El restaurante Caja de Cerillas de Madrid
Caja de Cerillas, una casa de comidas de las de antes con solo ocho mesas
El restaurante de Enrique Valentí en Chamberí apuesta por recetas clásicas sin estridencias
En el número 8 de la calle Donoso Cortés en pleno barrio de Chamberí se abre paso Caja de cerillas, una casa de comidas de las de antes, la sensación de la temporada que cabalga a lomos de recetas tradicionales, de buen producto y de un exquisito trato al cliente. Un restaurante tradicional, de recetas de toda la vida fomentando una cocina casera, unos fogones culinarios que se elevan desde el cariño y el respeto por el producto. Recetas clásicas sin estridencias ni adornos innecesarios, comer fuera de casa para sentirte como en casa. Una esquina de Chamberí para un espacio coqueto de tan sólo ocho mesas, una caja de cerillas culinaria para veinticinco comensales que disfrutarán con el proyecto de Enrique Valentí.
Cocina clásica que comienza con un tapeo de altura, excelente textura de unas anchoas bañadas en aceite, considerable tamaño y exquisito gusto que acompañaremos con pan con tomate, pases ligeros y refrescantes con el aguacate y el buey de mar o más suculentos con el morrillo de atún acompañado de huevo y piparras, denominador común el respeto por la excelente materia prima. Sobresaliente la tajada de bacalao rebozado demostrando un buen arte en esta técnica culinaria, homenaje a Casa Labra, destacando por su finura, en un bocado que se deshace en la boca y se baña en una mayonesa de piparra que ensalza la tempura de éste bacalao. Ideal para rebañar con una hogaza de pan de Alma Nomad Bakery. Empanadillas de atún o una tortilla de cebolla caramelizada, sin patatas reivindicando la tortilla francesa de toda la vida con un toque creativo y dulcificado. Primeros envites que maridamos con un «San Cobate» «La finca» de 2020, tino de Ribera del Duero de color cereza con bordes granates, cálido en nariz con aromas a frutas maduras y notas de roble, en boca buena estructura y potencia para poner las primeras lágrimas en nuestra copa.
Tajada de bacalao de Caja de Cerillas
Tradición en un alma gastronómica inquieta, la de Enrique Valentí con una sólida formación en templos como Lúculo y Viridiana, creador de Hermanos Vinagre que ahora nos brinda un concepto de siempre, cocinar con maestría «lo cotidiano». Cocina a la vista del comensal en un apuesta honesta por la gastronomía. Clásicos de judías verdes con patata chafada y jamón, sabor y placer del ibérico sobre una huerta de altura, finas tiras mezcladas con patatas y culminada en elegante mayonesa, pases que revitalizan y dan calidez a los días de invierno con la oreja de excelentes matices crujientes, acompañada por patatas paja y salsa brava o uniones de lo verde y la salinidad marina con las alcachofas confitadas que se sirven con tripa de bacalao. Materia prima presentada con mimo, con un excelente trato al cliente de la mano de Carolina Rollán y Gerard Florenza. Carta de temporada que juega con la cremosidad de un ajo blanco con melocotón y sardina o con una legumbre con vinagreta en verano. Cocina sencilla en la que se cuida cada detalle, mimo por el producto revelando una filosofía en la que cada textura y aderezo son esenciales. Un restaurante para los amantes del buen comer, para disfrutar sobre una mesa.
Rabo de vaca
Arte culinario casero que nos brinda guiños a Italia con notas españolas como unos suculentos macarrones con chorizo Joselito, macarrones de campo paradigma de sabor que se sirven sobre una base de delicioso sofrito. Continuidad en esta cocina tradicional de altura con los canelones del Mestre Fermí Puig y deliciosa carne asada de elegantes texturas. Uniones armoniosas acompañadas de pan de cristal destacando por su finura como el «tártaro» de cigala con piel de pollo, sabor y elegancia culinaria y sobre todo materia prima en un acogedor comedor cuya decoración se nutre de antiguas cartas y menús de restaurantes clásicos. Espacio gastronómico en el que el chef «cocina lo que le gustaría comer en un restaurante» deleitando sin duda a los amantes del buen comer. Cocina que también cultiva la brasa con una deliciosa butifarra, con la codorniz o con el pescado de lonja, recreando el infinito arte de mimar la buena materia con suaves caricias de brasa para mantener intacta su textura y ensalzar su sabor.
Flan de Caja de Cerillas
Carta de vinos con referencias de Ribera y Rioja así como de vinos internacionales, incluyendo también espumosos, que continúa con un Alma de Contador, Rioja de altura destinado a envolvernos desde sus primeros envites, llevándonos en nariz a notas de frutas como ciruelas y moras con un toque de especias como clavo y pimienta, en boca potencia con taninos abundantes y matices ahumados y tostados para un delicado y elegante equilibrio. Excelente tinto que abre la puerta a los platos principales. Clasicismo cotidiano con el filete ruso o el rosbif como aquí se le llama al excelente solomillo que se acompaña de mostaza a la antigua en otro pase destinado a rebañar el plato. Magníficos los huevos estrellados con gambas al ajillo y destacada originalidad en la ropa vieja de bogavante. Sobre todos ellos reina con prestancia el rabo de vaca guisado con alcaparras y acompañado de una crema de puré de patatas, carne que se sirve deshuesada y representa el paradigma del placer en el gusto. Verdadero disfrute culinario en sabores que armonizan y se acompasan en una perfecta sinfonía culinaria. Arte culinario de toda la vida que culmina en un flan casero, de fina textura, probablemente el mejor de Madrid.
Un restaurante para los amantes del buen comer, con un precio en torno a 100 euros por persona, y que gracias a una cocina con mimo y basada en el producto se ha convertido en una de las aperturas más prometedoras de la temporada auténtica espiral de disfrute culinario.