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Un niño juega en el parque junto a su madre

Un niño juega en el parque junto a su madreEP

Así pueden saber los padres en paro si su estrés por no tener trabajo está perjudicando a sus hijos

Los expertos señalan cuáles son las señales de alerta para detectar si la angustia de los adultos por el desempleo está afectando ya a la salud física o emocional de su familia

Los efectos económicos, sociales, personales e incluso psicológicos que entraña el desempleo son la rutina habitual para un número cada vez mayor de familias en España. Así se desprende de los datos publicados en la última Encuesta de Población Activa, que confirma cómo en el primer trimestre de 2025 se han incrementado el número de hogares con todos sus miembros en paro, y también el de aquellas familias en las que sólo trabaja una única persona.

En concreto, después de los tres primeros meses del año ya hay más de 882.900 «núcleos de convivencia» en los que ninguno de sus miembros en capacidad de trabajar logra encontrar empleo. Una cifra que supone casi 50.000 hogares más que en el trimestre anterior.

Las historias tras las cifras

Tras la frialdad de las cifras están los rostros y las historias concretas de tantos padres y madres de familia que no logran encontrar un medio de subsistencia para sostener su vida y la de los suyos. Una situación «dramática y de muchísimo estrés, que afecta a todas las esferas de la vida de la familia –explica para El Debate la psicóloga Isabel Aranda, miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid– empezando por los padres y terminando por los hijos».

Aranda recuerda que «lo que vivimos en nuestro contexto personal, sobre todo en el contexto familiar, es esencial para nuestra salud, porque influye directamente en aspectos como los niveles de estrés o las respuestas de nuestro sistema inmunológico».

Así, situaciones como la del desempleo de los padres «afecta a todos, incluso a los niños más pequeños, aunque a cada uno les pase factura de forma diferente».

Los efectos de la inseguridad

Esta doctora en Psicología explica que «cuando no encuentras trabajo y tienes hijos, pasas por una situación de estrés extremo. Porque si no tienes trabajo, no tienes dinero para vivir, y esa presión puede conducirte a relaciones conflictivas entre los propios esposos, con los suegros... Y los hijos pequeños suelen ser los peor parados».

Como desgrana Aranda, «a través del lenguaje, de la comunicación no verbal y de sus conductas, los adultos manifestamos nuestros sentimientos». Y, por tanto, «cuando en una familia reina la inquietud, acaba viviendo en un ambiente de estrés y angustia ante el futuro, que genera en los niños una sensación de inseguridad y falta de confianza que hoy sabemos afectan directamente al desarrollo de su personalidad y a su salud mental y física».

Señales de alerta en los niños

La falta de empleo hace que los efectos en los niños pasen muchas veces desapercibidos, porque «los padres en lo último que están pensando, lamentablemente, es en darse cuenta de las reacciones que tienen sus hijos», apunta Aranda. Sin embargo, este mismo estrés genera una serie de señales de alerta que los adultos pueden detectar para darse cuenta de que el pequeño empieza a padecer los efectos de la angustia que sienten sus padres.

El más evidente es el descontrol emocional. «A casi todos los menores les pasa, y suele manifestarse en cambios de comportamiento, aunque depende mucho de la edad», constata Aranda. Así, «cuanto más pequeño, la reacción es más espontánea: más y nuevos berrinches, reacciones descontroladas... A veces es el colegio el que detecta que el niño no regula bien las emociones, que ya no confía en sí mismo, que no sabe cómo actuar, que está más agresivo…»

Efectos físicos evidentes

Conforme van siendo mayores, esa reacción descontrolada se matiza más, aunque tienen otro tipo de efectos físicos: «Ahí pueden aparecer pesadillas, dificultades para dormir, enuresis (volver a hacerse pis cuando ya se controlaba), miedos nuevos, etc.», remarca la doctora.

Según la experta, estos sentimientos descontrolados pueden dar lugar a reacciones físicas somáticas, que alteran su sistema inmune a causa del estrés y son también una voz de alarma para las familias: gastroenteritis frecuentes, alteraciones en la relación con la comida, dolores de cabeza, sarpullidos, constipados continuos...

Adoptar un rol activo

Para evitar que el desempleo distraiga a los padres de sus principal labor como cuidadores de su familia, Aranda recuerda que «el rol de padres tiene que ser siempre activo: aunque no tengan trabajo, tienen la labor de transmitir seguridad y confianza a sus hijos, afrontar las cosas incluso aunque sean malas, y buscar ayuda si hace falta».

«Cuando estás preocupadísimo porque no llegas a final de mes, no transmites tranquilidad porque ni tú mismo la tienes», afirma la psicóloga.

Sin embargo, «es muy importante asumir la situación como un reto, y explicar a los niños, con frases sencillas pero llenas de confianza, que, aunque la vida de la familia tenga que cambiar, o aunque no podamos ir de vacaciones a tal sitio o comprar otro par de zapatillas, vamos a estar bien, vamos a seguir queriéndonos y cuidándonos, y papá o mamá van a aprovechar este tiempo para formarse en cosas nuevas que les ayuden a encontrar un trabajo mejor», aconseja

Porque, remata, «los niños pueden adaptarse a vivir con menos dinero o en una situación material diferente, pero que lo hagan de forma saludable o con una gran herida emocional va a depender de que los padres les muestren confianza, cariño y relajación, o que se dejen arrastrar por la angustia y no pidan ayuda».

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