01 de octubre de 2022

Vaina de cacao fresco

Vaina de cacao fresco

Gastronomía

El oro de los dioses ¡cacao!

El ingrediente que sube el ánimo, que siempre apetece y que se puede ingerir de mil formas sin perder su encanto

Dicen que se usaba como moneda. Dicen que se trituraba y después se batía a mano, que espumaba hasta la gloria y se bebía con avidez. Dicen que encandiló a las españolas, que morían por el negro chocolate, en palabras del científico jesuita José de Acosta. Leyendas y verdades, mitos, glorias y vicisitudes del cacao que nos siguen encandilando tanto como su sabor.
Repleto de antioxidantes, de magnesio, reconfortante por su contenido en cafeína, y más aún, en los muy beneficiosos aminoácidos triptófano y serotonina el Theobroma cacao, cacahuatl para los consumidores más avezados, el oro de los dioses estimula, consuela, pone, anima y espolea en las horas bajas, ilumina y sublima las altas. No podría pasar sin mi pequeña dosis diaria de habas de cacao. Si recomiendan que el chocolate sea lo más puro posible ¿por qué recurrir a la tableta? Voy directa al grano, al que soy una auténtica adicta. Ya sé cuando se han pasado de punto de torrefacción, distingo un grano pasado de otro que está en el punto exacto y perfecto, sé cómo retirar con delicadeza la molesta piel sin romper el grano y finalmente, disfruto del crujido y la explosión final del grano, en esa mágica hora que es un auténtico ritual y que espero cada día con auténtica glotonería.
Vaina de cacao fresco

Vaina de cacao fresco

El cacao fue el primer alimento americano que se aceptó y se celebró en Europa. Ni papas andinas, ni maíz ni tomate, ni siquiera los familiares pimientos. Cacao reconfortante, bebido y después en forma de pastillas aromatizadas. Seguimos muriendo por el negro chocolate en cualquiera de sus formas ¿quién se resiste a su sabor y a sus tonificantes efectos? Pruébenlo, pruébenlo después de la lectura de las noticias diarias, de oír el parte de la radio o de ver el telediario. Con toda probabilidad los disgustos tienen las mismas consecuencias, pero se sobrellevan con más dulzura, de forma que ¡al cacao, que vienen curvas!
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