17 de agosto de 2022

comer verduras

Los niños prueban entre ocho y diez veces una verdura antes de que comience a gustarlesPexels

Alimentación

¿Se ha desvelado de verdad el secreto para que los niños coman verduras?

Investigadores de la Universidad de Maastricht han concluido que ofrecer recompensas por probar vegetales aumenta su predisposición a hacerlo

«Es muy importante que los niños coman verduras desde muy pequeños», ha afirmado Britt van Belkom, investigadora del programa de Juventud, Alimentación y Salud de la Universidad de Maastricht (Holanda). Los alimentos del mundo vegetal son los que más nutrientes y vitaminas aportan e incluirlas en las dietas de sus hijos es una pelea constante para los padres.
Hasta aquí todo bien. La cosa se complica cuando el estudio que confirma, entre otros investigadores, van Belkom y que ha sido presentado en el Congreso Europeo de Obesidad 2022 (ECO2022), que existe un secreto para que los niños coman verduras.

Coronas de papel o pegatinas

A través de estudios previos, comprobaron que los niños prueban entre ocho y diez veces una verdura antes de que comience a gustarles, y comenzaron a preguntarse si una exposición constante a los vegetales hacía que comieran una mayor cantidad de estos alimentos y si incluir recompensas divertidas fomentaba una mejor predisposición a comer verde. La respuesta en ambos casos fue afirmativa.
«Al ofrecerles verduras con regularidad a los niños, aumentó significativamente su habilidad para reconocer varias de ellas. Pero, además, recompensarles por probarlas también parece incrementar su disposición a probar otras diferentes», explicó van Belkom. El premio, ahondó la investigadora, no puede ser de cualquier tipo: «Debe ser divertido, pero no comida». A los niños que participaron en el estudio se les recompensaba con coronas de papel o pegatinas a cambio de probar distintas comidas.

¿Y cuándo no haya premio?

No obstante, psicólogos, orientadores y educadores llevan años advirtiendo sobre las consecuencias de educar mediante recompensas y castigos, ya que lejos que repetir las buenas conductas porque son positivas en sí mismas, los niños lo harán para obtener un premio de nuevo. La medalla que mejor funciona con los niños, y que de verdad les ayudará a instaurar buenos hábitos, no solamente en alimentación, son los elogios, el «¡cada vez lo haces mejor!» o «Estamos orgullosos de ti».
Cuando no haya premio, ¿cuál será la motivación que le lleve a comer verduras? Quizá pueda funcionar como estrategia en un momento desesperado, a corto plazo, pero con vistas a futuro, ¿existe realmente un secreto para que los niños quieran comer verduras?

Poner buena cara

Otro estudio reciente, publicado a principios de este año en la revista Appetite, sugiere una estrategia efectiva para lograr que los más pequeños coman vegetales. Simplemente, consiste en que los padres pongan una mejor cara cuando en el menú de casa toquen alimentos de la tierra, ya sean hortalizas, verduras o haya fruta de postre.
Las expresiones faciales positivas en adultos mientras comen alimentos que para los niños resultan desagradables aumenta en ellos el deseo de probarlos. Los investigadores, encabezados por Katie L. Edwards, proyectaron a cada uno de los 111 niños que formaron parte del estudio un vídeo de un desconocido comiendo brócoli crudo. La única diferencia era el gesto de su rostro: mientras unos sonreían, otros mantenían una mueca neutra. A otro grupo de niños se le mostró un vídeo de control en el que no aparecían alimentos.
Es así como Edwards y su equipo concluyeron que aquellos niños que estuvieron expuestos a los modelos que tomaban el vegetal con rostro positivo probaron y comieron el doble que los que no lo estuvieron. Es el disfrute de la comida que transmitían sus expresiones lo que, según los autores, dio a los niños «información sobre la seguridad y la palatabilidad de los alimentos».
Lejos de convertirse este en un nuevo secreto para que los niños comiencen a comer verduras con gusto y teniendo en cuenta que, igual que no sirven los premios, obligar tampoco; se alza de nuevo como prueba de que el ejemplo de sus adultos de referencia, en los que depositan su total confianza, funciona mejor que cualquier truco para que los niños empiecen a portarse bien, a compartir o a comer verduras.
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