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Erin Doherty y Owen Cooper, en una escena de la serie 'Adolescencia'Netflix

Relaciones padres e hijos

El secreto que revela un experto de Oxford para evitar el peligro que refleja 'Adolescencia'

La serie de Netflix ha despertado la alarma en muchas familias, tras constatar que no conocen la vida de sus hijos: un estudio da una clave inesperada para evitarlo

De Euphoria a Física y Química, pasando por Sex Education, Skam o Élite, la mayor parte de las series sobre adolescentes que han tenido mayor éxito en los últimos años no busca tanto reflejar la realidad de los jóvenes como inducir sus comportamientos con fines no siempre confesables. Sin embargo, el caso de Adolescencia, la serie de moda en Netflix, parece diferente. Entre otras cosas, porque parte de un suceso real que, por desgracia, no es tan infrecuente como debería: el del acoso escolar más agresivo. Y de ahí que haya generado tanta atención y preocupación por parte de las familias.

Más allá de la trama escabrosa que versa sobre asesinatos y violencia extrema, son muchos los padres que han constatado cómo en su propio hogar late el mismo problema de fondo que retrata la serie: el modo de vida que llevan en familia les impide estar al tanto de la vida real de sus hijos, que acontece no sólo en el colegio o instituto, sino también en las redes sociales y en los grupos de Whatsapp.

Cómo evitar vivir como en 'Adolescencia'

La pregunta que muchos padres se han planteado a raíz de la serie es: ¿Cómo podemos evitar que nuestro hijo sea para nosotros un completo desconocido, o que la nuestra se convierta, con el tiempo, en una familia disfuncional? Una incógnita cuya respuesta puede encontrarse en un informe de la Universidad de Oxford.

«Lo que mantiene a las familias unidas no es sólo el amor, sino el tiempo compartido con un propósito común», afirma el prestigioso psicólogo Robin Dunbar, investigador de la célebre Universidad británica, en un estudio que explora el impacto de las actividades conjuntas en la cohesión familiar.

Tras analizar las rutinas de grupos a los que les gustaba cantar juntos, su equipo descubrió que las familias que dedican tiempo no sólo a estar juntas, sino a practicar aficiones compartidas –desde cocinar hasta hacer senderismo, practicar un deporte o tocar un instrumento– desarrollan un mayor sentido de pertenencia, incrementan su conexión emocional y refuerzan su comunicación y confianza mutuas.

Vivir juntos es más que cohabitar

El estudio, publicado en la revista Adaptive Human Behavior and Physiology, demostró que el nivel de «satisfacción familiar» aumenta de forma significativa cuando padres e hijos «realizan actividades conjuntas con regularidad», y no sólo «cohabitan bajo el mismo techo». Dicho de otro modo, las familias que realmente viven como familia son mucho más sanas, fuertes y felices que aquellas cuyos miembros sólo conviven juntos.

Tanto para los menores como para los adultos, «la clave no es sólo la cantidad de tiempo compartido (que es muy importante) sino también la calidad y, sobre todo, el disfrute compartido», en palabras de Dunbar.

Consejos prácticos para familias

El estudio se suma a otras investigaciones, como las del Child Development Institute, que demuestran cómo las familias que cultivan aficiones comunes resuelven conflictos con más eficacia y mantienen lazos más sólidos a lo largo del tiempo, tanto para el matrimonio como con los hijos en edad adolescente. Además, da una serie de consejos prácticos para familias:

• Detectar intereses comunes: No hace falta que todos compartan la misma pasión, pero sí encontrar alguna actividad que todos disfruten: juegos de mesa, excursiones, deporte, lectura, cocina en familia...

• Reserva tiempo fijo: Para evitar que quede en pequeñas experiencias esporádicas, conviene reservar –con flexibilidad– un momento concreto a la semana: el sábado por la tarde, un desayuno dominical...

• Evitar que sea una obligación: Las aficiones compartidas deben disfrutarse sin presión. El objetivo es crear recuerdos positivos, no cumplir tareas.

Como concluye el propio Dunbar, «las relaciones fuertes no se improvisan; se construyen a base de experiencias compartidas». También, y sobre todo, en la familia.