, a invadir el mundo de los cinturones, los bolsos, los bikinis, los chalecos y cualquier otro tipo de prenda y accesorio.
Loewe
Lo que comenzó siendo un carísimo menester hace un lustro, se ha convertido ahora en una afición del gran público que ha reducido sus costes y variado la oferta. En Asia, como siempre, han agudizado la mente para vender en Europa y Estados Unidos piezas que replican las ideas españolas y francesas de estos años atrás. La artesanía vuelve a tener valor y a la vez, deja de ser artesanía. Una entelequia.